martes, 18 de julio de 2017

NA ZDRAVÍ! Por Praga, por este viaje, por nosotras.

Por fin llegó el tan ansiado 11 de julio, cogimos un avión, llegamos a una ciudad cuyo idioma parece inventado por el propio demonio y después... Nos enamoramos. Encontramos la magia. Supongo que como cada vez que uno coge una maleta, porque todo viaje implica magia en una u otra forma. Nunca iguales. Tampoco tan diferentes.

El caso es que, con Praga, nos enamoramos. Y es que la capital checa no es solo de esas ciudades que te agradan la vista, sino de aquellas que te conquistan el corazón, que, siempre son  las más bonitas, al margen de monumentos y grandes atracciones turísticas.

Y a pesar de las largas caminatas, aún los 7 días que siguieron a aquel 11 se nos hicieron cortos, y a pesar de los contratiempos, nosotras nos empeñamos en llevarle la contraria al tiempo en cada dirección, y a dirigir nuestros pies en sentido opuesto. Siempre. Se nos da muy bien ir en dirección contraria, de verdad, os lo juro. Pero al fin y al cabo... ¿Qué más da? Si todos los caminos llevan a Roma...

Aparecimos en Praga. Totalmente perdidas, sin saber muy bien si el aire nos venía de norte o sur, intentando quitarnos de encima como podíamos todos los freetours que nos intentaban vender nada más llegar al reloj. El famoso mítico gran reloj, que ya había dado comienzo a la cuenta atrás de las horas que pasaríamos en esta ciudad. Aunque tras sortear unos cuantos paraguas y a veces incluso un poquito mojadas por la lluvia, he de reconocer que en alguno que otro caímos. Toni, ¡nos la liaste! Mereció la pena, en cualquier caso. Y nos hablaron de muchas cosas pero la verdad es...

La verdad es que, en realidad, nadie habló. Nadie habló de los constantes planes que jamás cumpliríamos, de las vueltas sin sentido, de los mapas con calles de nombres impronunciables ni de los más tontos entretenimientos por la calle. Nadie habló de disfrutar de los rincones más escondidos, ni de reír a carcajada limpia en los lugares más concurridos. Nadie habló de hacer 300 fotos ni de dejarnos otras tantas por hacer. De recordar las estampas. Tampoco de perder trenes y rumbos, de encontrar destinos y, a lo mejor, convertir cada rincón que encontráramos en destino.

Nadie habló de los momentos disfrutados. Del sabor de la cerveza invadiendo el paladar, del gusto de cada plato que probamos. De comer y beber sí, de eso sí que no cabe duda cuando se trata de nosotras. Nadie habló de noches improvisadas, tours organizados (o (des)organizados) ni canciones bailadas. De amaneceres apresurados. Ni de anocheceres tranquilos.

Nadie habló de puentes ni ríos, ni de torres, tampoco de paisajes y luces. De descubrir planetas en colinas y colinas llenas de torres, que pronto haríamos nuestras.

Nadie habló de vías. De sonidos. De risas. De sonrisas. De sueños. Nadie habló, de verdad que nadie habló. O quizá sí, pero en cualquier caso no escuchamos y decidimos vivirlo nosotras mismas, buscar nortes y sures, calles y bocacalles, e intentar encontrar nuestro propio conejo de la suerte aunque este, en realidad, nunca se dignara a aparecer. Difícil de explicar, supongo, aún más complicado de entender, me imagino. Y es que un viaje solo se puede conocer viviéndolo, pateándolo, bromeándolo y, al fin y al cabo, disfrutándolo.

Podría contaros uno a uno todos los sitios que visitamos y en todos los bares donde nos paramos. Podría hablaros de dónde encontramos las mejores fotos y qué rincones convertimos en los favoritos, pero al fin y al cabo no serviría de nada porque todo viaje consiste en encontrar cada uno los suyos propios.

En cualquier caso,  Praga nos ha robado un trocito de corazón y bien sabemos que aquel lugar donde dejemos algo nuestro, siempre volverá a ser en algún momento destino. O final. Volveremos. No sé cuándo, cómo ni con quién, pero volveremos y recordaremos todas las veces que recorrimos sus incómodas baldosas con una sonrisa. Y es que no sé si será cierto eso de que buen viaje nunca acaba cerca, pero que aquel viaje en buena compañía siempre será un buen viaje, eso, os lo aseguro.

"Keep the past, live the present." Y tú, Praga, manténte tan bonita como hasta ahora, para aquel día que vengamos a buscar nuestro trocito de corazón perdido.

Brindemos. Por nosotras, por este viaje y, por supuesto, por Praga. NA ZDRAVÍ!!

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