La vida es un viaje. Un viaje de viajes. Un viaje de relaciones y de gente, en el que a veces uno tiene la suerte de encontrar a su más fiel compañero. De viaje, claro. La vida es llorar y reír, disfrutar y luchar, caer y levantarse. La vida es echar de menos, llorar en kilómetros y morir en abrazos de vuelta. Qué ironía, vivir a distancia para morir en un abrazo. La vida es muchas cosas y, lo más bonito de ella, es ese alguien con quien compartirla, en todas sus facetas y días, en subidas y bajadas.
“La distancia es solo para valientes”. Y es que junto a ti encuentro esa valentía para vivir a corazón abierto. Gracias por acompañarme en cada aventura y en cada decisión. En las buenas, pero también en las malas. Por echarme la bronca cuando me lo merezco pero ante todo, nunca nunca nunca dejar de apoyarme. Por confiar incluso con los ojos vendados, porque cuando uno quiere, no le hace falta ver. Sentir es suficiente.
Te quiero a moriry a matar, a reír y a llorar, a verlas venir y hacerlas pasar. Te quiero ante cualquier situación, bajo cualquier circunstancia, con todo el corazón que tengo y el que me queda. Te quiero contra viento y marea, de verdad, desde lo más profundo de este pequeño que me acompaña desde la izquierda y me va arrastrando por la vida. Te quiero en tus días más grises y también en los más alegres, en tus carcajadas y lágrimas. No solo en las tuyas, también en las mías, porque siempre estás en ellas. Y es que te quiero aquí, a mi lado, el resto de días que me quedan. Siempre acudiría en tu rescate si lo necesitaras. Te sacaría de entre las arenas más movedizas y la jauría de lobos más hambrienta. Y si no pudiera hacerlo, me quedaría contigo en cualquier caso, incluso aunque nos dirigiéramos hacia el agujero más negro de todos, visto desde un observatorio en el cielo de Praga. Y es que contigo, me iría de nuevo hasta Praga o hasta donde hiciera falta. Porque de tu mano no me falta fuerza para enfrentarme a nada, por muy difícil que parezca. Según algunos, exageraré, supongo, pero eso solo lo dicen sin conocer sobre qué hablo. Porque solo se puede entender una amistad como esta cuando uno se encuentra tras ella, durante los días más duros y mediante todo el sentimiento y corazón que hemos puesto en ella. Yo también pondría la mano en el fuego todas las veces que hiciera falta. Y sé, a ojos cerrados y corazón abierto, que no me quemaría jamás.
Y en definitiva, espero que te hayas dado cuenta ya de que te quiero con preposiciones y sin excusas, en cada copo de una noche de diciembre y en el caer de unas hojas que pronto comenzará con la inminente llegada del próximo otoño. Sin pretextos porque no los necesito, pero con todas las razones del mundo.
Me has regalado los años más bonitos que una amistad puede conocer, y eso, de verdad, es algo que no voy a olvidar nunca. Solo te pido, por favor, que sigas cumpliendo años con la misma alegría y sonrisa, con la misma fuerza, con las mismas ganas. Con la misma sinceridad y fidelidad, con la misma vida y, sobre todo, que sigas cumpliendo años junto a mí. Porque siento presentarme con las manos vacías en la fiesta de tus 20 pero resulta que hoy el regalo, un día más, me lo haces tú siguiendo a mi lado. No me faltes nunca, por favor, aunque una vez más cierro los ojos, pongo la mano en el fuego y no me quemo, diciendo que nunca lo harás.
FELICES 20 CORAZÓN, porque el mío, es todo tuyo.

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