viernes, 24 de noviembre de 2017

Llamémoslo el coste del aprendizaje

En la vida, yo voy y vuelvo. Porque siempre estoy buscando nuevos sitios a los que irme pero siempre, siempre, siempre, llevo billete de vuelta. 

Menos esta vez, en la que el billete no lo tenía, por mucho que yo pensara que sí. Al final acabé volviendo igualmente, aunque con la cartera algo más ligera y las ganas más bien justitas de volver a dormir en un aeropuerto. Llamémoslo el coste del aprendizaje. Pongámosle de apellido "somos tontos pero nos hicimos muy amigos". Al fin y al cabo también de eso se trataba este viaje, ¿no? De abrir fronteras y de mirar de puertas para afuera (pero por favor, lo pido de rodillas... Que no sea la 74), que para adentro ya estamos muy vistos. Aunque en realidad... ¿nos miramos bien de puertas para adentro? ¿O más bien nos queda aún un largo camino de complejos que dejar atrás? Pero bueno, a lo que íbamos, hablábamos de que se trataba de adentrarse en otro mundo y en este, nosotros entramos por la puerta grande.

Para los que no os hayáis enterado de la historia, os la resumo brevemente: Perdimos un avión, la dignidad y los billetes (en ambos sentidos), tuvimos que dormir en Barajas y tras muchas horas juntos y el nivel de confianza aumentando, iniciamos una semana en Nantes de lo más entretenida. Algún ligero percance más pero ya lo típico; pinchazo, flashazo, buses en sentido contrario... En fin, algo más convencional digamos. En cualquier caso, pasamos una gran semana y volvimos sanos y salvos, con una aventura más que contar y otra historia que añadir al repertorio.

En definitiva, nuevas experiencias, cultura y gente que uno se lleva consigo, como todo lo que vivimos. Buenos consejos e intercambio de experiencias, y una mochila cargada de nuevos amigos que me traje de vuelta a Zaragoza. Retos y soluciones a los problemas, risas y toda la filosofía que nos hizo falta (que, creedme, fue mucha) para superar cada desafío que aquella semana nos aguardaba. No salió como estaba planeado, no nos vamos a engañar tampoco, pero como no hay mal que por bien no venga, aprendimos de la experiencia y seguimos caminando juntos. Hay una frase que le gusta mucho a mi hermana y dice así: "Subraya el error y sigue escribiendo". Lección aprendida: no volveremos a perder un avión. Ni volveremos a viajar con Antunez, que es una mala idea. Y después, a seguir escribiendo.

Porque seguiremos, seguiremos en viajes y en aventuras, en retos y en anécdotas y sobre todo, seguiremos buscando y recibiendo con los brazos abiertos tantas y tantas experiencias que aún nos quedan por vivir. Seguiremos comiéndonos los kilómetros, sobrevolándolos (o a lo mejor sobrellevándolos). Seguiremos hablando sobre ellas, contándolas o guardándonoslas, y lo haremos con una sonrisa. Y que venga lo que tenga que venir.

La vida es un constante aprendizaje y esto... No ha hecho más que empezar.

Quiero dejaros hoy con una parte de un texto que publiqué hace unas semanas y que algunos puede que hayáis leído ya, pero me viene como anillo al dedo para esta ocasión. Y dice así...

"Siempre buscando nuevas excusas para seguir cogiendo buses, trenes y aviones, navegando en kilómetros y viviendo nuevos viajes que guardar por mucho tiempo aquí, en el pecho izquierdo. Nuevas aventuras y lugares, nueva gente y otros tantos viejos conocidos.

En seguir avanzando y moviéndose, y yendo y volviendo, y fluyendo. En eso, supongo, consiste la vida. O al menos así intento yo vivirla.

Vida. Pequeña traviesa que a veces tengo la sensación de que quiere escaparse, es más, que se escapa, y yo que ando como loca detrás de ella. Muchas horas en el camino y otras muchas en el destino, que el ritmo no pare, que no pare la fiesta, que la vida no se detenga y que, como loca, siga entendiendo su no parar, su ritmo, su andar. Y seguir acompañándola en el camino."

viernes, 10 de noviembre de 2017

Tú contigo misma.

Cuando eres pequeño, piensas que tus padres siempre te enseñarán el camino. Te dirán qué debes hacer y qué no, qué está bien y qué mal. No es que pienses, sino que asumes que siempre te solucionarán la vida. Y sí, es cierto que te sacarán de muchas situaciones, pero al final, tú serás tú y ya está. 

Tu propia sombra y tu única brújula y norte. Tú contigo misma. Solo tú andando tus propios pasos y recorriendo tu propio camino. Solo tú persiguiendo sueños y cumpliendo objetivos. Serás tú quien tome cada decisión y diga la última palabra. Quien escriba su propia historia, a fin de cuentas. Caminarás solo. Serás dueño y señor de tus pasos. Vivirás. Tú. Solo. 

Aunque para eso, te lo advierto, harás bien en buscarte buenos compañeros de viaje. Aquellos que te vayan a apoyar en cada decisión y te vayan a tender la mano tras cada caída. Búscate a quien haga que la vida parezca más fácil, más divertida, menos complicada.  Rodéate de aquellos que te den los mejores consejos pero sobre todo que, hagas lo que hagas, vayan a estar contigo. Los que siempre pondrían la mano en el fuego por ti, aún sabiendo que pueden quemarse, y nunca dejarían de apostar por ti. Porque de verdad, hacen la vida mucho más fácil y los días mucho menos grises.  Pero sé consciente de que al final, después de todos los consejos y apoyos, el último paso siempre lo darás tu. Siempre serás quien deba tirarse al abismo, saltar, o decidir quedarse en tierra. Quien diga "x" o "y", quien elija noche o día y quien decida qué sí y qué no. Serás tú tu más fiel compañero de viaje y de aventuras, estés donde estés y vayas donde vayas. Hagas lo que hagas con tu vida. Aunque a veces dé miedo, aunque a veces asuste, vivirás tú. Y si te vas, te irás tú. Disfrutarás tú. Sentirás tú. Llorarás tú. Sufrirás tú. Y reirás tú. Y serás tú.

Qué solos estamos en esta vida de compañías, y qué acompañados estamos en esta vida de soledad. Qué llenos y qué vacíos. Qué de más y de menos. Y lo bonito que es saber rodearte de buena gente. Necesario saber estar solo también. Qué complicado, a su vez. No siempre es fácil elegir un camino. No todas las situaciones son claras ni fáciles de ver, y la decisión dependerá también de la experiencia y de la forma de ser y ver que tiene cada uno. Por eso, serás tú, tras escuchar tan diversas opiniones, quien tenga que dar el paso hacia uno de los lados de la balanza. Aunque no siempre lo veas claro. Porque directamente no siempre será claro. A veces no hay una respuesta correcta. Solo respuestas. Tantas y tan diversas, tan acertadas como incorrectas.

Y al final de todas ellas, tú contigo misma, alrededor de ti, sobre ti, hacia ti y... En ti. Estás aquí para vivir esto y para comerte este mundo. De la forma que sea. De la forma que TÚ decidas. Así que... Ya estás tardando.


"De vez en cuando hay que hacer una pausa

contemplarse a sí mismo

sin la fruición cotidiana

examinar el pasado

rubro por rubro

etapa por etapa

baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras

sino cantarse las verdades"


Mario Benedetti


Fotografía: Eugenia Laurenzana

domingo, 5 de noviembre de 2017

Keep the past, live the present.

Amanecimos una mañana de julio en Praga y, tras unas cuantas vueltas por el mapa, al fin, conseguimos llegar al muro de Lennon, donde era evidente que no éramos las únicas en busca de la obligada foto en esta ciudad. Un guitarrista se dejaba la voz acompañando a las tantas y tantas frases y dibujos que adornaban y daban color al muro. Las había de todo tipo, más grandes y más pequeñas, incluso unas encima de otras, cada una de un color, de una forma y... Con su propio significado. Y me encantaron muchas de ellas pero, sin duda, hubo una en concreto que, zaaasss, me dio especialmente.

"Keep the past, live the present."

Supongo que, porque llevo mucho tiempo pensando así y es posible que incluso alguna vez lo hayáis leído por estas páginas. Sobre esa absurda manía de olvidar el pasado. ¿Por qué íbamos a querer hacerlo? Somos nuestro pasado y, como parte de nosotros que ya es, deberíamos guardarlo. Aunque... Lo que debemos vivir es el presente. El pasado como compañero de viaje de un presente en el que caminamos hacia un futuro. Un futuro que en realidad acabará siendo presente. Y pasado. Y por eso esta frase. Somos la mezcla de todo lo que vivimos, lo bueno y lo malo, de cada viaje que hacemos, de cada persona que conocemos, aún más de aquellas que nos marcan. Somos cada error que hemos cometido, y cada acierto. Cada vez que hicimos daño, y cada vez que nos lo hicieron. O ambas dos a la vez... Cada vez que nos hicimos daño a nosotros mismos.

Somos nuestras pasiones, ese brillo en los ojos al hablar sobre ellas. También nuestros miedos, las inseguridades, los días en los que perdimos la ilusión y aquellos en los que volvimos a recuperarla.

Somos un cambio de aires a veces, dejarlo todo atrás, tenerlo todo por delante. Y a los de siempre. Y a los nuevos que acabarán siendo también imprescindibles.

Somos un salto sin paracaidas, un puenting sin cuerda, una confesión a micrófono abierto. Somos una locura tras otra que nos llevaron a quién sabe qué de quién sabe dónde por quién sabe cómo. Y por eso somos pasado. Porque todo pasado nos llevó a un presente que es sobre el que caminamos. Porque todo pasado nos enseñó y nos guió, y porque sin él no seríamos. No seríamos lo que somos.

Lo bueno y lo malo, todo viene del mismo punto de partida que nos acompañará, concretamente, hasta el final de la partida. Y tendremos que aprender a jugar con ello. Y tendremos que entender cómo vivir con ello. Y a veces lo odiaremos, y hay días en los que querremos olvidarlo. Pero, de verdad, personalmente creo que no hay nada más duro que olvidar de dónde venimos. Olvidar nuestras experiencias, perder la noción de cómo nos hemos ido haciendo nosotros mismos.

Saber de dónde venimos para poder entender a dónde vamos. O entender de dónde venimos para saber a dónde vamos. Quién sabe.

En cualquier caso, llevar siempre nuestras raíces, nuestra historia y nuestras experiencias con nosotros mismos. Las buenas. Y las malas. Y, sin quedar anclados a ellas, seguir navegando en este mar. De domingo.

"Keep the past. Live the present."

Vamos a darle leña a este 2018. Por ti. Por nosotros.


Hay días en los que la vida te la juega. Juega contigo, engañándote, hasta que zas, te destroza. Terminamos 2017 y empezamos 2018 de una forma bastante más agria de la que esperábamos. Bastante más agria de la que este blog estaba esperando recibir. Y ya nada cuadraba con esta entrada la semana pasada. No tenía sentido. No había ganas.

Sin embargo, quería plasmar mi suerte aquí. Estaba ya preparado, esperando a que llegara el fin de año para publicarlo y la vida se me adelantó. Se me acabaron las ganas, pero no se me acabó la suerte. Por seguir manteniéndoos aquí a mi lado, y que me hagáis volar, desde donde sea, sea la tierra, el cielo o... Sencillamente el corazón.

Y así venía a hablaros yo la semana pasada:

"Nocheviaje. La noche más vieja del año. El viaje más largo de todo el año. Un recuento, una vuelta atrás tan suave como rápida en pocos minutos de los últimos 365. Un flash de momentos recopilados de un 2017 con, una vez más, un poco de de todo. Un reencuentro lleno de recuerdos, con las 12 de medianoche, con el racimo de cada año.

Nos vamos a los errores, nos paramos a sonreír en los buenos momentos y volvemos sobre el cariño de quiénes nos quieren, para poner de nuevo los pies en la tierra. Y acto seguido, elevarlos hasta el cielo de una noche que nos introduce en un 2018, que mucho promete y a saber qué nos traerá al final. Una lista de objetivos y promesas que jamás nadie cumplirá. Pero qué más da, mientras sea lo que hace a uno feliz. Que la única excusa sea la de la nueva oportunidad que pasa cada día por delante.

Un puñado de deseos en una mano y el corazón bajo la otra, un vistazo rápido todo lo detenidamente posible a mi gran suerte. A mis grandes suertes. Y el único deseo que yo voy a soplar este año: que pronto todo vuelva al cauce en el que empezamos 2017. Que este año no toca empezarlo igual, pero pronto volverá todo a su sitio. Que ya queda poco. Que pronto estaremos todos en casa.

Lo que quiero no es una gran pila de regalos debajo del árbol, sino una familia como esta delante de él. Empezar de nuevo la cuenta atrás de las 12 junto a vosotros y saber que, un año más, estaréis aquí para apoyarme y animarme venga lo que venga, como yo lo estaré para vosotros. No se trata de los obstáculos del camino, sino de tener quien los haga volar por los aires. O, al menos, te haga a ti volar sobre sus aires.

Estrenamos nuevo año, pero seguimos con las mismas ilusiones.

A veces la vida no nos trae lo que le pedimos, pero a mí me ha dado ya todo lo que necesito.

Feliz 2018 a todos. URTE BERRI ON!"


Y después de esto, en realidad no todo salió bien. No todos volvimos a casa. No todo fue un 31 copa en mano ni los ojos llenos de ilusión. La vida no nos tenía preparado eso para este empezar de calendario, y ya no es que no nos trajera lo que pedimos, sino que nos quitó a quien no queríamos darle. Sin embargo, ella no podrá evitar que te quedes aquí, entre nosotros. Por siempre, aquí dentro, muy dentro.

Vamos a darle leña a este 2018. Por ti. Por todos nosotros.

domingo, 15 de octubre de 2017

Sé que me repito, pero repetiría junto a vosotras una y mil veces más.

Hay personas que son hogar y lugares que son persona. Y hogar. Se trata de aquellos con los que nos sentimos arropados, aquellos que van mucho más allá de querer y llegan al apoyo incondicional; estar a nuestro lado, pase lo que pase y sea donde sea. Muchas ciudades podrían haber sido el escenario para este reencuentro y, sin embargo, le ha tocado a Oporto. Ciudad de rincones por descubrir, de callejeo, de encanto, de pasear y patear y, por supuesto, de disfrutar. Aunque, tratándose de ellas y su compañía, no había lugar para la duda.

Kilómetros para aquí y para allí, unas cuantas horas sobre ruedas y la ilusión, la emoción y el recuerdo de unos días precisamente para no olvidar. Y es que en realidad no se trata de los kilómetros, sino de los motivos para recorrerlos. De las risas y las lágrimas en ellos. De que la distancia, aunque siempre sea distancia y siempre duela, duele menos con quién convierte cualquier lugar en hogar. 

Oporto es una ciudad dividida por un río y compartida por el mar. Es una ciudad de agua, salgamos hacia donde salgamos. Agua que, como ya he contado alguna vez, es capaz de sortear todos los obstáculos en busca de su propio camino. Por eso mismo, nadie se ha atrevido a hacerle frente a ese agua. Siempre nos ganará, juguemos como juguemos, y esa es la razón por la que a Oporto la comunica un puente. Yo sé de alguien que es todo agua por dentro y es y será capaz de sortear cada obstáculo del camino. Pero quiero que sepa que, incluso si alguno de ellos la bloqueara, si alguno la sobrepasara, siempre habrá un puente hacia un nuevo camino, sea cual sea y donde sea.

Oporto es una ciudad de letras también, aunque no siempre estén abiertas, del encanto de cada casa por ser tan única y diferente a todas las demás y, sin embargo, bailar en perfecta armonía toda ella. Es baile, es luz, es música, es un puñado de sueños ante un río chispeante un atardecer de otoño. 

A fin de cuentas, Oporto es muy bonita, pero más bonito es aún la compañía con la que poder recorrer cada una de sus baldosas. Y me repite, o sea, quiero decir que me repito, pero teníamos un motivo por el que visitarla y ahora, tras conocerla, solo hemos sumado un motivo más a la lista que se resume en querer seguir descubriendo cada rincón que nos ofrezca. Con quién... No lo voy a volver a repetir, pero repetiría junto a vosotras una y mil veces más.

Porque de verdad, una vez más os digo que, a veces, no se trata de los kilómetros. 

domingo, 17 de septiembre de 2017

Vuelta y vuelta y al plato.

Alguien a quien quiero mucho me dijo hace un tiempo que me quería ver en mi faceta "enfadada". Leer sobre lo que me molesta, que sacara todo lo que me duele sobre el papel.

Y ahora se va.

Pues bien, eso me jode, me molesta, me duele, vuelta y vuelta y al plato. Y me lo como. Y me lo trago. Y las lágrimas no también. Y qué. Pues no hay más.

Y sí, se va. Aunque se quede, aquí dentro. Deja esta aventura que empezamos juntos, cuelga las botas y para casa. Pierdo a mi fiel cómplice para naufragar en ciencias. Mis letras en forma de lealtad, de amistad, de saber con quién contar. Por suerte, me quedo con un amigo, de verdad, de esos que van con  la sinceridad por bandera y la verdad por delante. De los que están, aunque ahora sea lejos.

No me acuerdo del principio y tampoco me acuerdo del final. Porque no lo va a tener. Tampoco ha habido despedida. Yo siempre las busco porque siempre le acabo permitiendo autolesionarse a mi pobre corazón, pero quizá a veces sea mejor así. Más excusas para un nuevo reencuentro, que estoy segura de que esperaré y será, si no quiere que le arranque uno a uno todos los rizos que le quedan.

Domingo triste. Mañana empieza el curso y no es eso lo que pinta este domingo de gris, sino el hecho de que precisamente mmañana vaya a haber un reencuentro menos. Aunque en algún momento tendrá lugar. Y mientras tanto, yo seguiré pintando mi vida con letras y olvidándome las letras en tinta. Él seguirá con lo suyo también, con su peculiaridad, con cada chispa que lo hace tan especial y tan a su manera. No es el típico y lo sabe, como lo sabe también todo el que lo conoce. Tampoco me hace falta; porque en él he descubierto ese tipo de amistades que ni se buscan ni se esperan, tampoco se describen fácilmente​, pero una vez se encuentran, saben, se sienten.

Total, que se ha ido. Vuelta y vuelta y me enfado. Ah no, al plato. Aunque el resultado final sea igualmente que me como el enfado. Y ya de paso le deseo, de todo corazón, que le vaya bien, le pido que se cuide mucho y le hago prometer que nos veremos.

Y vuelta a empezar, un nuevo año más. Vuelta y vuelta.

Te quiero.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Aquel lugar donde

Ayer Raúl y Adela comenzaron un nuevo viaje. O simplemente siguieron con él, sumando pasos en su camino juntos. Nosotros estuvimos allí para celebrarlo con ellos y guardar una infinidad de buenos recuerdos. Os dejo con el textillo que tenía preparado para ellos. Os queremos. ZORIONAK.

"La vida es un viaje. Un viaje de viajes. Un viaje de relaciones y de gente, en el que a veces uno tiene la suerte de encontrar a su más fiel compañero. De viaje, por supuesto. La vida es llorar y reír, disfrutar y luchar, caer y levantarse. La vida es una aventura, un reto, un juego, una oportunidad. O una serie de todas ellas. La vida es muchas cosas y, lo más bonito de ella, es ese alguien con quien compartirla, en todas sus facetas y días, en subidas y bajadas. Tener quien se quede para endulzar un poquito los días grises y esté allí para compartir también los más alegres. Alguien que te quiera a morir y a matar, a reír y a llorar, a verlas venir y hacerlas pasar. Alguien que te quiera a corazón abierto, ante cualquier situación y bajo cualquier circunstancia. Que esté dispuesto a sacarte de las arenas más movedizas y no dude en enfrentarse incluso a la jauría de lobos más hambrienta. Pero sobre todo alguien que, si no consigue sacarte, se quede contigo, a tu lado, incluso si esto le cuesta ser arrastrado hacia un agujero​ negro.

Al fin y al cabo, la vida es un rumbo. O a lo mejor una seguida de ellos. Nunca es tarde, ni pronto, para cambiar de rumbo. Seguir dándole a la vida otro camino, otra ruta, otro itinerario. Porque resulta que la vida consiste también en replanteársela y atreverse a seguirle el ritmo. Cerrar los ojos y dejarse arrastrar por el corazón, sea donde sea que este nos lleve, incluso si esto supone poner el mundo patas arriba y la vida cabeza abajo.

Al final uno aprende que hogar no es una palabra para hablar de un simple lugar. Es “aquel lugar donde”. Aquel lugar donde está el cariño. Aquel lugar donde uno no solo está sino que es. Porque a lo mejor "hogar" es menos lugar y más gente. Los nuestros y todo su amor. Para los que me conocéis un poquito más, os advierto que no volveréis a escuchar esto muchas más veces hablando de casas, pero la realidad es que “hogar” no lo convierte más que el cariño y el sentimiento. El apoyo y los cuidados. Dicen que no importa tanto el “dónde” sino el “con quién”. Y, no me hace falta más que abrir los ojos y mirarlos a los cuatro, para saber que también Zaragoza puede ser hogar.

Hemos ampliado la familia. Hemos ampliado el círculo a quien dar amor, pero sobre todo hemos ampliado el círculo de quien recibirlo. Porque que levante la mano quien pueda decir que no muere con un abrazo de estos peques, por ejemplo. Que levante la mano quien no disfrute de la compañía de todos ellos. ¿Nadie? Bueno, pues tengo que confesaros que menos mal, porque no estaba preparada para una respuesta contraria. No, para ser sinceros tampoco habría importado eh, un escritor siempre tiene recursos para todo. O a lo mejor no, y resulta que la verdad es que en realidad sabía que no necesitaría un plan B con esta pregunta.

En cualquier caso, creo que ninguno olvidaremos el día que nos lo contaron. Nos seguiremos riendo de la imagen de Zuriñe con una hija empapada en la fuente y yo temblaré cada vez que Raúl me vuelva a decir que me invita a comer. Pero sobre todo, creo que ninguno olvidaremos la sonrisa que llevan en la cara cuando se miran el uno al otro. Yo no tendré ni idea del amor, pero me basta con ver a los míos felices, sea donde sea y con quien sea que les dibuje esa sonrisa. Y por eso, por encima de las sorpresas y las circunstancias, por encima de los cambios y los kilómetros, estamos aquí hoy juntos para brindar y celebrar.

Por este día, por ellos, por esa familia tan bonita que forman y por seguir juntándonos para celebrar muchas cosas buenas más."

viernes, 8 de septiembre de 2017

Felices 20 corazón, porque el mío, es todo tuyo.

La vida es un viaje. Un viaje de viajes. Un viaje de relaciones y de gente, en el que a veces uno tiene la suerte de encontrar a su más fiel compañero. De viaje, claro. La vida es llorar y reír, disfrutar y luchar, caer y levantarse. La vida es echar de menos, llorar en kilómetros y morir en abrazos de vuelta. Qué ironía, vivir a distancia para morir en un abrazo. La vida es muchas cosas y, lo más bonito de ella, es ese alguien con quien compartirla, en todas sus facetas y días, en subidas y bajadas.

“La distancia es solo para valientes”. Y es que junto a ti encuentro esa valentía para vivir a corazón abierto. Gracias por acompañarme en cada aventura y en cada decisión. En las buenas, pero también en las malas. Por echarme la bronca cuando me lo merezco pero ante todo, nunca nunca nunca dejar de apoyarme. Por confiar incluso con los ojos vendados, porque cuando uno quiere, no le hace falta ver. Sentir es suficiente.

Te quiero a moriry a matar, a reír y a llorar, a verlas venir y hacerlas pasar. Te quiero ante cualquier situación, bajo cualquier circunstancia, con todo el corazón que tengo y el que me queda. Te quiero contra viento y marea, de verdad, desde lo más profundo de este pequeño que me acompaña desde la izquierda y me va arrastrando por la vida. Te quiero en tus días más grises y también en los más alegres, en tus carcajadas y lágrimas. No solo en las tuyas, también en las mías, porque siempre estás en ellas. Y es que te quiero aquí, a mi lado, el resto de días que me quedan. Siempre acudiría en tu rescate si lo necesitaras. Te sacaría de entre las arenas más movedizas y la jauría de lobos más hambrienta. Y si no pudiera hacerlo, me quedaría contigo en cualquier caso, incluso aunque nos dirigiéramos hacia el agujero más negro de todos, visto desde un observatorio en el cielo de Praga. Y es que contigo, me iría de nuevo hasta Praga o hasta donde hiciera falta. Porque de tu mano no me falta fuerza para enfrentarme a nada, por muy difícil que parezca. Según algunos, exageraré, supongo, pero eso solo lo dicen sin conocer sobre qué hablo. Porque solo se puede entender una amistad como esta cuando uno se encuentra tras ella, durante los días más duros y mediante todo el sentimiento y corazón que hemos puesto en ella. Yo también pondría la mano en el fuego todas las veces que hiciera falta. Y sé, a ojos cerrados y corazón abierto, que no me quemaría jamás.

Y en definitiva, espero que te hayas dado cuenta ya de que te quiero con preposiciones y sin excusas, en cada copo de una noche de diciembre y en el caer de unas hojas que pronto comenzará con la inminente llegada del próximo otoño. Sin pretextos porque no los necesito, pero con todas las razones del mundo.

Me has regalado los años más bonitos que una amistad puede conocer, y eso, de verdad, es algo que no voy a olvidar nunca. Solo te pido, por favor, que sigas cumpliendo años con la misma alegría y sonrisa, con la misma fuerza, con las mismas ganas. Con la misma sinceridad y fidelidad, con la misma vida y, sobre todo, que sigas cumpliendo años junto a mí. Porque siento presentarme con las manos vacías en la fiesta de tus 20 pero resulta que hoy el regalo, un día más, me lo haces tú siguiendo a mi lado. No me faltes nunca, por favor, aunque una vez más cierro los ojos, pongo la mano en el fuego y no me quemo, diciendo que nunca lo harás.

FELICES 20 CORAZÓN, porque el mío, es todo tuyo.










jueves, 17 de agosto de 2017

Porque al final... Siempre nos atrapará septiembre.

Clic. Cierro el boli. Repaso haber contestado a todo lo que podía y entrego el examen. ¡Ya está! ¡Se acabó! ¡Por fin VERANO! Comienzo de esos tan ansiados meses. Temidos también, a su vez. Por aquello de echar de menos. Pero bueno, de alguna forma lo remediaremos.

Pistoletazo de salida de casi tres intensos meses, que estarán repletos de viajes y kilómetros, de fiestas, de  experiencias, de gente, de baños y de pozas, de cervezas en terrazas y conversaciones en cervezas, de reencuentros y nuevas despedidas. De aviones, trenes y buses, de ir y venir, de fotos, recuerdos y días que llevábamos meses esperando. Iba a decir que de calor también, pero me temo que eso es solo en caso de que no seas de Vitoria. Allí el concepto de verano es un tanto relativo, aunque en realidad apenas haya pisado a mi pequeña y querida Vitoria estos últimos meses.

Los días pasan volando entre idas y venidas y, poco a poco, se va acercando de nuevo septiembre. Porque al fin y al cabo... Septiembre siempre llega. Y a su vez, en su defensa diremos, que siempre nos quedará septiembre. Traerá con su vuelta nuevas idas y venidas en kilómetros. Más despedidas y reencuentros, porque en eso consiste la vida. En un tren que te separa y ese mismo que te vuelve a juntar. En buscar el andén a tu destino en cada estación, o a lo mejor simplemente en improvisar cada kilómetro de nuestro viaje en uno u otro tren, sin destino ni final, garabateando nuestra historia en cada estación. Mientras se trate de seguir escribiendo... Llegará pues, septiembre, y lo hará de la mano de una rutina pero cargado igualmente de ganas. Y llegará poco a poco el frío también, las bufandas desplazarán a los bikinis y yo... Seguiré bailando. Bajo la lluvia, si es necesario.

Este septiembre hará también dos años que yo cambié de tren y de rumbo. Siempre sé dónde tengo la estación de vuelta, claro está, pero hace dos años ya que, llena de miedos y ganas a partes iguales, comencé un trayecto que me sé de otra que tampoco olvidará jamás. Aquel fin de semana, cuando vi a mi familia coger el coche y marcharse, quedándome yo allá, había algo dentro de mí que se negaba a entenderlo. Ahora ya me he acostumbrado a ser la que se marcha y la que vuelve, a no parar y a veces incluso a no ser esperada, aunque la espera por nuevos reencuentros siempre merezca la pena. Sin embargo, este domingo la historia cambia; y es que esta vez, a lo que no estoy acostumbrada es a ser yo quien se suba al coche y deje a otro pequeño miembro en tierra.

Cómo pasa el tiempo y quién habría dicho que ahora es al moco de mi hermana a quien le toca marchar, que ahora es ella quien empieza la uni, supongo que con una mezcla de emociones dentro, como todos hemos tenido. Madrid parecerá muy grande al principio pero supongo que al final acabará encontrando su propio pequeño rinconcito. Te va a gustar, lo sé.

Más despedidas y más Erasmus y tras cada adiós una promesa, como siempre. Os esperaremos con los brazos abiertos. Nada va a cambiar, lo prometo.  Me acuerdo en especial de tres personitas a las que seguro echaré de menos pero que más segura aún estoy de que lo disfrutarán tanto que no querrán volver a vernos. O quizá sí. En cualquier caso tendrán que volver y... Aquí estaremos. Como siempre. Ane, Paula, Uxue, disfrutadlo.

Y al final, entre tanta reflexión y letra lo que que ha pasado ha sido, que una vez más se nos ha acabado el texto del domingo. Ah, sí, y que nos ha atrapado septiembre.

"Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias."

Eduardo Galeano

P.D. Siento el parón de este agosto por aquí pero lo llamaremos "cerrado por vacaciones". O más bien que no sé ni en qué día vivo, pero es menos romántico. En cualquier caso, estamos de vuelta para empezar un nuevo año con fuerza. Porque en dos días, además... ¡Esto cumple su primer añito! Pero eso ya, es otra historia. ¡FELIZ SEPTIEMBRE!

domingo, 30 de julio de 2017

Que no pare la fiesta, que la vida no se detenga.

No es fácil encontrar un lugar como aquel pequeño gran rincón de la Francia profunda. Atmósfera de total aislamiento del mundo exterior. Fue lo que sentí el primer año y lo que, por tercer año, vuelvo a notar. El ambiente. Siempre es el ambiente.

Ambiente que crea la gente, gente, gente... Un grupo de personas que se junta cada verano dispuestos a hacer de esa semana la mejor. Y aunque muchos ni siquiera vayan a ser capaces de entender esto, gente que ha vuelto a marcar mi verano. Lo han escrito con letras de todos los colores y con plumas de todos los tamaños y han marcado con huellas de todos los tipos estos días en medio de la nada francesa. Este pequeño rincón se trata, a fin de cuentas, de un poco de agua en medio del desierto, algo de cariño en un corazón desolado y, por supuesto, mucha vida en medio de la nada.

De nuevo tantos países unidos alrededor de una misma mesa, de nuevo tantos idiomas, tantas canciones, juegos y risas entendiéndose un poco en todos los idiomas que, al final, acaban uniéndose en una misma lengua. Un mapa lleno de chinchetas con toda una infinidad de historias detrás y un mismo desenlace: todos estamos aquí.

Unas pocas lágrimas en una emotiva despedida porque, como cada año, lo echaré de menos. Aunque supongo que no sé cuándo ni cómo pero acabaré volviendo. Siempre lo hago. Porque lo dije ya hace dos semanas, allá donde uno deja un trocito de corazón... Siempre vuelve.

Lo peor y a su vez lo mejor de irse fuera de casa es tener que volver. Siempre echamos de menos cosas de casa y, a su vez, cuando encontramos la gente, las vistas, las sensaciones o, quizá simplemente el bienestar, cuesta dejarlo atrás. Soy la nostalgia en persona. Un sentimiento me inunda cada jodida vez que tengo que dejar algo atrás y, sin embargo, me paso la vida haciendo nuevos planes, cogiendo nuevos trenes y, claro, por la misma regla de tres... Tomándolos de vuelta. Y dándole vueltas y más vueltas y aún más vueltas a la famosa nostalgia.

Se trata de ese no querer marchar. El sentimiento de saber que pronto estarás echándolo de menos. Pararse en la puerta por un segundo antes de salir. Fijar la mirada al letrerito con el nombre del lugar en la estación. Agitar la mano para ti mismo. Y esperar a que, en contra de tu voluntad, los motores comiencen a rugir, las ruedas a dar vueltas y ya... Lo que no haya sea vuelta atrás.

"Mi padre decía que hay que saber marcharse, y hoy entiendo lo que quiso explicarme; las personas se definen por su manera de quedarse, pero sobre todo por su forma de irse."
Leticia Sánchez

No se trata de no tener ganas de lo que viene, no. Se trata de no querer dejar de vivir lo que uno está sintiendo. El problema suele estar en que, por mucho que uno lo desee, por mucho que cierre los ojos y lo pida con todas sus fuerzas, no se puede estar en todos sitios. Me lo solía decir mi madre. Aún me lo dice cuando le vengo con la nostalgia de los últimos días antes de que algo acabe. Me conoce. Me quiere. Lo sé. "¡No se puede estar en misa y repicando las campanas!" A lo que yo contestaría "ya, ya lo sé, pero es que..." Pero es que a la vida, no hay peros que le valgan. Hará rugir los motores, sea cual sea el tiempo, el destino y la compañía. Lo hará sin ningún temor y... Sin vuelta atrás. Porque a fin de cuentas, lo único que no podremos recuperar es el tiempo. Siempre nos quedará volver, claro. En otro tiempo pero... Siempre nos quedará volver.

Y siempre nos permitirá colar alguna visitilla por allí. Nuevas excusas para seguir cogiendo buses, trenes y aviones, navegando en kilómetros y viviendo nuevos viajes que guardar por mucho tiempo. Nuevas aventuras y lugares, gente nueva y otros ya conocidos. En seguir avanzando y moviéndose y yendo y volviendo y fluyendo, supongo, consiste la vida. O al menos así intento yo vivirla.

Pequeña traviesa que a veces tengo la sensación de que quiere escaparse, es más, que se escapa, y yo que ando yo como loca detrás de ella. Muchas horas en el camino y otras muchas en el destino, que el ritmo no pare, que no pare la fiesta, que la vida no se detenga y que, como loca, siga entendiendo su no parar, su ritmo, su andar. Y seguir acompañándola en el camino.

martes, 18 de julio de 2017

NA ZDRAVÍ! Por Praga, por este viaje, por nosotras.

Por fin llegó el tan ansiado 11 de julio, cogimos un avión, llegamos a una ciudad cuyo idioma parece inventado por el propio demonio y después... Nos enamoramos. Encontramos la magia. Supongo que como cada vez que uno coge una maleta, porque todo viaje implica magia en una u otra forma. Nunca iguales. Tampoco tan diferentes.

El caso es que, con Praga, nos enamoramos. Y es que la capital checa no es solo de esas ciudades que te agradan la vista, sino de aquellas que te conquistan el corazón, que, siempre son  las más bonitas, al margen de monumentos y grandes atracciones turísticas.

Y a pesar de las largas caminatas, aún los 7 días que siguieron a aquel 11 se nos hicieron cortos, y a pesar de los contratiempos, nosotras nos empeñamos en llevarle la contraria al tiempo en cada dirección, y a dirigir nuestros pies en sentido opuesto. Siempre. Se nos da muy bien ir en dirección contraria, de verdad, os lo juro. Pero al fin y al cabo... ¿Qué más da? Si todos los caminos llevan a Roma...

Aparecimos en Praga. Totalmente perdidas, sin saber muy bien si el aire nos venía de norte o sur, intentando quitarnos de encima como podíamos todos los freetours que nos intentaban vender nada más llegar al reloj. El famoso mítico gran reloj, que ya había dado comienzo a la cuenta atrás de las horas que pasaríamos en esta ciudad. Aunque tras sortear unos cuantos paraguas y a veces incluso un poquito mojadas por la lluvia, he de reconocer que en alguno que otro caímos. Toni, ¡nos la liaste! Mereció la pena, en cualquier caso. Y nos hablaron de muchas cosas pero la verdad es...

La verdad es que, en realidad, nadie habló. Nadie habló de los constantes planes que jamás cumpliríamos, de las vueltas sin sentido, de los mapas con calles de nombres impronunciables ni de los más tontos entretenimientos por la calle. Nadie habló de disfrutar de los rincones más escondidos, ni de reír a carcajada limpia en los lugares más concurridos. Nadie habló de hacer 300 fotos ni de dejarnos otras tantas por hacer. De recordar las estampas. Tampoco de perder trenes y rumbos, de encontrar destinos y, a lo mejor, convertir cada rincón que encontráramos en destino.

Nadie habló de los momentos disfrutados. Del sabor de la cerveza invadiendo el paladar, del gusto de cada plato que probamos. De comer y beber sí, de eso sí que no cabe duda cuando se trata de nosotras. Nadie habló de noches improvisadas, tours organizados (o (des)organizados) ni canciones bailadas. De amaneceres apresurados. Ni de anocheceres tranquilos.

Nadie habló de puentes ni ríos, ni de torres, tampoco de paisajes y luces. De descubrir planetas en colinas y colinas llenas de torres, que pronto haríamos nuestras.

Nadie habló de vías. De sonidos. De risas. De sonrisas. De sueños. Nadie habló, de verdad que nadie habló. O quizá sí, pero en cualquier caso no escuchamos y decidimos vivirlo nosotras mismas, buscar nortes y sures, calles y bocacalles, e intentar encontrar nuestro propio conejo de la suerte aunque este, en realidad, nunca se dignara a aparecer. Difícil de explicar, supongo, aún más complicado de entender, me imagino. Y es que un viaje solo se puede conocer viviéndolo, pateándolo, bromeándolo y, al fin y al cabo, disfrutándolo.

Podría contaros uno a uno todos los sitios que visitamos y en todos los bares donde nos paramos. Podría hablaros de dónde encontramos las mejores fotos y qué rincones convertimos en los favoritos, pero al fin y al cabo no serviría de nada porque todo viaje consiste en encontrar cada uno los suyos propios.

En cualquier caso,  Praga nos ha robado un trocito de corazón y bien sabemos que aquel lugar donde dejemos algo nuestro, siempre volverá a ser en algún momento destino. O final. Volveremos. No sé cuándo, cómo ni con quién, pero volveremos y recordaremos todas las veces que recorrimos sus incómodas baldosas con una sonrisa. Y es que no sé si será cierto eso de que buen viaje nunca acaba cerca, pero que aquel viaje en buena compañía siempre será un buen viaje, eso, os lo aseguro.

"Keep the past, live the present." Y tú, Praga, manténte tan bonita como hasta ahora, para aquel día que vengamos a buscar nuestro trocito de corazón perdido.

Brindemos. Por nosotras, por este viaje y, por supuesto, por Praga. NA ZDRAVÍ!!

domingo, 2 de julio de 2017

20 veces hasta la luna.

Llego tarde, ya lo veo. Sé que se me han pasado ya las 12 y que llego tarde. Como siempre, vaya. Pero llego, que es lo importante. Como siempre también, vaya.

Y llego con el corazón lleno de cariño y la boca llena de gracias. Llego con un día más que ayer y, de rebote, también un año más. Y ya van 20. Cambiamos de década, le damos la bienvenida al primer patito. Parece increíble, ¿verdad? ¡¡Cómo vuela el tiempo!! Cuántos días caben en esos 20. Cuántas horas, cuántos momentos, cuántos buenos y malos, cuántas historias y sobre todo, cuánto cariño. Y es aquí donde entro yo a daros las gracias.

Por el día de hoy, por supuesto, pero sobre todo por cada uno de estos 20 años que me habéis aguantado. Los que habéis estado desde el día 0, las que habéis crecido conmigo y los que os habéis incorporado más recientemente pero, en cualquier caso, todos aquellos que habéis estado incondicionalmente, pase lo que pase.

Gracias, de corazón, por todos los consejos. Por todas las recomendaciones tras las que, sin embargo, siempre me habéis dejado elegir mi propio camino. Y siempre me habéis ayudado a andarlo. Gracias por la confianza, por hacerme sentir que era capaz de tomar mis propias decisiones (desde elegir los calcetines para ponerme cuando era una enana hasta hoy en día). Y sobre todo, por no haber dudado nunca de ellas, por haberme dado las herramientas y haber aplaudido siempre el resultado, fuera cual fuera. Porque no hay nada más bonito que sentirte no solo acompañada sino muy bien acompañada en este camino. Por hacerme creer en mí misma, tan difícil a veces y, sin embargo, tan necesario. Me dais la fuerza para comerme el mundo entero.

Gracias, de corazón, por haber crecido conmigo. Por haberme dejado avanzar a mi ritmo y, sin embargo, haber marcado también mi avance. Por haber dado junto a mí los primeros pasos de cada aventura. Empezamos el camino con apenas 3 añitos y 17 más tarde, aquí seguimos, con las mismas miradas cómplices, las mismas risas y la misma confianza, después de haber abierto mil nuevas etapas y haber cerrado otras tantas. También, por supuesto, gracias a los que os fuisteis cruzando en mi camino en las etapas posteriores, a todos los que habéis ido formando parte de este baile.

Gracias, de corazón, a los que no habéis podido estar hoy aquí, porque habéis sido capaces de hacerme sentir muy muy muy querida incluso a muchos kilómetros de distancia. Y es que si algo he aprendido estos dos últimos años es que, por mucho que nos pese, la distancia siempre será algo con lo que tendremos que aprender a vivir, pero no hay nada más bonito que un abrazo en una tarde de reencuentro. Nunca podremos estar con todos los que querríamos a la vez. Ni siquiera verlos todo el tiempo que gustaría. Siempre nos "faltará" alguien, pero lo bonito también lo encontramos en ese preciso punto. En que nos falte. En que notemos su falta porque eso quiere decir que aún más notamos su presencia. Y es por ello que la echamos de menos. No hay nada más bonito que querer, haya los kilómetros que haya de por medio. Solo son motivos para recorrerlos.

Así que de corazón, GRACIAS, a todos los que, presentes o ausentes físicamente, estáis siempre presentes en mí. A los que habéis formado y, ante todo, formáis parte de estos 20 años. Podría hacer una lista interminable y escribiros un libro entero a cada uno pero, como comprenderéis, no me da el tiempo. Ni la tinta tampoco. Y es que quiero seguir gastándola en escribir muchos más momentos junto a todos vosotros. GRACIAS, por el cariño, porque mueve el mundo. Y el mío, desde luego, lo movéis todos vosotros. Hoy y... los 364 restantes. SWEET 20. Y sí, lo son, son muy dulces porque habéis conseguido endulzarlos entre todos. Durante cada día que los han compuesto.

Felices 20 a todos vosotros, por haberlos vivido conmigo. Gracias. De todo, todo, corazón. Dividido. Siempre. En kilómetros, en días y... en 20. 20 razones por las que seguir disfrutándoos cada día. El de hoy, desde luego, ha sido precioso. Y más bonito aún es saber que no será necesario un año entero para seguir sintiéndome la reina de la fiesta porque, al fin y al cabo, hacéis de mi vida una completa fiesta.

Os quiero. 20 veces hasta la luna y vuelta.

domingo, 25 de junio de 2017

Y colorín colorado, este curso ha terminado.

Se acabó. De nuevo punto.

Y aparte. De nuevo llegó junio con su estrés y sus exámenes y de nuevo se va, forzando despedidas y dando pie a nuevos reencuentros.

De nuevo otro 25 que viene metiendo el dedo en la yaga, besos, abrazos, cuídates y hasta prontos. A lo mejor también alguna que otra lagrimilla. Os voy a echar de menos, a todos, a todos los que poco a poco habéis ido haciendo de Zaragoza hogar también, a todos los que ya sois familia. Porque cogisteis ese papel del apoyo, el cariño y los cuidados cuando más nos hacía falta a todos. Y porque, una vez ha dejado de doler, siempre habéis estado allí igualmente.

A quienes tantas y tantas sonrisas me habéis sacado. Pero no solo en las risas de plazoleta, sino también y sobre todo en las tardes de biblioteca, donde escasean un poquito más. Que me habéis aguantado en mis días pesados y en los tontos, en mis cansancios, en mis risas escandalosas. Que me habéis alegrado y acompañado las comidas (siento que eternas por mi culpa), los cafés de después (cortado con hielo, ¡Manolo!), los agobios de estudio y los eternos días en la facultad.

A quienes habéis sido hogar, por mucho que a las 21:30 me hubierais abandonado ya todas, pero que, a fin de cuentas, habéis sido esa casa como en la que no se está en ningún otro sitio. Porque habéis llenado cada rincón de esa casa de momentos y de risas, de consuelos y consejos.

A las que, aunque hayáis dejado de ser la habitación de al lado, nunca habéis  dejado de estar ahí. Son menos los ratos, pero se disfrutan el doble. Que nunca se borre el recuerdo de que la 507, 513 y 518 siempre serán esa puerta que tocar en caso de necesidad de auxilio.

A quien ha revolucionado mi día a día de arriba a abajo, mi forma de ver las cosas, mi felicidad no solo puntual sino también permanente. Por la complicidad, por las miradas, la paciencia y el cariño. Me sigues volviendo loca.

Al G7, porque hacéis todo trabajo más ameno. Y porque cuando se trabaja a gusto con la gente, siempre se trabaja mucho mejor. Nos quedan todavía unas cuantas cenas pendientes, de esas de acabar con el botón del pantalón suelto y rodando por las escaleras, y unas cuantas horas de prácticas más. Tranquilas, supongo que seguiré liándola con esa habilidad que me caracteriza, así que las risas las tenéis aseguradas.

Y a fin de cuentas a todo aquel que ha formado parte de mi vida por estas tierras mañas que, lejos de conquistarlas yo, me han acabado conquistando. Y no ha sido, desde luego, por su clima fresquito ni por sus verdes, ni por tantas otras cosas, sino sobre y ante todo, por la gente. Aquellos que Zaragoza ha cruzado en mi vida y que han acabado haciendo un hueco tan grande en ella que jamás podrán volver a salir.

Porque el curso empezó y, sin verlo, sin saberlo, sin entenderlo y a veces también sin quererlo, termina. Toca decir hasta luego, hasta pronto, porque el verano tiene muchos días, y septiembre siempre llega, septiembre siempre llega.

Seréis el motivo por el que coja con ganas de nuevo estos kilómetros en un par de meses. Porque sois mi corazoncillo en cada uno de esos kilómetros.

Se acabó. De nuevo punto.

Y hasta pronto.

"Ohana significa familia." Y eso... Eso os lo debo.

domingo, 28 de mayo de 2017

Toda historia tiene un principio. Y un(a) FINAL.

Toda historia tiene un principio. Y un(a) final. La nuestra tenía fecha propia. 27 de mayo. Aunque, en este caso, no se trata del final de la historia sino del principio de algo aún más grande. De ese empujoncito para seguir creciendo cada vez más y más, de seguir viendo al alavesismo a cada día más vivo y a Vitoria cada vez más ilusionada. El principio, esperemos, de más finales.

El día de ayer fue increíble. Un sueño hecho realidad, una realidad de ensueño. Puro alavesismo corriendo por las venas desde el punto de la mañana hasta el último parpadeo de la noche. Muchas ganas, mucha ilusión, muchísimo disfrute. Volvíamos a jugar una final. Para mí, la primera. Qué locura pero... ¡Bendita locura! Gasteiz entero en Madrid, Madrid invadido por Gasteiz... Albiazul, miraras por donde miraras. Desde la gente en el metro deseándonos suerte hasta la emoción bombeada por todo corazón alavesista. Un día para disfrutar y para soñar, porque era posible, porque nos lo creímos.

Al final no pudo ser pero nosotros jamás dudamos de nuestro equipo. De que darían todo y se dejarían el alma hasta el último segundo fuera cual fuera el resultado. Nosotros, por nuestra parte, prometimos hacer lo propio desde la grada. Y así fue. Ambas partes cumplimos el trato y tiramos el Calderón abajo (nunca mejor dicho jejeje). Y saltamos, y cantamos, y animamos, y bailamos, y celebramos, y sufrimos y ante todo... Disfrutamos. Mucho. Y acabamos rendidos a los pies de un equipo que nos ha dado absolutamente todo esta temporada, y acabaron rendidos a los pies de una afición que lo ha dado absolutamente todo esta temporada también. ¡Y lo que nos queda por dar!

Ayer salimos del Calderón como campeones porque es lo que somos. Porque somos los supervivientes de un naufragio que nos llevó a un infierno del que parecía imposible salir y al que, sin embargo, le hicimos frente. Porque somos el resultado de haber subido mucho por haber estado también muy abajo. De sufrir y jamás abandonar y acabar encontrando en la final de ayer la recompensa a tantísimo esfuerzo. Aunque en realidad, la recompensa ha estado siempre en cada jornada, en cualquier división; por haber tenido la oportunidad de dejarnos la voz una vez tras otra y demostrar que nunca nos daríamos por vencidos.

De hecho, tuve durante todo el partido de ayer una frase que Iraultza sacó en un tifo cuando, estando en 2.B, nos enfrentamos en copa también contra el Barça. "Gurekin bukatu zutela uste zuten. Ez gara inoiz hilko" que, viene a significar: "Creían que habían acabado con nosotros. No moriremos jamás." Y realmente así ha sido, gracias al convencimiento de que jamás podrían acabar con nuestra ilusión fue como, en cuatro años, pasamos de jugar una eliminatoria a jugar la final. De 2.B a Primera. Me sigue entrando vértigo solo de pensar la velocidad a la que hemos subido, como la espuma. Y seguiremos subiendo, y seguiremos creciendo, y seguiremos luchando, siempre. Porque es el único camino que conocemos.

Se acabó. Vitoria vuelve a la normalidad. Aunque en realidad nada volverá a ser como antes porque días como el de ayer siempre quedarán en la memoria de esta ciudad.

Llegó el momento de colgar camisetas, bufandas y banderas, con la vista puesta en un agosto al que esperaremos ansiosos "para disfrutar como cada domingo con el Deportivo."

Y cambiarán caras y dorsales, ley de vida en esto del fútbol. Pero, en todo caso, jamás se marcharán de Vitoria. Nunca se irán del Alavés. Porque su huella siempre permanecerá en nuestra memoria, y nuestro corazón siempre será suyo. Espero que en alguna parte del suyo guarden nuestro recuerdo también.

Eternamente agradecidos.

Morimos por ti, ¡Glorioso!

27/05/2017. Una fecha para el recuerdo.

Sigamos escribiendo juntos nuestra historia. Somos grandes. Y lo somos, porque jamás dejamos de creer que lo éramos.

ZUGATIK GU BIZI GARA GLORIOSO!!!


sábado, 27 de mayo de 2017

Por fin. Llegó el día. 27 de mayo. ¡GOAZEN GLORIOSO!

Hoy no tocaba, lo sé, es sábado y además hace solo una semana desde la última publicación. Hoy no tocaba, no. Pero va a tocar, porque yo lo digo, porque yo lo siento. Y es que, hoy es un día especial. Y es tan especial porque… el Glorioso ha vuelto a las finales.

16 años han tenido que pasar para poder presenciar una de nuevo, pero… ¡por fin ha llegado el momento! 27 de mayo, taaan esperada fecha… 27 de mayo en Madrid. Aquí estamos. Pero, para llegar aquí, evidentemente, hemos pasado por muchos días atrás. Hoy os traigo una pequeña recopilación de lo que la creciente ilusión y nervios de estos últimos días han supuesto. Os traigo unas frasecillas de cómo se cuenta hacia atrás cuando se vive entre letras y albiazul. Porque hoy es el día, señoras y señores, y vamos a disfrutarlo.

¡A POR ELLOS!

07/05

“Hace 16 años, el cielo de Dortmund lloraba. El pequeño Deportivo Alavés, tras un recorrido admirable por todo Europa y una final de infarto, se volvía a casa cabizbajo y con las manos vacías. Sin embargo, se llevaba el corazón a rebosar cariño y una promesa eterna a Vitoria: Volveríamos a jugar una final. Volveríamos a ser grandes.

Ahora Vitoria tiene la vista puesta en el Madrid de un 27 de mayo en el que seguiremos escribiendo nuestra sufrida historia. Un calendario con una cuenta atrás de exactamente 20 días. Señalada fecha en la que trasladaremos el espíritu de Mendizorroza al Calderón para enseñarles por aquellas tierras cómo se vive una final tras sobrevivir a la tormenta. Cómo se baila bajo la lluvia. Jamás bajamos los brazos y nunca abandonamos. Fuimos 8.000 (¡e incluso 4.000!) en las noches más frías de invierno. Y aún así, siempre, siempre seguimos, al pie del cañón, creyendo firmemente que nuestro momento aún estaba por llegar.

Perdimos partidos contra equipos de los pueblos más pequeños e incluso estuvimos a punto de desaparecer pero, a pesar de todo, a pesar del negro del que se pintaba el futuro, jamás bajamos los brazos. Animamos más a cada gol encajado y apretamos más los dientes a cada punto perdido. Y fue así como después de bajar subimos, y seguimos subiendo porque nuestro único techo es una copa alzada sobre nuestras cabezas.

Quién sabe lo que nos depararán los 90 minutos que tanto ansiamos, pero, sea cual sea el resultado, tras el camino que llevamos a las espaldas, será una victoria.”

20/05

“Hace unos pocos días recordábamos la más agridulce de las páginas de la historia del Glorioso. Como cada año. Como cada 16 de mayo. Sin embargo, este 16º aniversario lo hacemos con otra chispa en los ojos. La de una ciudad entera ilusionada como hacía mucho tiempo que no lo estaba, con la vista puesta en el Madrid de un 27 en el que vibraremos como nunca y… como siempre. Como llevamos haciendo cada partido, cada semana y cada punto desde la más remota 2.B. Como llevamos dejándonos la garganta cuando todo parecía perdido y, sin embargo, nosotros jamás dimos por perdido.

“No tenemos miedo al fracaso porque nos hicimos fuertes en el infierno” nos recordaba I21 al empezar la temporada, y a mí no se me ocurre mejor frase para llevar por lema hasta el Calderón.

Superamos las peores tempestades y sobrevivimos a cada naufragio. Sufrimos demasiado para preocuparnos ahora de no disfrutar.

Así que Vitoria será Madrid este 27, y Madrid será Vitoria. Y en definitiva, todos seremos un equipo al que acompañaremos en la más bonita de las batallas. Y lo haremos bailando, y lo haremos cantando, y lo haremos sacando los dientes y dejando el corazón.

Nos vamos a Madrid. Nos vamos y es a por todas.”

22/05

La cuenta atrás se ha acelerado. Ya no para, ya no respira, ya no espera. La tan señalada como ansiada fecha llega ya, nos atrapa, nos coge, nos invade por dentro porque… ¡está ya encima!

Apenas unos días para la hora en la que las ruedas del tren destino Madrid empezarán a rugir y nada ya en los dos días siguientes dejará de hacerlo. Y rugirá Madrid, y rugirá el Calderón, y rugirá el alavesismo. Aunque en realidad… ¿cuándo ha dejado de hacerlo?

Hemos seguido jugando finales después de Dortmund también. Seguimos aferrándonos a la esperanza de un minuto 93 en Jaén, al sentimiento de Natxo por este equipo, y a la garra de Bordalás. Seguimos jugándonos permanencias y ascensos, y puntos por los que sufrimos más que por cualquier final. Porque cada página de esta historia fue importante. Y porque, fuera en las circunstancias que fuera, disfrutamos de cada línea que escribimos.

“Los grandes” podrán tener muchas copas en sus interminables vitrinas y sabrán jugar muchas finales, también ganar muchas copas; pero lo que no saben es que cuando se aprende a querer a un equipo en las malas, se sabe ya jugar en las buenas. Lo que no saben es que la unión de los momentos más difíciles es la que hace más bonitos los demás. Y que cuando uno ha disfrutado bailando bajo la lluvia, el arcoíris de después se ve más bonito que nunca. Lo que “los grandes” no saben es sentir a una afición aún más volcada a cada gol encajado, ni escucharla exprimirse todavía más las gargantas a cada punto perdido. Y es que ganarlo todo puede parecer muy bonito, pero cuando los silbidos sustituyen a la fiesta, un trocito del espíritu del fútbol muere. Y nosotros no tendremos más millones que nadie, pero espíritu e ilusión los tenemos muy pero que muy vivos.

Sufrimos las mayores desilusiones y los obstáculos más duros en el camino. Estuvimos al filo del abismo y, sin embargo, nos apoyamos los unos en los otros para recuperar el equilibrio y seguir remando hacia adelante. Pero sobre todo, jamás nos dimos por vencidos.

Y cuando todo parecía perdido, nosotros nos negamos a dejarnos perder por haberlo dado todo por perdido. Lo único que quisimos y pudimos perder, fue la cordura. Y es que… ¡estamos locos por ti, Glorioso! Y cuando nos dieron por muertos, decidimos que si habríamos de morir, sería matando. Y lo único que murió al final fueron las dudas y la desconfianza en este equipo. Y es que… ¡nosotros morimos por ti, Glorioso!

Lloramos. Estuvimos desesperados. Tuvimos miedo. Pero fue entonces cuando también aprendimos a apretar aún más dientes y a rugir más fuerte que nunca. Y ahora, que es cuando más miedo “deberíamos tener”, es cuando menos tenemos, porque sufrimos demasiado ya como para preocuparnos ahora de no disfrutar.

Pase lo que pase, GRACIAS. Por devolver la ilusión a esta ciudad. Por devolver a las finales a este equipo. Por no solo hacernos vibrar, sino vibrar también con nosotros. Desde Pellegrino y Manu hasta el último peón de este club. GRACIAS.

26/05

Qué relativo es el tiempo, eh… Qué lejano parecía este fin de semana aquel 8 de febrero en el que no nos creíamos que el pase a la final no fuera sueño sino realidad. Ojalá hubiera podido estar yo también en Mendi celebrándolo y disfrutándolo y, sin embargo, estaba lejos, en un bar a 262 km a punto de cerrar y sola. Muy sola.

Recuerdo la llamada de mi padre: Estarás contenta, ¿no? Y yo llorando, claro.” Aita, que nos vamos a Madrid, ¡eh! ¡Nos tenemos que ir!” Aquella noche me dormí con la promesa de que el día 27 de mayo estaríamos en el Calderón, disfrutando de la final que no pudimos ver juntos en Dortmund. Y a pesar de que siempre me seguirá restregando que él sí que estuvo allí, supongo que también recordará aquella final que, por fin, pudimos vivir juntos.

Llega ya, llega mañana. Se acerca tantísimo que incluso se puede tocar, incluso se puede sentir, incluso se pude notar. El corazón a mil por hora sobre las vías destino Madrid. Miles de recuerdos pasando por la mente de tantos y tantos partidos vividos con el Glorioso y la ilusión brillando en los ojos por el que está aún por vivir. 90 minutos de puro alavesismo representado en 19.000 gargantas que nunca fallan y, desde luego, tampoco lo harán mañana. Convertiremos el Calderón en nuestro infierno particular para el Barça, y en fiesta para los nuestros, como cada Liga y cada jornada. Y, lo más bonito de todo es que, pase lo que pase, será un gran partido. Y bailaremos, y saltaremos, y gritaremos y nos dejaremos absolutamente todo sea cual sea el resultado.

Cuesta, la verdad que es difícil de asimilar que esté ya tan aquí, tan encima, tan presente. Y cuesta aún más pensar que, sabiendo dónde estábamos hace poco, nos podamos ver hoy aquí. Me cuentan que Vitoria está preciosa. Me llegan fotos, me aparecen tuits y realmente sí veo que Vitoria está más bonita que nunca, a muerte con su equipo y rebosando ilusión por los 4 costados.

Se ve, se siente. Tenemos una oportunidad de oro no solo para disfrutar nosotros, sino para hacer disfrutar. Y es que el jugador número 12 de este equipo siempre es el que tiene los mejores pases y los goles más bonitos. Siempre es el que más lucha cada balón y el que más celebra cada victoria. También el que más apoya en la derrota. Camisetas a la maleta, bufandas a la muñeca y las pinturas preparadas para el duelo más duro y más bonito que a este 12 le va a tocar jugar. Y es que mañana, será su partido, y lo sabe. Estará a la altura de las expectativas, lo sé. O quizá, incluso, esté por encima de ellas. Vamos a enseñarle a todo un estadio quiénes somos. Vamos a callar el Calderón demostrando que nosotros también sabemos rugir entre los grandes.

Estamos a las órdenes del míster y confiamos. Y él lo que nos dijo fue que bailáramos así que… ¡BAILEMOS! ¡Y hagamos bailar Madrid! #1día 27/05 Por fin… ¡LLEGÓ EL DÍA! Que tiemble Madrid… ¡VAMOS, VAMOS GLORIOSO!

domingo, 21 de mayo de 2017

18 noches de magia.

Hoy vengo con un texto que muchos leísteis ya el miércoles y que viene un poco con retraso en realidad, pero me apetecía dejar caer por aquí el textito con el que hace unos días le felicitaba los 18 a la brujilla de mi hermana.

"Hay noches especiales, ¿verdad? Noches con magia, noches con vida propia. Y hay vidas que llegan y rompen con todas las noches anteriores. Tú llegaste una mañana, que nada tuvo que ver con una noche excepto en la magia y rompiste con una (por aquella época cortita) vida de ni siquiera 2 añitos; porque a partir de aquel 17, nada volvería a ser igual. Y efectivamente, nada volvió a serlo. Hubo que aprender a (re)vivir de otra manera. A tener celos y a vivir con ellos, a quererme ver la única y no poder serlo. Tras 18 años, digamos que me voy acostumbrando. Mucho tiempo en el que no siempre nos aguantamos mutuamente pero... ¿qué hermanos lo hacen?

Te he querido matar cien veces, pero en mi defensa diré que mil habría matado por ti. Te he querido "morir" y al final, quererte hasta morir. Te corté mil frases y te conté dos mil historias. Y te leí tres mil poemas. E, intentando hacerte rabiar, de repente me encontré con que te quería a rabiar.

No siempre has sido bienvenida en mis juegos, no nos engañemos, pero ahora no puedo imaginarme esta partida sin ti como mi fiel pareja de juego. En esta vida, digo. Sin las risas contigo, sin las bromas, sin las confidencias, sin las confianzas. Quizá incluso sin las pequeñas discusiones. Sin los grandes momentos. Sin las mejores palabras y el apoyo sin necesidad de ellas. No podría imaginarme la vida sin la más sincera opinión y el mejor consejo. Y es que ahora, no solo es que no podría, sino que por nada del mundo querría imaginarme el mío sin ti.

Cumples tus 18 pequeña, aunque se me haga difícil de asimilar, porque el cacahuete de mi hermana ha crecido y yo no me he enterado. Hace dos días era yo quien cumplía la mayoría de edad y hoy eres tú quien me la da. 18 años como hermana mayor en los que intenté timarte unos cuantos chupa chupses, pero también intenté ser el mejor ejemplo y toda la protección que una enana + 2 podía ser. 18 años de altos y bajos en los que te has ido haciendo todo un tesoro y también toda una delincuente que ( aún sabiendo que todo el mundo te lo va a recordar) ya puede ir a la cárcel. Pero puedes estar tranquila, ya iré a sacarte yo de ella y a seguir de puente a puente y que nos lleve la corriente.

Por seguir riéndome de ti y contigo. Por seguir echándote de más y de menos. Por que sigas cumpliendo muchos años junto a mí, pero sobre todo, por seguir cumpliendo muchos días junto a ti. Lunes, viernes o domingos, eneros, mayos o agostos. Mañanas, tardes y noches. Lo que sea mientras sea juntas.

Porque la distancia es dura, pero más duro es no tener motivos para recorrerla. Y el querer a kilómetros es jodido, pero el abrazo tras el final de ellos, no tiene precio.

Y es que "igual que el mosquito más tonto de la manada, yo sigo tu luz aunque me lleve a morir."

Disfruta, mi pequeño txutxito, disfruta de este más que merecido descanso y celebra por todo lo alto este día.

Yo, por mi parte, desde los ya tan conocidos 262, solo te pido que guardes la guinda para mí. Que llego pronto y aunque sé que puede que no quede tarta, a mí me basta con que quede un brindis para mí. Por ti, por nosotras. Por tus 18.

Zorionak pitxin! Maite zaitut. 262 km eta buelta maite zaitut."

Recordaba mi madre, tras estas palabras, cómo parecía imposible que nos lleváramos bien cuando ella me destrozaba mis altísimas torres... Queda demostrado pues, la mala... Era ella.

Pero al final, lo que cuenta, es que un día decidió ayudarme a construir la torre y desde entonces seguimos sumando piezas para arriba, juntas en cada paso. Y que la quiero.

" Quédate con quien haga de tus alas,
su vuelo,
con quien esté para ti cuando el mundo esté en contra tuya.
Quédate con quien se quede contigo cuando los demás salgan huyendo."
Miguel Gane

Y yo, petarda, me quedo contigo.

jueves, 27 de abril de 2017

"Gure hitzak erran berriz, erran." (B.Atxaga)

Escribir es todo un mundo. Y es todo un mundo porque se puede escribir de todo aquello que puedas imaginar. Incluso del mundo. Incluso de escribir. Se puede escribir en prosa, o se puede hacer en verso, se puede hablar de historias o se puede dejar un corazón roto en pedacitos sobre un folio. Se puede rimar o se puede remar, a contracorriente, superando el obstáculo que cada línea a veces supone. Se puede insistir, también desistir, y por supuesto, siempre existir.

“La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda es una erótica verbal.” Octavio Paz

Escribir es un abismo. Una caída libre, un salto al vacío sin paracaídas en el que puede que alguien te acabe amortiguando la caída. O quizá no.

Escribir es esa sopa de letras que comías de pequeño en la que había días que ninguna palabra te cuadraba y otros, en cambio, encontrabas palabras en cada rincón del plato. Ahora en realidad te pasa igual, solo que esta vez las palabras no brotan de la sopa sino de las yemas de tus dedos, de tu mente o quizá, quién sabe, también del corazón.

Porque escribir en realidad es eso. Un corazón abierto, de par en par, invitando a entrar a todo aquel que se atreva a pasar cerca de allí. Un cuerpo sin coraza, un sueño sin envoltorio, un sentimiento sin condiciones.

“Escribir es siempre aceptar el riesgo de decirlo todo, incluso - y sobre todo- sin saberlo”
Carol Dunlop & Julio Cortázar

Escribir es un jardín. Un bosque de ramas entrecruzadas, de pensamientos entrelazados, a veces incluso contradictorios, puros siempre. Es un jardín en el que puedes encontrar las rosas más bonitas y los rincones más oscuros.

Escribir es… una forma de vida. Una necesidad de soltar, de sacar, de levitar. Una manera de gritar a los 4 vientos aquello que llevamos dentro, o a veces simplemente una obligación de reflexionar sobre cosas que jamás nos habíamos parado a pensar. Escribir en realidad es un rapto. Un atraco a mano armada por parte de la tan traviesa inspiración, una necesidad de atarse a una pluma y un folio y la obligación, sin otra alternativa, de dejarse llevar. “Manos abajo, ¡que esto es un atraco!”

“Cuando la inspiración te hable al oído, escribe un poema que la haga callar.” Benjamín Prado

Escribir es una tarta de cumpleaños (hablando de cumpleaños... ¡Felices 20 Elena!) con sorpresa dentro. Un camino con cambio de sentido. Una película con final inesperado o… una historia sin final. Es ese billete de ida con vuelta abierta que corres el riesgo de no utilizar jamás. Y que se quede la puerta abierta. O que nunca lo vuelvas a encontrar.

Escribir es… ser cada uno. Y por eso no es que haya cientos de formas de escribir, sino cientos de miles de millones, porque la sensibilidad, las preocupaciones, las alegrías, las convicciones y las luchas internas de cada uno siempre, siempre, tendrán matices… o mundos enteros de diferencias.

“Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado toda la poesía-. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro.”
Octavio Paz

Escribir es sentir muchas cosas y no entender ninguna de ellas. Decir muchas frases y no encontrarle el sentido a ninguna. Visualizar muchas situaciones y no terminar de ver ninguna. Escribir es inspirar profundamente y espirar a continuación, sin miedo de expirar. Y a fin de cuentas, escribir es vivir sobre la punta de un boli... O bajo ella.

Escribir es la forma de no olvidar, jamás, lo que sentimos. El impedimento de ignorar nuestros latidos, la obligación de escuchar a nuestro corazón. Cerrar los ojos y dejarnos sentir, para tatuar cada palabra, para recalcar con tinta permanente cada curva de cada letra de cada hoja de cada escrito que vivimos. Escribir es un camino de migas de pan que Hansel va dejando caer. Es soltar y esperar a que alguien, al entender el mensaje silencioso que llevan, las recoja. Porque la parte más difícil de escribir es, siempre, transmitir. No importa hacia dónde, no importa hacia qué, no importa si es en sonrisa o en lágrima, siempre y cuando sea llegar. Despacito y con buena letra, que diría mi madre, por mucho que yo me empeñe en arrollar y enrollar, enrollarme, en vueltas y letras, y rimas, y yo qué sé, juegos quizá. De palabras, por supuesto.

“Gure hitzak erran berriz, erran, ez daitezela ahaztu, ez daitezela gal, elur gainean txori hanka arinek utzitako arrasto sail ederrak bezalaxe…”
Bernardo Atxaga

(Traducción aunque, lamentablemente, siempre se pierda significado... "Decir de nuevo nuestras palabras, decir, para que no se olviden, para que no se pierdan, como el precioso rastro que dejan sobre la nieve las ligeras patas de un pájaro")

jueves, 20 de abril de 2017

Pisando f... s... uerte.

¡Qué suerte volver a teneros aquí otro domingo más! Recordaréis, espero, que el último le dimos unas cuantas vueltas al amor, hasta que acabamos enamoradamente revueltos. Pues bien, hoy también nos queremos pero, queremos sobre todo, la suerte de querernos.

Maider quería suerte. Un domingo de y sobre suerte. Quizá por suerte. Y sorteando obstáculos... Somos los suertudos de estar aquí otra semana más. Porque... ¿Qué es la suerte? ¿QUÉ? Es acaso... ¿Un destino? ¿Es una casualidad? Quizá... ¿Cuatro hojas? ¿Una forma...? ¿... de vida? Una actitud, me dice Maider. Una consecuencia de lo que hacemos, un camino que nosotros mismos construimos. Me dice que no llega, que se crea. Que la creas tú. Lo lleva como lema de vida entintado en el tobillo para que cada paso que dé solo pueda ser en esa dirección. Lo lleva en los ojos y lo lleva dentro porque cree firmemente que su suerte, suya es. Un cóctel de un poquito de azar (que no debe superar la cucharadita) y sobre todo, nosotros mismos a grandes dosis.

Lo que me entra por la otra oreja es una versión bastante diferente de la suerte. Algo que necesitabas, me dicen. Esperado o inesperado, pero algo que necesitabas y, he aquí el matiz, que ocurre sin haber hecho nada para conseguirlo. Otros me dicen que es lo que utilizamos para definir las cosas a las que no les podemos dar explicación. ¿Y que me decís de la mala suerte? ¿Es mala suerte o ausencia de suerte?

¡Los hay incluso que me dan clasificaciones sobre distintos tipos de suerte! Suerte momentánea o... suerte en la vida. Que no te falte nada en ella, tener gente que te quiera... Que la buena suerte, efectivamente, se la forja uno, que el cariño se gana, que las personas solo se quedan cuando se cuidan, que toda búsqueda acaba teniendo su recompensa. Entonces... una recompensa, ¿quizá?

Eh, eh, pero esperad... Que aún queda la definición que más me ha gustado. "Haberte conocido". Aunque venga seguido de un "es broma", yo en el fondo sé que es la verdad, gracias. Nunca está de más que te lo recuerden. Yo en el fondo también os quiero.

De suerte a suerte y tiro porque me toca. Y dentro de todas estas reflexiones, ya no me atrevo a ser yo quien os diga qué demonios es la suerte, simplemente que... ¡últimamente me ponéis definiciones complicadas, eh! Pero, en cualquier caso, supongo que sea una actitud o un destino, es algo de lo que disfrutar. Es algo de lo que aprender y es algo que, queramos o no, nos acabará acompañando a cada paso que demos.

Yo no sé si tengo buena suerte o la tengo mala, si está sana o algo enferma, si es verde o quizá rosa. Que soy un poco torpe también os lo digo, y que tengo la suerte de caerme en el peor sitio pero, también por suerte, siempre unos amigos que, aunque después de un rato riéndose, me acabarán levantando. De la suerte os digo que no quiero que la mía cambie. Que quiero la suerte de teneros, para cada aventura, para cada viaje, para cada salto y para cada paso. La suerte de reír hasta llorar y de llorar hasta reír con la mejor de las compañías, siempre. Y es que sois vosotros mi verdadero amuleto y mi único trébol y es mi puño este que escribe cada palabra de la historia.

Bueno, vale, me voy a mojar. Creo que existe la suerte. Creo que es un poco de casualidad, algo quizá de destino y, por supuesto, unas cucharaditas de actitud. Creo que hay días en que se encuentra y días en que se nos cae del bolsillo, aunque solo en parte, porque hay otro trocito de ella que no tenemos sino que somos. Que somos por dentro. Y es que somos una pócima de buenos y malos, de pétalos y raíces, de hojas y de cuatros y de treses y de tréboles y de... de... De todo un poco, al fin y al cabo. De atar cabos. Y acabar construyendo la cuerda. De perder la cordura y, esperando tener buena suerte, salir a buscarla.

Suerte. ¿Azar? ¿O fortuna?

"Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama sino en sus propias alas."

Y yo no sé si la suerte la escribe cada uno, pero sigo escribiendo cada semana, por mí, eso siempre, aunque últimamente sea para vosotros. Por vosotros empecé también una historia hace unas cuantas semanas y llega el momento de sumarle un nuevo capitulillo en el que, una vez más, me gustaría contar con vuestra ayuda. Pero esta vez vamos a cambiar un poco el juego, porque hoy, aunque quiero palabras, las quiero un poco diferentes. Quiero que cada uno de vosotros me dé un máximo de 3 palabras, que tendrán que ser, un sustantivo, un adjetivo y un verbo. ¡Y pronto os tendréis aquí en estas páginas de nuevo!

Suerte a todos para esta nueva semana. Cada día tenéis el reto de seguir construyéndola.

Gracias por la inspiración de esta semana, Maider, sigue pisando con suerte.

Fotografía: Maider Colinas

sábado, 8 de abril de 2017

Sobre la cuerda floja... Del amor.

Me resulta gracioso, y a la vez me gusta, cuando me pedís que escriba sobre un tema concreto. No siempre puedo hacerlo epicentro de la próxima publicación, pero os prometo que a todos los tengo en cuenta a la hora de escribir nuevos textos. A veces son palabras muy concretas, otras quizá peticiones sobre un tipo de texto y hay días en los que me sorprendéis con temas muy amplios, aunque he de deciros que, sin duda, el rey de los reyes es... "Escribe sobre mí." Pero bueno, en fin, que hasta el día que me dé por escribir biografías... Hoy nos vamos por otro camino.

"Entonces encontramos a alguien con quien desprendemos, con quien soltamos, con quien nos hacemos pedazos y eso no nos asusta.

Y encontramos a alguien a quien queremos de mil maneras y aprendemos de sus heridas, y acariciamos su pasado como si fuese nuestro. Al fin nos perdemos en unas manos, y los pies no se cansan de echar raíces. Y vivimos el hoy, sin ese miedo al mañana. Y sabemos que vendrán tormentas, y sabemos que nos visitará la incertidumbre, pero aprendemos a que el amor es así, como la vida misma; con altos y bajos para que no se nos olvide de dónde venimos y a dónde vamos.

Entonces te das cuenta de que de eso se trata el amor, de lecciones, de libertad, de aprender y enseñar. De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves, que te enseñe a mirar con otros ojos. "

Mariani Sierra


Que de eso se trata el amor nos dicen por aquí. Sí, Marifú, sí, ¡El AMOR! Por fin escribo sobre el amor, sobre cualquier amor, de cualquier forma, en cualquier palabra, pero sobre todo, con todo el cariño... Sobre el amor... Para ti. Si le preguntáis a Marifú que por qué quería ese tema os dirá que porque es bonito.

Y es bonito, sí, la verdad es que es bonito. También puede ser doloroso. Y es que el amor es ese arma de doble filo, que corta y sana, que pierde y salva. El amor puede ser alegre y a veces también triste, ser temporal o incondicional, puede ser grande, pequeño, cálido... Seguro que frío también. A distancia, o a centímetros. El amor puede ser de todos los colores y olores, de todas las formas, tipos y sabores posibles. Y es que el amor es único. En cada uno, en cada día... Único en todo su ser.

Hacia todo tipo de personas. Hacia familia, amigos, parejas, animales, quizá incluso elementos... ¡Hay tantísimas formas de querer! Esta parte es curiosa... Porque así como no habrá dos personas a las que quieras igual, tampoco las habrá que te quieran igual. Y esto no se trata de pocos ni de muchos, sino de cómo, de la curiosa manera en la que a cada uno nos late este pequeño. Pequeño que a veces duele pero que siempre, con el tiempo, acaba por sanar. 

Al amor todos lo conocemos bien y, sin embargo, cuánto cuesta definirlo, qué difícil a veces demostrarlo y, aunque suene paradójico, qué complicado a veces reconocerlo. ¿Pero no decíamos que todos lo conocíamos tan bien? A ver si no va a ser verdad... ¿Y vosotros? ¿Os atrevéis a ponerle palabras?

A mí el amor me gusta verlo como ese encogimiento de corazón. Complicado de imaginar y, sin embargo, no tan difícil de sentir. Esa sensación que a uno le da dentro, ese pedacito que se te cae del pecho al imaginar en perder aquello que quieres. Y es que el amor está también en cada lágrima que derramamos si nos falta, o en esa que se nos salta el momento en que este travieso consigue emocionarnos. El amor está en lo bonito de las cosas y en lo triste de las despedidas, está en cada rincón, en cada suspiro, cada roce. 

Porque este gran pequeño se puede dar en la simplicidad de una mirada y la complejidad de todo lo que supone un sentimiento. En la instantaneidad de un beso y la eternidad de toda una vida.

El amor es esa madre de los sentimientos que es capaz de producir todos los demás, y al que todos los demás pueden acabar llevando. Y es que no es grande ni pequeño, según Marifú es bonito, pero a fin de cuentas con que sea sincero, será suficiente.

No hay nada más bonito que querer, que andar sobre esa cuerda floja sin saber si uno caerá pero, sin embargo, encontrar la fuerza para lanzarse a esta aventura sin arnés. Mirar al sol con los ojos abiertos y sin gafas, gritar a los cuatro vientos y procurar no perder el horizonte de este atardecer, sin saber en qué momento caerá esta noche ni cuánto nos costará encontrar hoy la estrella polar.

"Ahora ya no sé si vas a poder leer esta carta, pero igual siento como una necesidad de decirte que yo contigo he sido más feliz de lo que en los libros dice que se puede."

Eduardo Galeano

domingo, 5 de marzo de 2017

"Un pajarito me contó que estamos hechos de historias" (E.Galeano)

Bueno pueeeees como lo prometido es deuda, este domingo... ¡tenemos historia! He metido todas las palabras recibidas, cosa que no ha sido siempre fácil pero sí divertido, así que espero que lo disfrutéis mucho porque si os gusta... ¡Repetiremos!
He marcado las palabras recibidas en negro para que veáis un poco el proceso... ¡Feliz domingo!

"La vida, la vida misma. Tan simple a veces y tan complicada otras. Tan divertida y tan triste, tan risueña y tan melancólica, tan improvisada y tan, al fin y al cabo, única. Serendipia. Nadie la buscó y, sin embargo, todos nos encontramos con ella. Con la vida. Un tesoro llegado “a traición”, compuesto de tantos y tantos momentos compartidos y sin compartir. Un viaje que siempre acaba terminando pero que tanto es capaz de darnos hasta entonces. Hoy, este domingo, os propongo un viaje también, hacia y por la vida de un personajillo al que acompañaremos en su propia aventura. ¿Vienes?

En realidad, os va a sonar raro, pero todo empieza en una cazuela de marmitako. Ander estaba cocinando para la comida que tendrían aquel día en la sociedad. “Ay, ¿dónde narices habré dejado el aguacate para la ensalada? ¡No lo encuentro por ninguna parte! Bueno, no importa, ya aparecerá. ¡Hoy no es día de preocupaciones sino de alegría!” Y es que… era día de reencuentro. Qué bonito era ver cómo lo que empezó en su día en una residencia de estudiantes, seguía en pie. Tantas plazoletas entre kalimotxo y canciones, aquellas noches de chupitos, las cenas y los paseos no habían caído en el olvido y, a estas alturas, tenía la certeza de que no lo harían jamás. “Bueno, venga, hay que darse prisa… ¡que llegarán enseguida!” Termino con las albóndigas y... ¡listo! ¡Al menos hoy salimos del "monomenú" del kebab!

(Ding dong, ding dong) ¡Suena el timbre! ¡Que están ya aquí! ¡Qué emoción! Y en cuanto Ander abrió la puerta, saludos, besos y abrazos con los primeros en llegar. La hora de comer se acercaba y, poco a poco, el comedor se llena de gente. ¡Empieza lo bueno! La comida fue de lo más entretenida, y entre grandes anécdotas y recuerdos, también llegan nuevas historias sobre la vida de cada uno de ellos. Pablo estaba metido en un pentágono amoroso pero, como siempre, se negaba verse en una relación cerrada. Ay, está claro que hay cosas que nunca cambian… Miguel se había convertido en un empresario de éxito en muy pocos años y Ander sintió una gran admiración por su amigo. María tuvo que dejar su querida tierra y coger una nueva vida destino Sevilla. De Aitor hacía tiempo que no sabía y Mai... En fin, Mai sigue igual que siempre.

- Oye, por cierto, ¿tienes por ahí algún enchufe? Es que me estoy quedando sin batería y la necesitaré más tarde para ver las últimas tendencias de moda. Ya sabes, hay que ir a la última siempre… - dijo Maitxu, la guapa de turno. Esta también sigue igual… divina siempre.

- Pero qué pasa contigo, ¿que te sobra el direno o qué? - le vaciló María, dejando asomar su pequeña dislexia - dinero, quería decir - se autocorrigió riendo.

- Ya está aquí, la "disléxicamente feliz" - le contestó Mai, y todos rieron. María siempre se había autodefinido así, y esto dio muuucho de sí para las bromas del grupo desde la época universitaria. - Qué, ¿no te has traído al pingüino esta vez?

Todos volvieron a reír. María tenía un peluche que, supongo que no os sorprenderá, era un pingüino, y el pobre tuvo que pasar de todo cada vez que alguien visitaba su cuarto.

- ¿Os acordáis del día que lo llenamos de purpurina? - rememora Miguel.

- ¡Aún sigue teniendo! - rió María.

A ver, paréntesis. Esto suena muy mal pero realmente no hubo tanta mala intención detrás... Solo una mala idea: llevar purpurina para el disfraz de Cenicienta de aquellos carnavales que, por cierto, también fue la última vez en la que a alguno de ellos se le ocurrió coser sin dedal... Un bote de purpurina mal cerrado volando por los aires y un pingüino brillante. Creo que os hacéis una idea de cómo fue la historia.

- Miraaaaaa, que ahora me río, pero ¡qué coraje me dio en su día!

- ¿Coraje? ¿¿¡¡Coraje!!?? ¿Desde cuándo hablas tú así?

- Ay, chico, ¡pues desde que me tuve que bajar a vivir al sur! Ya sabéis, jo, que se me pegan mucho las palabras...

- Bueeeeno, bueno, bueno, pero espero al menos que con tu presencia por aquellas tierras toda Andalucía sepa ya hablar euskera, ¿no? Quién te habría imaginado a ti viviendo fuera de Euskal Herria cuando aún no eras capaz de dar tu número de teléfono del tirón en castellano, ¡eh!

Carcajada general. Los problemas de María fuera del euskera en su día dieron para muchas risas y, al menos, para otro diccionario de la lengua.

Qué tiempos, qué tiempos aquellos...

Llegron a los postres y fue entonces cuando Aitor, que había estado más callado de lo normal hasta entonces, tomó la palabra.

- Chicos... He estado pensándolo y creo que debería contároslo...

Todos quedaron mudos.

- Hace un tiempo que no termino de encontrarme bien conmigo mismo y con mi vida. Lo que al principio parecían simples conflictos internos como todo el mundo tiene, han pasado a ser grandes inquietudes. Tengo la sensación de que la vida se me escapa y quiero aprovecharla, pero, a su vez... No sé, no sé explicarlo.
Había pensado en hacer un viaje. Una especie de búsqueda de sentido de todo esto. No sé, es que pienso que... ¿en serio hemos sido hechos solo para nacer, crecer, y morir? Universidad, trabajo, asentarnos en un sitio, boda, formar una familia... ¿Y ya? Tiene que haber algo más.

- Y... ¿qué vas a salir a buscar? -preguntó tímidamente Mireia.

- No sé... Quizá solo es una búsqueda de la búsqueda.

Todos quedaron pensativos. Parecía que Aitor iba en serio.

- ¿Y a dónde piensas ir?

- No lo sé, no lo sé... No sé nada, en realidad. Suena un poco kamikaze, pero solo sé que cualquier día cojo una mochila y me voy, ya iré encontrando la razón de seguir en el propio camino, supongo. Y espero. Pero venga, ¡alegrad esas caras de lechugos que lleváis, que tampoco se ha muerto nadie!

El ambiente en la sala había quedado un poco raro, aquella ocasión no merecía acabar con mala sensación.

- ¡Tienes razón! - dijo Pablo- Y como no hay buena fiesta que se precie y qué mejor motivo de celebración que esta amistad, os he preparado una playlist de nuestros mejores temazos... Así que... ¡a mover el esqueleto!

- ¡Dale al Play, Mai!

Y en ese momento, inundaron la sala todo tipo de "temazos" de hacía unos años. "Fanática sensual", el "serrucho" (que poco más y nos hacen una canción también con un serpentín) y, por supuesto, la canción que puso a toooodos a cantar para terminar con un "... y tras varios tequilas las nubes se van pero el sol no regresa..." Qué mítica, qué tiempos...

Pero todo lo que empieza acaba y aquella agradable comida también llegó a su fin. Esa noche, desde su casa en el pueblo, Ander estuvo pensando en lo que Aitor les había dicho. Parecía que su amigo no estaba pasando por un buen momento y quizá necesitara ayuda.  Además, estaba decidido a marchar. Y él, después de tanto tiempo, no podía dejarlo solo. Y es que en eso consiste al fin y al cabo la amistad, ¿no? Un silencioso compromiso que, si es necesario, nos puede llevar... Hasta el fin del mundo. El cinturón de Orion brillaba con más fuerza que nunca en el cielo y Ander tenía el presentimiento de que necesitaría la fuerza de aquel guerrero para la aventura que parecía tener por delante. Al fin del mundo."


Y esto es todo por este domingo, pero si os gusta la idea... ¡Seguiremos con nuestra historia!


"Los científicos dicen que estamos hechos de átomos pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias"
Eduardo Galeano

Fotografía: Iranzu López de Armentia Osés