sábado, 8 de abril de 2017

Sobre la cuerda floja... Del amor.

Me resulta gracioso, y a la vez me gusta, cuando me pedís que escriba sobre un tema concreto. No siempre puedo hacerlo epicentro de la próxima publicación, pero os prometo que a todos los tengo en cuenta a la hora de escribir nuevos textos. A veces son palabras muy concretas, otras quizá peticiones sobre un tipo de texto y hay días en los que me sorprendéis con temas muy amplios, aunque he de deciros que, sin duda, el rey de los reyes es... "Escribe sobre mí." Pero bueno, en fin, que hasta el día que me dé por escribir biografías... Hoy nos vamos por otro camino.

"Entonces encontramos a alguien con quien desprendemos, con quien soltamos, con quien nos hacemos pedazos y eso no nos asusta.

Y encontramos a alguien a quien queremos de mil maneras y aprendemos de sus heridas, y acariciamos su pasado como si fuese nuestro. Al fin nos perdemos en unas manos, y los pies no se cansan de echar raíces. Y vivimos el hoy, sin ese miedo al mañana. Y sabemos que vendrán tormentas, y sabemos que nos visitará la incertidumbre, pero aprendemos a que el amor es así, como la vida misma; con altos y bajos para que no se nos olvide de dónde venimos y a dónde vamos.

Entonces te das cuenta de que de eso se trata el amor, de lecciones, de libertad, de aprender y enseñar. De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves, que te enseñe a mirar con otros ojos. "

Mariani Sierra


Que de eso se trata el amor nos dicen por aquí. Sí, Marifú, sí, ¡El AMOR! Por fin escribo sobre el amor, sobre cualquier amor, de cualquier forma, en cualquier palabra, pero sobre todo, con todo el cariño... Sobre el amor... Para ti. Si le preguntáis a Marifú que por qué quería ese tema os dirá que porque es bonito.

Y es bonito, sí, la verdad es que es bonito. También puede ser doloroso. Y es que el amor es ese arma de doble filo, que corta y sana, que pierde y salva. El amor puede ser alegre y a veces también triste, ser temporal o incondicional, puede ser grande, pequeño, cálido... Seguro que frío también. A distancia, o a centímetros. El amor puede ser de todos los colores y olores, de todas las formas, tipos y sabores posibles. Y es que el amor es único. En cada uno, en cada día... Único en todo su ser.

Hacia todo tipo de personas. Hacia familia, amigos, parejas, animales, quizá incluso elementos... ¡Hay tantísimas formas de querer! Esta parte es curiosa... Porque así como no habrá dos personas a las que quieras igual, tampoco las habrá que te quieran igual. Y esto no se trata de pocos ni de muchos, sino de cómo, de la curiosa manera en la que a cada uno nos late este pequeño. Pequeño que a veces duele pero que siempre, con el tiempo, acaba por sanar. 

Al amor todos lo conocemos bien y, sin embargo, cuánto cuesta definirlo, qué difícil a veces demostrarlo y, aunque suene paradójico, qué complicado a veces reconocerlo. ¿Pero no decíamos que todos lo conocíamos tan bien? A ver si no va a ser verdad... ¿Y vosotros? ¿Os atrevéis a ponerle palabras?

A mí el amor me gusta verlo como ese encogimiento de corazón. Complicado de imaginar y, sin embargo, no tan difícil de sentir. Esa sensación que a uno le da dentro, ese pedacito que se te cae del pecho al imaginar en perder aquello que quieres. Y es que el amor está también en cada lágrima que derramamos si nos falta, o en esa que se nos salta el momento en que este travieso consigue emocionarnos. El amor está en lo bonito de las cosas y en lo triste de las despedidas, está en cada rincón, en cada suspiro, cada roce. 

Porque este gran pequeño se puede dar en la simplicidad de una mirada y la complejidad de todo lo que supone un sentimiento. En la instantaneidad de un beso y la eternidad de toda una vida.

El amor es esa madre de los sentimientos que es capaz de producir todos los demás, y al que todos los demás pueden acabar llevando. Y es que no es grande ni pequeño, según Marifú es bonito, pero a fin de cuentas con que sea sincero, será suficiente.

No hay nada más bonito que querer, que andar sobre esa cuerda floja sin saber si uno caerá pero, sin embargo, encontrar la fuerza para lanzarse a esta aventura sin arnés. Mirar al sol con los ojos abiertos y sin gafas, gritar a los cuatro vientos y procurar no perder el horizonte de este atardecer, sin saber en qué momento caerá esta noche ni cuánto nos costará encontrar hoy la estrella polar.

"Ahora ya no sé si vas a poder leer esta carta, pero igual siento como una necesidad de decirte que yo contigo he sido más feliz de lo que en los libros dice que se puede."

Eduardo Galeano

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