jueves, 17 de agosto de 2017

Porque al final... Siempre nos atrapará septiembre.

Clic. Cierro el boli. Repaso haber contestado a todo lo que podía y entrego el examen. ¡Ya está! ¡Se acabó! ¡Por fin VERANO! Comienzo de esos tan ansiados meses. Temidos también, a su vez. Por aquello de echar de menos. Pero bueno, de alguna forma lo remediaremos.

Pistoletazo de salida de casi tres intensos meses, que estarán repletos de viajes y kilómetros, de fiestas, de  experiencias, de gente, de baños y de pozas, de cervezas en terrazas y conversaciones en cervezas, de reencuentros y nuevas despedidas. De aviones, trenes y buses, de ir y venir, de fotos, recuerdos y días que llevábamos meses esperando. Iba a decir que de calor también, pero me temo que eso es solo en caso de que no seas de Vitoria. Allí el concepto de verano es un tanto relativo, aunque en realidad apenas haya pisado a mi pequeña y querida Vitoria estos últimos meses.

Los días pasan volando entre idas y venidas y, poco a poco, se va acercando de nuevo septiembre. Porque al fin y al cabo... Septiembre siempre llega. Y a su vez, en su defensa diremos, que siempre nos quedará septiembre. Traerá con su vuelta nuevas idas y venidas en kilómetros. Más despedidas y reencuentros, porque en eso consiste la vida. En un tren que te separa y ese mismo que te vuelve a juntar. En buscar el andén a tu destino en cada estación, o a lo mejor simplemente en improvisar cada kilómetro de nuestro viaje en uno u otro tren, sin destino ni final, garabateando nuestra historia en cada estación. Mientras se trate de seguir escribiendo... Llegará pues, septiembre, y lo hará de la mano de una rutina pero cargado igualmente de ganas. Y llegará poco a poco el frío también, las bufandas desplazarán a los bikinis y yo... Seguiré bailando. Bajo la lluvia, si es necesario.

Este septiembre hará también dos años que yo cambié de tren y de rumbo. Siempre sé dónde tengo la estación de vuelta, claro está, pero hace dos años ya que, llena de miedos y ganas a partes iguales, comencé un trayecto que me sé de otra que tampoco olvidará jamás. Aquel fin de semana, cuando vi a mi familia coger el coche y marcharse, quedándome yo allá, había algo dentro de mí que se negaba a entenderlo. Ahora ya me he acostumbrado a ser la que se marcha y la que vuelve, a no parar y a veces incluso a no ser esperada, aunque la espera por nuevos reencuentros siempre merezca la pena. Sin embargo, este domingo la historia cambia; y es que esta vez, a lo que no estoy acostumbrada es a ser yo quien se suba al coche y deje a otro pequeño miembro en tierra.

Cómo pasa el tiempo y quién habría dicho que ahora es al moco de mi hermana a quien le toca marchar, que ahora es ella quien empieza la uni, supongo que con una mezcla de emociones dentro, como todos hemos tenido. Madrid parecerá muy grande al principio pero supongo que al final acabará encontrando su propio pequeño rinconcito. Te va a gustar, lo sé.

Más despedidas y más Erasmus y tras cada adiós una promesa, como siempre. Os esperaremos con los brazos abiertos. Nada va a cambiar, lo prometo.  Me acuerdo en especial de tres personitas a las que seguro echaré de menos pero que más segura aún estoy de que lo disfrutarán tanto que no querrán volver a vernos. O quizá sí. En cualquier caso tendrán que volver y... Aquí estaremos. Como siempre. Ane, Paula, Uxue, disfrutadlo.

Y al final, entre tanta reflexión y letra lo que que ha pasado ha sido, que una vez más se nos ha acabado el texto del domingo. Ah, sí, y que nos ha atrapado septiembre.

"Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias."

Eduardo Galeano

P.D. Siento el parón de este agosto por aquí pero lo llamaremos "cerrado por vacaciones". O más bien que no sé ni en qué día vivo, pero es menos romántico. En cualquier caso, estamos de vuelta para empezar un nuevo año con fuerza. Porque en dos días, además... ¡Esto cumple su primer añito! Pero eso ya, es otra historia. ¡FELIZ SEPTIEMBRE!

No hay comentarios:

Publicar un comentario