sábado, 31 de diciembre de 2016

Bragas rojas, champán en mano y contemos.

Un 1 de enero solo se puede decir una cosa. Y hay cosas que solo se pueden decir un 1 de enero aunque, para qué nos vamos a engañar, todos lo acabaremos alargando unos días adelante, así como llevamos unos días haciéndolo ya. A lo que iba: FELIZ AÑO.

Qué poco original, pensaréis. Y sí, no os voy a quitar la razón, un texto como este un día como el de hoy es poco original pero... en el fondo es necesario. Hoy vengo a sonreíros este empezar de calendario.

"Bah, total, para qué, si va a ser el mismo año de mierda que todos los demás", pensarán los más cenizos. No seré yo quien os diga que el mundo no está en la mierda. Tampoco quien os lleve la contraria diciéndoos que seguro que es un año maravilloso y desde luego no seré yo quien intente convenceros de que todo lo que ocurra este año será bueno, porque sé de primera mano que no es así. Que todo buen momento vendrá acompañado antes o después de alguno malo, y que 2017 tampoco será del color de rosas. Nadie nos prometió que lo fuera a ser.

Pero sí que me permitiré venir a contaros hoy que el gris, cuanto más blanco lleve, menos gris es. Y que así como los buenos momentos se verán empañados también por malos, no habrá mal eterno. Que lo bueno también acaba llegando siempre. 

Empieza un nuevo año. Nuevo calendario en la pared, y a empezar a contar de nuevo.

¿Contamos hacia adelante? ¿O preferís una cuenta atrás? Bueno, cada uno que cuente como quiera, porque una vez más, no seré yo quien os diga cómo hacerlo. De lo que sí que os hablaré es de qué es lo que cuenta. Cuenta tu gente. Los amigos, la familia. Una (sobre)mesa en la que compartir esos momentos que, a decir verdad, no siempre pueden ser todo lo frecuentes como nos gustaría, pero que desde luego cuando son, se agradecen. Momentos junto a aquellos que siempre, siempre, SIEMPRE serán tu paracaídas más seguro o, en su defecto, tirita. Aquellos que siempre serán la mano tendida que necesitas. Los que recorrerán los kilómetros que sean necesarios cuando lo pidas y, para qué nos vamos a engañar, también cuando no lo pidas. Porque tú por ellos darías la vuelta entera al mundo. De su mano, por favor. Cuenta la gente, que siempre es el paisaje más importante, el plato más sabroso y el motivo más grande. Y el trocito más especial de mi corazón, por supuesto.

Cuentan las risas. Las bromas, las tonterías, las anécdotas, las ocurrencias. Cuenta romperse en cada carcajada, quedarse sin aire, echarlo todo fuera y que se lleve con él todos los disgustos. Así, de golpe. Como cuenta también cada golpe sobre la mesa. Cada vez que demostramos que fuimos capaces, tal y como dijimos el día que nadie nos creyó. Pero tranquilos, porque también cuenta cada vez que no lo conseguimos. Cada fracaso. Cada día de frustración. Las veces que apretamos los dientes con fuerza y rabia porque las cosas no eran como nosotros las queríamos. Y que esa misma fuerza sea la que nos sirva para dar el próximo paso. Cuenta cada paso, de hecho. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" decía Machado. Todo tiene que empezar por algún punto. Y ese punto... puede que acabe resultando ser este. Cuenta cada punto también, da igual de qué tipo. Punto y aparte, punto y seguido, puntos suspensivos, punto de inflexión, punto sobre la i. Punto final, quizás. A vuestro gusto. Cuenta también el gusto. Degustar cada momento, cada día, cada uno de esos sabores de los que está llena esta vida.

Cuentan las lágrimas. Cuenta ser humano. Llegar a nuestro límite, sobrepasarnos, colmar el vaso. Cuenta frustrarse, desmotivarse, llorar. Cuenta tener malos momentos, cuenta llorar esos malos momentos. Cuenta que duelan, ¡CLARO QUE CUENTA! Pero después, cada cosa a su debido tiempo, no solo es que cuente sino que toca levantarse. Siempre.

Cuenta sacarle la lengua a la vida, eso siempre cuenta. Buscarle las cosquillas, encontrar cada día una nueva manera de hacerlo un poquito diferente. Cuenta ser una variante distinta del mismo de siempre, reinventarse al fin y al cabo. Cuentan las bromas. Cuentan las sonrisas, los buenos días, las buenas noches, los besos y los abrazos. El cariño, cuenta el cariño. Y siempre se agradece recibirlo.

Cuenta emocionarse. Con lo que sea. Con un libro, con una película, con un momento, con un gesto, con unas palabras. Eh, bueno, así como paréntesis, si alguien quiere emocionarse con estos textos también le dejo, vale, graciaaaas. Y no, esto no era para justificarme cuando lloro por todo. Que lo hago, desde luego, pero no necesito justificarlo. Porque eso también cuenta, ¿o no?

Cuenta ilusionarse. Con lo que sea. De verdad. Y no solo es que cuente, sino que os lo pido. Ilusionaros. Con lo que queráis, con una persona, con un nuevo proyecto en vuestras vidas, con un nuevo destino, con un nuevo trabajo, con decorar una nueva casa quizá, por mucho que vuestra hija reniege al principio. Pero oye, ¡es que también cuenta renegar! No conformarse, protestar por lo que no nos gusta.

Y para terminar, como no podía ser de otra manera, cuentan los reencuentros. Cualquier viernes de vuelta a casa, o una comida especial. Que el tiempo se congele y la mesa se llene de anécdotas de momentos pasados juntas. Cuenta recordar todas esas etapas que vivimos a la par, cuánto aprendimos juntas, cuánto crecimos de la mano. Cuenta saber que marcasteis una época que no se olvida, y por supuesto, cuenta ese reencuentro del que hablábamos alrededor de una mesa, unos cuantos vasos rotos, alguna copa y esa nostalgia revivida. Aquellos años tampoco serían perfectos, pero fueron nuestros. Como todos los que están por venir. El otro día hablábamos de morder y, joder, hacedme el favor de morder todos estos años. Pero de morderlos bien. Fuerte. Cada puto día. No os lamentéis un 31 de diciembre de todo lo que no habéis vivido y no os hagáis falsas promesas un 1 de enero. Centraros en morder la vida, pero centraros cada día. Cada lunes. Y cada domingo. Cada 1 y cada 13.

"Ojalá los propósitos que hacéis entre copa y copa con bragas rojas y el pie izquierdo levantado, los hicieseis todos los días cuando vuestro despertador suena. Me gustaría que todas las ilusiones que nos empeñamos en hacer realidad en Navidad, luchásemos por conseguirlas un miércoles cualquiera."
Loreto Sesma.

Y qué razón tiene. Llega un nuevo año. Un nuevo calendario, un nuevo uno. Llega el momento de corregir ese 2016 que pondremos automáticamente en la fecha durante (incluso) meses y, aunque lo que hayamos hecho hasta ahora ya no podemos corregirlo, llega una nueva página en blanco sobre la que escribir. Algunos lo haremos al pie de la letra (y nunca mejor dicho jeje) y en alguna línea de esta página os equivocaréis seguro, os lo digo desde ya. No os molestéis en buscar typex; garabato y para adelante. Que queden plasmados los errores, sinónimo de que nunca fuimos ni seremos perfectos, pero resulta que tampoco buscamos nunca serlo. Llega la misma oportunidad que tenemos todos los días para reinventarnos, para guiñarle un ojo a la vida y desafiarle con el otro, sacarle la lengua, abrirle los brazos, ponerle el pie encima y pisarla con fuerza. 365 días por delante antes de acabar de nuevo en esta misma reflexión. 365 mañanas por delante hasta que volvamos a echar la vista atrás a nuestro ahora nuevo y pronto viejo año, 365 noches para inspirarnos y papel y boli, sigamos escribiendo esta historia. 365 nuevas oportunidades.

Aprovechadlas y... sed felices.

Nos despedimos del 2016 con bragas rojas, champán en mano y contando. Y, además de eso, yo quiero pedir un deseo. Hoy solo le pido al 2017 terminarlo con la misma compañía con la que lo empecé. Pido esta mesa, y este brindis por y para nosotros. Seguir haciendo el tonto con esta familia cada 31, seguir disfrutando de esta noche con las mismas de siempre y dar el pistoletazo de salida con la otra parte de la familia. Reunirme con todos en menos de 24 horas, al fin y al cabo. Y es que sois vosotros la mayor de mis suertes y el más sincero de mis deseos. Os quiero.

"Creo que una de las mejores sensaciones del mundo es reírse con otro y, a mitad de risa, darte cuenta de cuánto disfrutas con esa persona y de su existencia." Anónimo

Nos despedimos del 2016 con bragas rojas, champán en mano y contando. Y este año, este 31, este 2016 vengo a contaros que cada día tengo el corazón más dividido porque hay una parte del él que ya habita a 262 km. Bueno, 262 al lugar que me dio la oportunidad de coincidir con ellos, pero en realidad, se han dedicado a repartir mis trocitos por todo el mapa. No estáis aquí presentes pero en este empezar de calendario os tengo muy presentes. 2017 nos seguirá regalando muchos momentos, y muero por vivirlos a vuestro lado.

Básicamente, FELIZ AÑO NUEVO A TODOS y... que tengáis un bonito 2017.

"Cuando suceden las cosas solo puedes vivirlas; si son alegres procurando abrir los poros para que entren lo más posible; las tristes, sacando la cabeza para que ese trocito de ahí arriba no se te ahogue." Carmen Martín Gaite.

Fotografía: Sara Tomillo

viernes, 2 de diciembre de 2016

Sin pelos en la lengua

"¿Ya tienes pensado de qué va a ser el texto de este domingo?"

Dani López, fiel lector de mi pequeño rinconcito, jueves de plazoleta, 20:30 de la tarde.

"Pues no, aún no... ¿Alguna propuesta?" Y una serie de propuestas y proposiciones desproporcionadamente... Profundas, digamos. Sí, dejémoslo en profundas, y no profundicemos más.

Dani López, fiel lector de mi pequeño paraíso, viernes de postplazoleta y prepuente, 10:30 de la mañana. "¿Y ahora Leire? ¿Ya has pensado el tema?"

"No Dani, aún no..." Y aquí sí que cojo papel y boli y apunto la marea de ideas que llegan despuntando desde cada punto de la puntiaguda mesa. Que si el sur, que si la discriminación sexista en los juguetes ahora que viene la Navidad, que si depilaciones (sí, sí, tal cual, y esto no lo digo yo) para arriba o por abajo y una clara conclusión: sin pelos en la lengua.

Las cosas claras y el chocolate espeso. Y la sopa caliente y la ensalada fría. Y de nuevo 4 platos en esa mesa que últimamente solo viste 3. Casi 300 kilómetros para ser recibida por una cálida sonrisa que te helará la naricilla con sus termómetros vestidos de bajo cero. "Vitoria-Gasteiz", me da la bienvenida un letrerito. Sonrisa. Otra vez, otra vez en casa, por fin. Reencuentros que han precedido a otras despedidas unas horas antes y unos días de cercanía, y de distancia, por delante. Y es que siempre que hay dos extremos dejas algo a uno de ellos. Pronto se volverán a convertir en despedida y después, nuevo reencuentro. Y otra vez uno de los puntos desiertos en el mapa. Ley de vida. Y de muerte.

Seguimos en el camino, en la vida al fin y al cabo, variando y desvariando. Y es que cada punto final en estas páginas tiene un motivo detrás. Cada tema tiene una parte vuestra. Una inspiración, una sensación, una frase, una forma de ser, y a partir de ahí, mi tinta desvariando en horas y en conclusiones y filosofías. Escribo mi vida por vosotros y os escribo a vosotros en mi vida. Porque sois vosotros quienes la escribís. Cada. Puto. Día. Ups, perdón, pero hoy prometimos ir sin pelos. En la lengua, o bueno, en fin, donde se quiera, o donde no se quieran, quién soy yo para juzgarlo.

Muerde, muerde fuerte. La vida, no la dejes escapar. Muerde, saca los dientes. Ante la gente falsa, ante lo que no te guste, a lo que no estés dispuesto a soportar. ¿La discriminación sexista en los juguetes? Muérdela. Y que duela. ¿La depilación? Muérdela. Y que hiera. Mordeos de todo, menos la lengua.

Dani López, sigo sin tener ni idea cuál es el tema de este domingo. Tampoco sé si quiero saberlo. Sobre lo que me va saliendo... De la punta de la lengua.

"El individuo ha luchado siempre por no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de poder ser uno mismo."

Friederich Nietzsche.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Be water. Always.

"Memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente, y optimismo desafiante para encarar el futuro."

Isabel Allende.

Estamos destinados a hacer daño. Todos, en algún momento u otro, consciente o inconscientemente, pero todos acabamos siendo en algún momento flecha y sangre.

También estamos destinados a ser dañados. A convertirnos en herida de vez en cuando, y en yaga en la que alguien acabará metiendo el dedo, seguro. Después acabaremos siendo costra para poder sanar y recuperarnos y, para qué nos vamos a engañar, estar destinados a ser heridos de nuevo.

Nos tocará ser tirita alguna vez seguro. Agua oxigenada, gasa, esparadrapo y a veces incluso el botiquín entero. Estaremos allí sosteniendo a amigos y familia en cada caída, como ellos lo harán y lo hicieron cada vez que nosotros tropezamos. Seremos consuelo, pañuelo para llenar de lágrimas y a veces incluso consejo. O simplemente desahogo.

Seremos los culpables de que alguien tenga que ser tirita alguna otra vez. Y habrá ocasiones incluso en las que seamos ambas a la vez.

Y es que estamos en constante movimiento, en constante conocer y "desconocer" personas. Nuestra vida no es estática y ni siquiera va al compás de las del resto. Y así, acabaremos tropezando con las vidas de otros en el momento más doloroso de estas, o quizá seamos nosotros mismos quienes nos convertiremos en su momento más doloroso. Cuántas veces hemos repetido ese "si es que... si me hubiera pillado en otro momento..." Pero no, los momentos llegan cuando llegan y las personas se cruzan cuando se cruzan, y nunca lo hacen solas. Siempre estará la nueva ilusión de un amor para alguien que todavía no ha olvidado al último, o quizá llegue la mayor empatía y apoyo en el momento justo al borde del suicidio.

Siempre habrá un "mientras", porque las vidas se solapan, y mi vida se solapa, y las vidas de las que me rodean se solapan con la mía y con mis historias y con mis idas y venidas (que tampoco es que sean pocas). Y luego yo me solapo con las suyas, y con el resto de sus solapamientos, y me acabo autosolapando antes de que os vuelva solapadamente locos.

Siempre habrá dos corrientes de aire que se encuentren, dos frentes fríos que se hagan más fuertes y después acaben chocando con el frente caliente más loco de todo el planeta (ikusi eeeh Mikeel, nola entzuten zintudan klaseann...). Siempre habrá dos ríos que confluyan y acaben fundiéndose con un inmenso mar y después fluyan y acaben influyendo porque es imposible vivir sin dejar huella en alguna parte. Hablando de fluir... Qué bonita la teoría y qué difícil la práctica, ¡eh! "Be water", ¿no? He escuchado esa frase muchas veces estos últimos meses de alguien que sabe de primera mano que esto no siempre es fácil y que a veces cuesta pero que al final, acaba mereciendo la pena. Fluir. Dejarse llevar, cerrar los ojos y dejarse arrastrar por esa corriente interior que a alguna parte nos acabará llevando. ¿Dónde? Ahí está lo bonito... En descubrirlo. Dejarse caer en cascadas, dejarse revolver en remolinos y subir y bajar en corrientes. ¿Pero sabéis por qué debemos sobre todo ser agua? Porque esta siempre encuentra la forma de seguir adelante. El agua siempre encuentra un camino alternativo a su cauce si se encuentra algún impedimento en él. No pierde el tiempo en discutir con este y simplemente encuentra la forma de sortear cada obstáculo, de atravesar piedras, barreras e incluso muros. Siempre. Nunca para, nunca frena, nunca se achanta ante una nueva dificultad. Simplemente fluye, y fluye, y siempre consigue llegar a donde quiere.

Yo también quiero ser agua. Y superar cada obstáculo, cueste lo que cueste. Enseñarle los dientes a la vida, traiga lo que traiga, mirarle desafiante, sacar una nueva tirita de la caja y gritarle: "Ya no podrás con nosotras. Jamás."

Quiero fundirme en mil horizontes y mil cielos, que al fin y al cabo no son más que facetas de uno mismo, y recordar que siempre habra corrientes que se junten, que las habrá que se unan y las habrá que se contrarresten y ante estas últimas, ser agua para esquivarlas.

Presente, pasado, futuro. Tres etapas en la vida de cada uno y 2000 (otra vez) solapamientos en cada una de estas. Es imposible no coincidir, lo juro. Así que disfruta de tu presente recordando lo que necesites de tu pasado y sabiendo que hay un futuro que está por venir. Siempre. Sea cual sea. Y sé corriente, horizonte atardeciendo, amanecer en el horizonte, viento huracanado, brisa suave, fuerte cascada y sobre todo... Agua.

Aunque técnicamente eres mayoritariamente agua así que... ¿Por qué no pruebas a fluir?

"Los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida.
No es el fin del mundo.

Es el inicio de uno nuevo."

(Desconozco el autor)

viernes, 18 de noviembre de 2016

Aquel pájaro que vuela tan alto

Todos tenemos un día en el que echamos la vista atrás. Miramos lo que fuimos, vemos lo que somos. ¿Y qué ha pasado mientras tanto? La vida. La nuestra. Hoy os dejo un pequeño texto al que yo personalmente le tengo mucho cariño y que aunque tiene ya un añito, no caduca. Muchos sé que lo habéis leído ya. 
Para los que leéis por primera vez, espero que lo disfrutéis. Los que lo tenéis ya leído (y probablemente incluso recitado) gracias por volverlo a deslizaros. Yo lo sigo sonriendo como una niña. 

Punto de reflexión en el camino para mirar aquel pájaro que vuela tan alto.

"No sé dónde estás ahora, si estás muy cambiada ni si sigues sintiendo la vida de esa forma tan especial. No tengo ni idea de si habrás llegado muy lejos, de cuántas veces habrás tropezado en el camino ni cuántas noches habrás tenido que pasar entre lágrimas. No sé con cuántas historias más te habrás emocionado, cuántos países habrás pisado (y cuántos te habrán marcado) y si seguirás yendo con la gente con la que solías salir.
Supongo que seguirás odiando esa manía que tienen tantos de fijarse solo en el presente. De negar todo sentimiento que le produzca el pasado, o el futuro. De fingir que nada de lo vivido les ha marcado y decir que no le tienen miedo (y a la vez ganas) a lo que vendrá con el paso de los días.
A veces me gustaría verte. Coger una bola de cristal y ver tu recorrido durante todos estos años, reír con cada locura que te hayas lanzado a hacer y llorar con cada momento duro que te haya tocado pasar. Me gustaría saber cuánto has peleado por cada sonrisa, tuya y de otros, y con cuánta nostalgia has vuelto a tu ciudad natal, a tus amigos de siempre, al calor de tu familia. Me gustaría ver cuánto te ha cambiado la vida y comprobar si todavía sigues escribiendo (y a cuántas personas más se lo has confesado). Cuánto te ha quitado, o cuánto te ha dado el paso de los días. Si sigues con ese espíritu y esa forma de ser tan tuya.
¿Y cuántas veces más te habrás enamorado? De la vida, digo. De lo emblemático de cada amanecer y lo mágico de cada atardecer.
Seguro que cuando pasas por sitios en los que tanto has vivido aún te paras. Por mucho tiempo que haya pasado, te quedas mirando cada uno de esos rincones con una sonrisa tonta, y con la imagen muy viva de un pasado que vuelve en cuestión de segundos… y de sensaciones.
Me pregunto si sigues mordiendo la vida cada mañana. Si sigues luchando con la ilusión de un niño cada segundo, y si no has empezado a limitarte a existir sino que sigues viviendo. Cuántas tardes más habrás pasado alrededor de unas cervezas junto a la mejor de las compañías.
¿Sabes qué es lo más bonito de encontrarte con gente a la que hace mucho tiempo que no veías? Comprobar que a pesar de todo, aunque hayan cambiado, siguen manteniendo su esencia. Que son distintas de la misma forma de siempre. Todo lo que vivimos, todo, nos marca. No debemos empeñarnos en olvidar el pasado, nuestra historia, porque es la que nos ha llevado a ser quienes somos


¿Ves aquel pájaro de allá? Sí, ese, ese que vuela tan alto. El mismo que te lleva entre sus patas esta carta hacia mi propia versión del futuro. Se llama tiempo, y habrá desaparecido para cuando quieras echar la vista atrás."

"De vez en cuando hay que hacer una pausa
contemplarse a sí mismo sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras sino contarse las verdades"

Mario Benedetti

Fotografía: Elli Williams (Orkney, Escocia.)

Palabras al viento


Supongo que todos tenemos, entre todos los escritos que llevamos a la espalda, algunos a los que les tenemos especial cariño. De esos textos que quizá por las circunstancias o quien sabe exactamente por qué, nos inspiran una ternura especial.

Hoy también tiro un poquito de hemeroteca, pero lo hago con más cariño que nunca. Espero que entendáis el sentido que en su día le quise dar, pero sobre todo, lo interpretéis como lo interpretéis, espero que lo disfrutéis. 

Gracias por cada domingo. Por llevaros mis palabras, y traerme las vuestras. Y un domingo más... Os dejo entre palabras. 

"PALABRAS AL VIENTO

Nunca te lo dije. Nunca te confesé que me encantaba que me rozaras la cara, sentirte en mis mejillas, tan frío y tan suave a la vez.
Nunca te lo dije. Nunca te confesé que me enamoraba que me revolvieras el pelo, como si eso pudiera hacer que todas mis dudas se asustaran y escaparan.
Nunca me atreví a susurrarte que no había momento más dulce para mis oídos, ni para mi corazón, que cuando me traías las palabras, las sensaciones y la poesía, junto con un café de buena mañana. Nunca supiste la gracia que me hacía la extraña manía que les tenías a los paraguas, y aún me entra la risa al darme cuenta de que jamás me dejaste abrir uno a tu lado. Llamabas hipócritas a todos, porque consideraban dañina la lluvia en vez de los verdaderos venenos de esta vida. Se protegían de bailar bajo la lluvia, de reír haciéndolo, y en cambio buscaban la boca de cualquiera con ganas de pelea, o de dejar corazones hechos añicos, y prestaban los suyos.
Nunca fui capaz de confesarte todos los sueños que tuve, enredada en tus labios, como se enredaban las palabras en los míos, y tú venías a hacerles cosquillas hasta que, al no aguantar más estallaran y salieran por fin. Siempre fuiste mi inspiración y mi tinta. Siempre.
Desearía.
Desearía con todas mis fuerzas tener la valentía de abrir de nuevo el baúl donde guardé todas las palabras que trajiste y moriría por volver a escuchar todas las que te llevaste con tu marcha. Y, estoy segura, se volverían a colar todas las lágrimas por los resquicios de entre mis párpados como cada vez que me leías uno de tus textos. Volabas, y volaba, y en definitiva volábamos juntos. Eso era lo más bonito de todo. Juntos. Tú eras el que me daba alas.
Pero también eras tú quien me las cortaba. Me entraban las dudas, aunque esto tampoco te lo dejé caer nunca, y al final fui yo la que caí, desde el precipicio que había entre la ceja que levantabas cada vez que no entendías algo hasta esos garabatos que hacías.
También me pintabas. Aunque no sé si cuadros o en cuadros. Me pintabas los lugares más bonitos que podría imaginar y me prometías que algún día me llevarías allí, que pronto podrías dibujar mi silueta también sobre aquellos lugares. Ingenua de mí, que te creí.
Como te creí en cada poema que me susurraste. No había nada que me gustara más de ti. Tu vocación de enamorarme con la forma tan especial en que sentías, percibías y transmitías todo. La forma en que jugabas con las palabras, o con mi falda.
Hasta las flores te seguían con la mirada cada vez que pasabas por delante, y a veces incluso eras tú quien se las llevaba, precisamente, por delante.
Había días en los que arrasabas con todo, y con todos. Eras pura vitalidad. Tanto… que hasta hacías incendio de la chispa que saltaba por el cortocircuito que se producía entre cabeza y corazón.

Nunca te lo dije. Nunca te lo confesé. Nunca me atreví a susurrarte todo esto para que supieras lo que te disfruté y lo que te echo de menos. Tampoco seré capaz de confesarle a nadie que a veces le escribo cartas. Que le escribo cartas...

al viento."

"Estos poemas

Estos poemas los desencadenaste tú,
como se desencadena el viento
sin saber hacia dónde ni por qué.

Son dones del azar o del destino,
que a veces
la soledad arremolina o barre;
nada más que palabras que se encuentran,
que se atraen y se juntan
Irremediablemente,
y hacen un ruido melodioso y triste,
lo mismo que dos cuerpos que se aman. "

(Pedro Guerra)


Fotografía: María Ángeles Osés

P.D. El viento, por cierto... Que crea tantos destrozos como arreglos, tantos perfectos como imperfectos. El viento con ese ímpetu que todo lo lleva por delante. Y una casa antigua que... Será otra historia. Mil añicos de un cristal y seguro que de algún corazón, cada trozo con su esencia y su presencia y su diferencia y... Quizá algún día su ausencia. 












Siempre fui. Siempre soy.

Para este domingo os dejo con un texto que tiene ya algunos mesecitos, pero en realidad hay cosas que nunca cambian. Y es que yo siempre fui. Siempre fui de.

"Siempre fui de letras. De coger un papel y dejarme llevar, de improvisar escribiendo… y viviendo. Siempre fui de buscarle el sentido a las palabras al mismo tiempo que les buscaba también el sinsentido. Mezclar las letras entre ellas hasta que acaben por ser incapaces de formar algo con un mínimo de significado. Siempre fui de juegos de palabras, de encontrar la vuelta de la esquina, de perderme en frases, en letras, en pensamientos o en sentimientos.

Siempre fui de sentimientos, de hecho. Y yo no sé si toda persona sensible escribe, pero os puedo asegurar que todo aquel que escribe es porque siente. Y siente dentro además, con todo. Siempre fui de percibir todo de una forma distinta, o al menos intentarlo. De vivir de la misma forma en una manera diferente. “El poeta es alguien que siente lo mismo que tú, solo que él lo siente mejor” leí hace poco. Y por qué no. Puede ser.

Siempre fui de los míos. De necesitar sentirlos cerca, sentir las risas cualquier tarde y, para cualquier noche, tener un hombro sobre el que llorar. De ver cada día en ellos una razón por la que sentirme afortunada. Feliz. Siempre fui de la reunión familiar de sobremesa, de una cena en casa, de unas cervezas en la barra de algún bar que te acaben haciendo filosofar un poco más de la cuenta.

Porque también fui siempre de filosofar. De buscarle el sentido a las cosas sin querer encontrarlo. De encontrar un posible sentido y acto seguido buscar algo con lo que poder llevarle la contraria; que no se acabe la charla, que no termine de fluir el pensamiento. O quizá es que no vea nada seguro. De hecho, es que no hay nada seguro. Cada día es una nueva perspectiva y cada amanecer un nuevo paisaje. Las cosas cambian, las condiciones cambian, la gente cambia. Pero la esencia se mantiene.

Siempre fui de opciones. O me aceptan, o hasta nunca. Que lo siento si no encajo en tus planes, pero quizá tus planes tampoco encajen en mí. Soy un ovillo de virtudes y defectos, un saco lleno de sorpresas tan predecible a veces y tan inesperado otras. Soy muy yo, y quizá tú eres demasiado tú. Así que si no te intereso, cierra la puerta que entra el frío, y se me escapa la paciencia. 

Siempre fui de dejarme guiar por lo que me transmite la gente. Por lo que me dice cada persona no solo con palabras sino con gestos, con acciones y con formas de actuar. Por lo que me dicen sus ojos cuando hablan de lo que más le gusta, y por lo que me hace sentir cuando les cuento algo que me preocupa. Siempre fui de conocer a la gente con los ojos cerrados, que se siente mejor. Siempre fui de confiar. Por si acaso. Quizá vienes a revolucionar mi vida. Y si no es así, al menos creo que nos merecemos un café en esta fría tarde, ¿o no?

Ya lo habéis visto, ya lo veis. Siempre fui de muchas formas distintas y de una misma. Los que me conocéis supongo que ya lo sabéis bien. En todo caso, siempre fui de vivir. De vivir el momento y dejarme llevar por la vida. De improvisar porque no conozco otra forma de existir y porque en realidad, no creo que la haya. Siempre fui de esperar a lo que venga, que ya será tiempo de reaccionar entonces. Y que la vida fluya, que siga fluyendo."

"Entiéndeme. No soy como un mundo ordinario.
Tengo mi locura, vivo en otra dimensión y no tengo tiempo para cosas que no tienen alma."

Charles Bukowski.


Forografía: Iranzu López de Armentia Osés

sábado, 5 de noviembre de 2016

8 manos, 8 ojos, 4 sonrisas y 4 corazones.

"Estúpido es creer que el regalo está dentro del paquete; siempre, siempre, siempre son las manos que lo entregan."

Pero en realidad hoy no vengo a hablaros de regalos. O al menos no de regalos físicos, no de los que se entregan en paquetes. Hoy vengo más bien a hablaros de esas manos. De aquellas que se llenaron de toda la paciencia del mundo en tantas tardes en el patio de la ikastola; de todo el cariño del universo en cada abrazo; de toda la magia del planeta en cada comida; de toda la imaginación de la galaxia en cada historia. Hoy vengo a hablaros de unas manos que fueron, seguro, la primera de las visitas un 2 de julio en Txagorritxu, y que acudieron, puntuales, a cada una de las citas con sus nietas durante estos 19 años. No sé bien cómo de perdidos estaríais hasta ahora, pero me acabáis de pillar.

Hoy vengo a hablaros de 8 manos, 8 ojos, 4 sonrisas y 4 corazones. Y no, no es un temible monstruo precisamente...

Hoy vengo a hablaros de mis 4 abuelos, que son los 4 mayores tesoros que tengo, y por supuesto, siempre... El mejor regalo.

Ellos han sido durante estos 19 años los cuentos más tiernos y las anécdotas más divertidas. Su casa ha sido siempre la cama donde mejor se dormía y el lugar donde más rápido pasaban las horas. Su mano ha sido siempre la primera que ha estado tendida, antes incluso de llegar a pedirla. El apoyo que siempre estuvo en los momentos difíciles y los primeros en alegrarse con cada logro.

Ellos han sido tardes y tardes jugando, y escuchando, y aguantándonos con el mayor de los cariños por bandera. La más bonita de las ilusiones en cada encuentro, la mejor de las compañías durante cada pequeño o largo rato.

4 polos opuestos, 4 personalidades tan diferentes que, cada uno a su manera, consiguieron un mismo resultado: un amor incondicional por todos sus nietos.
Y mientras unos pasaban calor, los otros te subían la cremallera de la txamarra (me perdonaréis la palabra) hasta que, si tenías la suerte de que no te pillara la barbilla, la pobre cremallera acababa haciendo esfuerzos para no salirse de su sitio. Y mientras unos cantaban, los otros callaban. Con unos aprendías a saltar a la soga. Y los otros te veían quitarle los ruedines a la bici. Unos te llevaban a celebrar goles (o, no bueno, lo que se pudiera...) las tardes de domingo en Mendi y los otros a llenar la cesta de setas y descubrir los rincones que esconden los Pirineos.

Los paripés cada Navidad para que todo resultara tan real que a día de hoy aún sigo creyendo en esa magia. En la de la gente que te quiere, digo. Y es que hoy miro atrás y os veo. Y me veo a mí cada vez menos pequeña y cada día más afortunada, creciendo de la mano de unas personas que nunca dudaron en sacrificar su tiempo, regalarnos su paciencia y contagiarnos su ilusión.

Hay cosas que se ven, hay cosas que se saben, hay cosas que se sienten. La forma en que te cuidan, la forma en que te miran, la forma en que te quieren. Hay cosas que se transmiten y, aún sin palabras, llegan. Un sinfín de recuerdos de todos los colores que me remueven tanto por dentro que me cuesta hasta describir, mucho que aprendimos de ellos y una infinidad de momentos compartidos. 

Empezamos a crecer, y seguimos creciendo, y más, y más. Dejamos de necesitar alguien que nos vigilara, y empezamos a necesitar más tiempo para estudiar, y para hacer también otros planes. Las visitas empezaron a ser algo menos frecuentes pero incluso más apreciadas, porque sieeempre, siempre seréis la mejor de las compañías.

Aprendimos a delinquir en paseos por la cocina bajo las mejores instrucciones para hacer desaparecer el montón que estaba siendo preparado y también a disimular cuántas pastas de más nos habían dejado coger los abuelos; pero sobre todo, aprendimos a ser queridas... Y a querer.

Y es que no importa si estoy en Vitoria o en Pamplona, en Zaragoza o en cualquier parte del mundo, que Ricitos de Oro y la ardillita siempre me acompañarán de la mano de la imaginación de la abuela Isabel, con una bufanda hecha por la abuela Mariafer en una casetita construida por el abuelo José Antonio. ¿Y el abuelo Dani? Probablemente esté castigado en el pasillo haciéndole compañía a Gorrotxategi.

Para la mayoría de fieles lectores de estas páginas, probablemente se trate de un texto a medio entender, aunque seguro que os trae vuestros propios recuerdos, pero sé que quienes me interesa que de verdad lo entiendan, lo han hecho a la perfección.

P.D. Zaragoza este fin de semana ha tenido más aire de estar en casa que nunca, y aunque de allá os hayáis traído también la lluvia, a mí me ha llegado más el calor del cariño, que ese nunca falta.

Pero sobre todo, por todo, por estos años... GRACIAS, de todo corazón. 

MAITE ZAITUZTET.

sábado, 22 de octubre de 2016

(Casi) cada domingo.


"El tiempo no pasa, nos pasa."

El tiempo. Qué relativo es el tiempo. Cómo le da por correr a veces y no quiere avanzar otras. ¡Qué bipolar es! Que ahora quiere seguir y después no, que ahora te quiere aquí, con él, y enseguida te va a abandonar y va a empezar a volar y a volar, que correrá en agujas hasta que lo pierdas de vista.

No sé si es casualidad o no, pero siempre coincide que cuando uno está a gusto, es el tiempo el primero en irse, como si lo hiciera por no molestar. Y entonces sí que lo pierdes, pierdes la noción total y completa del tiempo, y a veces incluso del espacio, y te centras en el momento, en el ahora. Que  en el fondo también es tiempo, pero de otra manera.

Decía mi ama siempre que "el tiempo es oro, y el que lo pierde es un bobo". El tiempo no vuelve. Tienes una única oportunidad de vivir este segundo, que jamás se repetirá. Y es que si volviera... ¡no haríamos más que vivir lo mismo una y otra vez! El tiempo se va, y se va para no volver, pero eso es lo bonito de la vida, que cada segundo tendrás una nueva oportunidad de seguir, precisamente, viviendo. De seguir cambiando, de seguir sintiendo, de seguir siendo. No podrás volver a estar en los segundos pasados, porque pasados están, así como no podrás cambiar lo ocurrido en dichos segundos porque el pasado... pasado es. Tampoco tengas prisa por vivir, no es ese el tema. No es cuestión de estar obsesionado con el tiempo que está continuamente pasando, sino de disfrutar la vida. Se trata de vivir, porque siempre habrá (tiempo) para una risa, una tontería y una lágrima por mucho que uno viva entre apuntes. Que sí, que rutina tenemos todos, pero siempre hay una forma de sonreírle a esta. Una pequeña forma. Seguro.

"Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento... en que con placer, felizmente arribes a bahías nunca vistas... Ten siempre a Ítaca en la memoria. Llegar ahí es tu meta... Mas no apresures el viaje. Mejor que se extienda largos años; y en tu vejez arribes a la isla con cuanto hayas ganado en el camino, sin esperar que Itaca te enriquezca. Itaca te regaló un hermoso viaje. Sin ella el camino no hubieras aprendido..."

La Odisea, Homero.

Entonces a ver, ¿en qué quedamos? ¿En correr con el tiempo o en mirarlo pasar? ¿En salir a perseguirlo o quedarse quieto mientras este se va? No lo sé, no soy yo quién tiene las respuestas a la vida. En vivirlo, supongo. En fluir con él, en seguir caminando mientras él va a su ritmo, porque ese sí que va a contracorriente de todo el mundo, y jamás conseguirás andar a su lado. Supongo que consiste en aprovechar la vida. En que esta no se te escape, pero es que quizá la forma de que no lo haga es, simplemente, disfrutar de ese camino del que se nos hablaba. Ser un Ulises embarcado en esta odisea que supone la vida. Llevar al tiempo en este barco, e irnos con él.

¿Sabéis qué es lo peor? Que os he metido todo este rollo sobre el tiempo que va, y vuelve, y en realidad no vuelve, sino que se vuelve a ir. Pero eso también es una forma de volver, ¿no? Y el tema es que os he escrito todo esta parrafada para contaros, en definitiva, que yo no tengo tiempo. Que la vida no me da, que yo sí que voy o vuelvo, o las dos a la vez y el día solo tiene 24 horas y la semana 7 días. Es difícil encontrar el tiempo, por mucho que siempre esté aquí, para estar con vosotros aquí todos los domingos. Pero, ¡tranquilos! ¡¡Que no cunda el pánico!! Que seguirá, seguirá habiendo domingos. Solo que me temo, que un domingo cada dos tendréis que echarme un poquito de menos, ¡pero a cambio de poder leerme otro! Seguiremos perdiéndonos en letras y en reflexiones, lo prometo, pero de una nueva forma. ¿Y es que no he dicho nunca que vivir es reinventarse? Improvisar, seguir devolverle el mordisco a la vida según esta te lo da. Y yo, os lo prometo, la muerdo todo lo fuerte que puedo... Cada segundo. Cada día. Cada tiempo.

Seguimos, seguimos naufragando en letras y salvándonos en ellas. (Casi) cada domingo.

¡Nos vemos en dos semanitas!

"No intentes explicar esto que sucede
ahora, solo déjate llevar por cada
palpitar, permite que la piel vibre como
debe, que el alma vuele, no pretendas
controlar tu respirar, deja que fluya
y comienza a levitar"

Nadia Baños.

Fotografía: María Ángeles Osés Bazterra

viernes, 14 de octubre de 2016

Preparen los micrófonos, que nuestros corazones están listos para esta rueda de prensa.

"Hoy
es momento de dejar lo malo atrás,
momento de desintoxicar el corazón,
de sanar nuestra alma, de buscar
solo lo que nos traiga calma.
Es momento de no pasar la página,
sino de cambiar de libro y de cuaderno
para empezar a leer y a escribir
algo nuevo. Es momento de
amarnos más, de ser felices a
pesar de nuestras cicatrices.
Es momento de bailar con la
vida, de emprender diferentes
rumbos, de mover barreras,
de descubrir otros mundos,
de saltar todos los muros.
Es momento de abrir los ojos;
de exhalar el pasado, de respirar el
presente y de inhalar el futuro.
Hoy, es momento de expulsar
los ayeres para poder comenzar
un mejor mañana. "

(Desconozco el autor)

La vida está hecha de pequeñas desgracias.

¡Qué mala suerte! ¡Ya es domingo!

Qué mal, ¡se ha acabado la sudadera que me gustaba!

Y encima está lloviendo. Y además el bus sale con retraso.

¡TODO ME PASA A MÍ!

Eh, eh, relajamos, que tampoco será para tanto. ¡¿Qué no será para tanto?! Mira, no tienes ni idea del día que llevo, y encima (y encima, y encima, y además, y además, y además...)

Más de uno se habrá reconocido en esas líneas. Ojo, ¡que soy la primera en entonar el "mea culpa"! Yo también creo que soy una gafe (que quizá a veces un poquito sí eh... La Pegatina y tal me suena), que todo me sale del revés y que ni planeadas las cosas podrían salir peor. Y bueno, no nos vamos a engañar tampoco, tengo todo tipo de anécdotas para contar sobre buses a contrarreloj, pinchazos en carretera, robos de mochilas... Muchos os las sabéis ya, jijiji. Pero... Vamos a ver, ¿quién no se ha sentido gafe alguna vez? ¿Quién no ha ido algún día tropiezo tras tropiezo? Esto último en ni caso es muy literal siempre... Soy un poco torpe (jeje) Y sobre todo... ¿Cuántas veces habéis pensado que solo os pasaba todo aquello a vosotros?

Un día lo piensas en frío. Miras a tu alrededor. Y a continuación un poco más lejos. Y un poquito más. Y te cuelas en los hogares donde no tienen qué comer, o peor aún... en aquellos que también tienen que comer, pero ni siquiera tienen hogar. En los que se dejan la vida en un bote por un paraíso que en realidad nadie sabe si existe. En los que han perdido todo por el camino y ahí siguen.

Ese día vuelves a pensar en frío. Y piensas en tus tontos pequeños contratiempos. Y es que en realidad no son más que eso, acontecimientos que van en contra de tu estructura temporal y horaria. Y después desaparecen. Lo que no tiene esa gente también desapareció... Pero quizá nunca vuelva a aparecer, o puede que directamente nunca llegará a estar.

Ese día te das cuenta. Que no importa lo que venga siempre y cuando los tuyos estén bien. Que no habrá viernes, ni sudaderas, ni paraguas que valgan la pena si no tienes a los tuyos a salvo. Al final solo pido, por favor, que siga perdiendo buses, y me sigan robando mochilas, y siga tirada horas en cunetas si la recompensa es un reencuentro (sano) con todos ellos. Y al resto que le den. Que los quiero bien. Y al resto que le den otra vez.

Acordaros de esos pequeños detalles de los que os hablaba el otro día. No habría grandes cosas sin pequeños detalles. No habría pequeños detalles sin alguien que los realizara. Y no habría quién los realizara sin alguien que nos quisiera. Por lo tanto, ¡no habría nada sin alguien que nos quisiera! Ni grande, ni pequeño, ni bonito, ni feo... Quizá ni siquiera tienen posible calificación y... Seguro que no tienen valor. Calculable, digo. Gracias a los que tanto os habéis preocupado por mí estos últimos fiebrosillos días (desde los de un sencillo "qué tal" hasta los cuidados más intensivamente cariñosos, todo vale aquí).

Yo también me he equivocado con algunas personas. Yo también he hecho daño e inevitablemente, yo también he sufrido. Yo también he dado pasos hacia adelante y después he vuelto a andar sobre ellos hacia atrás. Yo también me he contradicho, yo también me he autocorregido bien, yo también me he autocorregido mal. Yo también he cambiado de opinión. Yo también he hablado antes de tiempo. Yo también he juzgado a la gente. Yo también, yo también, yo también.

No, ¡YO TAMPOCO SOY PERFECTA! Y aquí sigo, mirando al frente y para adelante, dando pasos acertados y tropezando, haciendo eses por el mundo, dando tumbos para que la vida no tenga fácil el tumbarme. Siento cada paso que doy en cada momento en que lo hago. Y, la verdad sea dicha, si hemos de responder por lo sentido... Preparen los micrófonos, nuestros corazones están ya listos para esta rueda de prensa.

"No esperes tenerlo todo
para disfrutar de la vida;
ya tienes la vida
para disfrutarlo todo."

(Desconozco el autor)

Fotografía: María Ángeles Osés Bazterra

jueves, 6 de octubre de 2016

Que para mirar horizontes ya habrá otros atardeceres.

Hay muchas formas de dar las gracias. En una mirada, en un gesto, en un regalo. Quizá en un abrazo también. Y en un beso. En una canción, en un cuadro, en un texto. Y por supuesto, en una palabra clave.

GRACIAS.

Tan clave como simple en realidad. Yo hoy vengo a dar las gracias. En una mirada, en un abrazo, en un texto o... de la forma que vosotros queráis. Porque hoy, estas gracias son todas vuestras. 

El pasado día 4 de octubre se cumplió un mesecito desde que todo esto empezó. 5 textos son ya los que he compartido con vosotros, por 5 minutos que os ha costado leer cada uno, por (estoy segura) 5 veces que los habéis releído todos. Bueno, quizá con esto último me he pasado, pero voy ya camino de la media hora robada de cada una de vuestras vidas que, sumándolas todas me acaban diciendo que hay unas cuantas horas perdidas por estas páginas. Al margen de las que he tenido yo también,  evidentemente, que probablemente superen ellas solas a la suma que acabamos de hacer.

5 trocitos de mi vida que os he ido dejando poco a poco; de una forma u otra; en un estilo u otro; de una época... u otra. 5 momentos robados a la inspiración, o quizá mejor dicho, 5 momentos robados por la inspiración. Y es que la inspiración es eso, un momento robado, un instante en el que esta juguetona se apodera de tu mano y entinta todo ruido, pensamiento y sentimiento que pueda pasar por ti en ese momento. Es, además, ¡muy egoísta! Quiere tu atención como y cuando ella quiera, ¡y no parará hasta conseguirlo! Así que cuando esta llegue, no opongas resistencia, no le lleves la contraria, no intentes pararla porque... No va a servir de nada. Te cogerá, te envolverá, y te hará todas las cosquillas necesarias para que desembuches todo, hasta la última palabra escondida en cualquier rinconcito de tu cabeza, en cualquier esquinita de tu corazón. Después, hará con ella lo que quiera. Le dará una forma, y otra, y una vuelta, y otra. Buscará formas distintas de expresar la misma idea y distintas ideas que expresar de una misma forma. Las juntará todas, jugará con ellas e incluso hará que lo hagan también entre ellas; que se enganchen, que se entrelacen, que se retuerzan todo lo posible. Y después te enganchará a ti también en este juego, te hará adicto a ellas, a las palabras, a dejarlas ir. ¿Sabéis que es lo peor? Que una vez te ha atrapado en una ocasión, podrá volver a hacerlo siempre que se le antoje. Te sentirás muy libre escribiendo, pero en realidad... solo eres suya. Solo eres su deseo. Su capricho. Tampoco intentes llamarla cuando ella no quiere venir, porque no lo hará. Aparece cuando quiere para atraparte quién sabe dónde ni cuándo y acabar yéndose por donde ha venido de nuevo cuando le apetezca.

Pero esta vez, estas páginas no han sido solo culpa de la inspiración (que en el fondo tampoco es tan mala chica...). También han necesitado un poquito de constancia, unos pocos domingos y... un gran puñado de ilusión. La misma que traje yo hace ya un mes y que vosotros me habéis ido manteniendo durante estas semanas. Me habéis hecho sentir cómoda, me habéis dejado ser yo misma, mirar al horizonte y... No, no, no, dejémonos de tonterías. Mirar alrededor, que para mirar horizontes ya habrá otros atardeceres, y tratar de encontrar lo verdaderamente importante. A tu gente, y sobre todo... su apoyo. Me habéis dado la oportunidad de dejar resbalar mis pensamientos en una hoja en blanco para colorearla de letras, que son siempre el más bonito de los paisajes. He podido ser pájaro y verlo todo desde allí arriba, y ha tocado también ser gusano huyendo para que mis ilusiones no fueran la cena de alguna rapaz. He podido ser aire y mar, monte y playa, huracán y tranquilidad; en resumen, todas las caras de un "yo", que siempre es el mismo, pero nunca es igual. Una montaña rusa. Una montaña rusa de emociones.

Siempre he escrito, y así seguirá siéndolo. No necesitaba este blog para que papel y boli empezaran a ser mis más fieles compañeros, lo eran ya desde hace mucho tiempo. Pero, sin embargo, habéis sido desde el principio una motivación por la que reencontrarme con ellos cada domingo. Por vosotros empecé y por vosotros sigo aquí, intentando darme la continuidad y la constancia que no tengo por seña de identidad precisamente, pero que es bonito estar descubriendo también. Mientras tanto, sigo con esta tan particularmente sutil y clara forma de gritar... escribir.

Gracias por vuestra constancia también al otro lado de la pantalla, gracias por los comentarios en cada entrada o cada vez que me habéis pillado por allí, gracias por las críticas y las correcciones, por las opiniones sinceras. Sé que soy una ñoña y aunque eso es algo que probablemente jamás cambiará en mí, estáis en todo vuestro derecho de recordármelo una y otra vez. Muchos de mis texto siguen y seguirán este estilo, pero prometo intentar escribir algo diferente algún día, que sé que algunos le tienen también ganas.

Gracias por supuesto por seguir enamorándome con cada comentario que me hacéis sobre una nueva entrada, por cada vez que me aseguráis que alguno de mis textos os ha llegado. Dentro, todo recto y al llegar al pecho, a la izquierda. No hay nada más bonito que un texto tuyo emocione, que llegue, que (re)vuelva los adentros. No hay nada más bonito que el hecho de que no solo te vean, te oigan y te lean escribiendo sino que también te sientan. Que sean capaces de imaginarte en un texto. Y sobre todo, que se imaginen ellos. Guardo cada uno de vuestros comentarios porque... a mi también me llegáis con ellos.

Gracias por la paciencia. Por este sexto texto de lo que esperemos que sea una larga aventura. Gracias por seguir ahí.

Gracias a los domingos, porque en realidad... sois vosotros.

"Da tu primer paso ahora. No importa que no veas el camino completo. Solo da el primer paso y el resto del camino irá apareciendo a medida que camines."

M. Luther King


P.D. Las puertas de este blog están abiertas a todos. Para nuestra amiga Inspiración, los sentimientos, las críticas...Y sobre todo, a todos vosotros.


Fotografía: Iranzu López de Armentia Osés (Instagram: iranzu_lz)

martes, 4 de octubre de 2016

Todo tiene un principio. Y el mío... Es este.

Todos tenemos un primer día para todo. Y un día que no olvidaremos jamás, y otro que nunca recordaremos. Todos tenemos días buenos y malos, textos buenos y malos, hechos buenos y malos.

Pero, ¿qué es un texto malo cuando sale de dentro? Este domingo, y aunque sé que algunos tendréis ganas de matarme, os dejo con el primer texto que escribí de este mensaje tipo, hace ya unos cuaaaantos años, que resultó ser sobre el Alavés.

Ha pasado el tiempo y probablemente mi estilo a la hora de escribir haya cambiado (a mejor, ¡espero!). También ha cambiado la situación en la que ahora tenemos a nuestro pequeño Glorioso. 2.B era otro mundo, pero también fueron aquellos los tiempos que nos enseñaron a sufrir, disfrutar y vibrar como solo nosotros sabemos en este campo.

Ahora tenemos la vista puesta en el Madrid de un 27 de mayo en el que seguiremos escribiendo nuestra sufrida historia. Un calendario con una cuenta atrás de exactamente 20 días. Señalada fecha en la que trasladaremos el espíritu de Mendizorroza al Calderón para enseñarles por aquellas tierras cómo se vive una final cuando uno acaba de salir de la tormenta. Jamás bajamos los brazos y nunca abandonamos. Fuimos 8.000 (¡e incluso 4.000!) en las noches más frías de invierno. Y aún así, siempre, siempre seguimos, al pie del cañón, creyendo firmemente que nuestro momento aún estaba por llegar. Perdimos partidos contra equipos de los pueblos más pequeños e incluso estuvimos a punto de desaparecer pero, a pesar de todo, a pesar del negro del que se pintaba el futuro, jamás bajamos los brazos. Animamos más a cada gol encajado y apretamos más los dientes a cada punto perdido. Y fue así como después de bajar subimos, y seguimos subiendo porque nuestro único techo es una copa alzada sobre nuestras cabezas. Quién sabe lo que nos depararán los 90 minutos que tanto ansiamos, pero, pase lo que pase, y después del camino que llevamos a las espaldas, solo podremos considerarlo una victoria.

Todo tiene un principio. Y mi principio, fue este.

P.D. Siendo sinceros, en realidad, mi principio fue un cuento llamado "la señora pies grandes" por aquellos tiempos en los que aún la mitad de las palabras las escribía con faltas de ortografía y no ponía guiones. Me parecía injusto para las palabras partirlas y, por tanto, las escribí por todos los márgenes del cuaderno. Ah, y de cuando tenía una letruja poco menos que indescrifrable. Todo un placer a la vista del lector, vaya.

Pero este fue el primer textito corto de este estilo al que acostumbro. Lo dicho, que corría el año 2012 y...

"Mucha gente lo desprecia, piensa que un equipo de Segunda B no sirve para nada. Pero se equivocan. Y mucho además. Lo que me ha enseñado a mí el Alavés, todo lo que me ha hecho sentir… puede que nadie más pueda conseguirlo. Simplemente, tengo muchísimo que agradecerle. Esa mezcla de emoción, ilusión, nervios, chirrintas… no lo cambiaria por nada. Sí, es esa mezcla que hay dentro de mí justo antes de un partido. Y cuando entras en el campo, Mendizorroza se abre ante ti… Impresionante. Por muchos partidos que pasen, por muchas veces que siga yendo a Mendi, siento lo mismo, una y otra vez, igual que el primer día.

Y cómo no hablar de ese momento en el que, después de pasar los tornos (en los que siempre hay alguien que no sabe cómo meter el carné), subes por la rampa y ves ahí las plaquitas con muchos de los nombres que hicieron vibrar al alavesismo hace 10 años. Sí, aquellos que escribieron el nombre del Glorioso entre el de los grandes de Europa. Y ese nombre, siguió hasta el final; hasta aquella noche del 16 de mayo de 2001 bajo las estrellas de Dortmund. Luchó y luchó, y desde la humildad, desde el amor a este deporte, dio una lección a todo el mundo del fútbol. Fue una época grandiosa, una época gloriosa. Se formó un equipo con jugadores humildes, sin mucho nombre, que mediante trabajo y esfuerzo supo representar y defender el nombre de Vitoria en Europa. Fue un año en el que el alavesismo sintió lo nunca sentido, porque vivió lo nunca vivido.

Y ahora, algo más de diez años después, aquí está el Glorioso. En 2.B. Sí, ¿y qué? Aquellos que tuvieron la suerte vivieron la mejor época del Alavés, y los que no, pues nada, siguen animando con tanta ilusión como si lo hubieran hecho. Pero ante todo, están con el equipo, apoyándolo, siempre. En 1., en 2.B, o en el fin del mundo. Porque el Alavés despierta sentimientos, porque el Alavés une a mucha gente, porque el Alavés es mucho Alavés. Así que vamos a por ellos, vamos a por todos, vamos adelante.
AUPA ALAVÉS, BETI ALAVÉS. Dos colores, un sentimiento."

domingo, 2 de octubre de 2016

Perdiendo nortes por no encontrar nunca sures.


Como bien sabéis ya, el fin de semana pasado recibí una visita muy especial. Uno de esos abrazos en el andén de ilusión de la de verdad. Una de esas despedidas en otra estación con otro abrazo que pide que, por favor, el tiempo hasta la próxima visita pase rápido. Me acordé, después de aquello, de un texto que tenía escrito hace tiempo ya, unos meses después de la experiencia internacional (con cosas tanto buenas como malas) que supuso mi verano de 2015 por Irlanda y más tarde por Francia. Sí, sé que muchos lo estáis pensando, la famosa historia de Irlanda que tantas veces os he dicho que os contaré algún día y al final nunca he terminado de relatar. Demasiado tiempo para reflexionar por aquellos parajes y demasiados motivos por los que escribir más tarde. Este domingo os dejo con ello, con algunas de las conclusiones a las que Workaway me acabó llevando. ¡Espero que lo disfrutéis!



"¿Cuántas veces te has dejado llevar? ¿Cuántas veces has perdido el norte? Tirar para adelante sin saber si aquello era este u oeste, arriba o abajo. ¿Cuántas veces has paseado por calles cuyo nombre ni siquiera eras capaz de pronunciar? O has andado y andado sin rumbo hasta darte cuenta de que estabas de nuevo en el mismo sitio de hace un rato. Y entonces cambias de dirección, porque quieres rutas nuevas, porque quieres seguir descubriendo, por ese pensamiento de “¡aquí ya he estado!”. Sin embargo… siempre haces el mismo camino para ir a clase todos los días, y vuelves a pisar sobre los pasos ya marcados ayer cuando vas a reencontrarte en el bar de siempre, con tus amigos de siempre, en la ciudad de siempre. Porque es el camino más corto, quizá, pero probablemente porque es la costumbre, ese “para qué cambiar si aquí estoy bien.”

¿Cuántas veces te has intentado comunicar con gente que no hablaba tu misma lengua? “Muchas”, pensarás. Si solo necesitas mover un par de dedos, y señalar un par de cosas en el menú de allí atrás, y cualquiera se entiende, ¿no?

O no. No hablo de "comunicarte" para conseguir un plato “muy exótico”, “muy típico del lugar”, que en realidad es preparado para el primer turista que pase y pague cuanto más mejor con su dinero de siempre conseguido en su trabajo de siempre. Eso sí, tened claro que si ese puesto en vez de estar a miles de kilómetros de su país de origen estuviera en su misma calle de siempre… jamás se habría fijado en él. 

Pero no, esta vez hablo de comunicarse de verdad, de… conectar. Me dan igual los bocadillos e incluso las palabras (que paradójicamente son siempre las que rigen mis pasos) y hablo de entenderse, de llegar a gente con la que ni siquiera eres capaz de cruzar un par de palabras en el mismo idioma… o quizá sí. Yo también creía que aquello de que te llegara gente con quien no compartías lengua materna era imposible, que no podías conocerte de verdad si no entendía tus expresiones o tu forma de hablar. Pero a mí también llegó alguien que me demostró que una vez más estaba equivocada, gente con quien reí con más ganas que con ningún otro chiste que me hubieran contado antes en esos que consideraba “mis idiomas”.

Hablo de jugar con niños que no entienden tus juegos, ni tus juguetes. Hablo de seguir sus supersticiones (jamás se me volverá a ocurrir dejar una herradura boca abajo jeje) y sus manías. Hablo de tratar de conocer sus gentes y su cultura, pero hacerlo desde dentro, de verdad.

¿Alguna vez te has parado a escuchar a cualquier músico callejero disfrutando con lo que toca? Haciendo disfrutar a aquel que decide pararse en vez de ignorarlo por estar demasiado ocupado en  buscar la mejor foto en no sé qué "imperdible" monumento de no sé qué famosísimo barrio.

¿Y ha habido alguna vez en la que te hayas parado a contemplar lo que tienes alrededor? Pararte de vez en cuando a perderte, disfrutando de lo que venga y dejando marchar aquello que ya se va. Y es que todo viene, todo llega, y todo pasa. Siempre.

¿Cuántas veces te has sentido muy exótico con tus billetes de avión para una semanita a quién sabe qué país a millones de kilómetros de distancia? Y sin embargo, te has codeado como siempre con la gente de siempre, que viste igual que siempre. E igual que tú. Y después has seguido buscando la belleza solo de la forma que tú conoces, porque es la única que te gusta. O quizá y mejor dicho, porque no es que sea la única que sabes apreciar, sino incluso la única que sabes ver.

Pero no voy a venir yo a echaros nada en cara, ni a daros ninguna lección de nada, porque soy la primera que ha buscado corriendo todos los atractivos turísticos nada más entrar en una nueva ciudad, y ha pasado de largo del artista tocando en la boca del metro, o del poeta aguantando y compartiendo con todos (o quizá con nadie) la tormenta que lleva dentro. Yo también he estado, y sigo estando tantas veces, entre los de “mira qué raro va vestido aquel” o “no entiendo qué gracia le ven a esto”. Yo tampoco he querido jugar a juegos que no fueran los míos y, para qué nos vamos a engañar, yo también he hecho el camino de siempre esta mañana.

Andar sin seguir mapas. Seguir sin buscar nortes, ni encontrar sures. Encontrar cosas sin buscar. Buscar en lo más desconocido. Desconocer lo conocido. Conocer que no hay límites. No limitarnos a existir. Viajar de verdad. De eso os hablo.

¿Alguna vez lo has probado? ¿Alguna vez has probado a vivir así? O quizá mejor dicho… ¿alguna vez has probado a vivir?"



"Become friends with people who aren't your age. Hang out with people whose first language isn't the same as yours. Get to know someone who doesn't come from your social class. 
This is how you see the world.
This is how you grow."

Visto en Workaway.info

("Hazte amigo de gente que no sea de tu misma edad. Pasa tiempo con personas cuya primera lengua no sea la misma que la tuya. Conoce a alguien que no venga de tu misma clase social. 
Así es cómo ves el mundo.
Así es cómo creces.")

Visto en Workaway.info






                                                                            Fotografía: Iranzu López de Armentia Osés

sábado, 24 de septiembre de 2016

Un copo de nieve en una noche de diciembre


"No corras, no te preocupes. 
Estás aquí solo de visita.
Merece la pena que te detengas a oler las flores"

Walter C.Hagen

¿Os cuento un secreto? Hoy no sabía de qué escribir.

Una sonrisa al cruzarte con alguien conocido.
O desconocido.
Un simple "hola" al entrar a cualquier sitio.
La carcajada de una tontería que te acaba alegrando la mañana.
Un abrazo de reencuentro.
Un abrazo de apoyo.
Un abrazo.
Un comentario de ánimo.
Tu familia despidiéndote en la estación.
Tu familia.
Tus amigos dispuestos a hacerte olvidar cualquier pena en una tarde.
Tus amigos.
Un café de buena mañana.
Que te traigan un café de buena mañana.
Y un poema.
Y un beso.
El "gracias" que grita tu corazón cuando alguien hace por ti.
Tú mismo gritando ese gracias.
Y la sonrisa de quien lo recibe.

No sé, pequeñas cosas. Pequeños detalles y movimientos, pequeños esfuerzos pero... grandes sentimientos. Grandes sensaciones. Olvidarás fechas. Olvidarás palabras. Y sin embargo... Jamás olvidarás sensaciones. 

Me gusta pensar (y sé que alguno lo va a reconocer) en las pequeñas cosas. 

Un rayo de sol una tarde de verano.

Me gusta pensar (y sé que alguno está ya sonriendo) en que son esas pequeñas pero únicas cosas las que hacen el resto grande. 

Un copo de nieve una noche de diciembre. 

Porque jamás un solo copo de nieve podría hacer nevar, pero nunca veríamos la nieve si no fuera por estos pequeños copos.

El caer de las hojas cualquier día de otoño. O las pilas que hacíamos con estas para pasar la mejor de las tardes lanzándonos sobre ellas.

El piar de los pajarillos una mañana en primavera. Este que sutilmente nos recuerda que poco a poco las noches se irán haciendo cada vez más día y pronto llegará un verano con el que disfrutar de amigos en la piscina... o de amigos fuera. Francia y CPT tanto 2015 como 2016 fueron días para no olvidar y, sobre todo, gente para no olvidar. 

Visitas que dan la vida. Suiza sepultada tras una enorme maleta y una inmensa mochila. En ellas alguna cosilla que mi cabeza loca olvidó en los campamentos, espero que muchas ganas de verme y una experiencia que seguro que no pudo evitar llevarse del lugar que acababa de abandonar y que, por casualidades, le había traído hasta Vitoria aquel sábado. 

Lo siento pero... Acabáis de conocer a uno de los motivos de este retraso de unas horitas. No le guardéis rencor, por favor, que en el fondo es buena chica... 
Por lo tanto, resumiendo, Elena de visita en Vitoria (¡si tampoco era tan difícil!) ¿Plan del finde? Aprovecharlo al máximo (¡como la vida misma!): Mercado medieval, algo de turisteo (todo lo que se puede en Vitoria), algún que otro viñedo y una conversación alrededor de una mesa. 
Corto pero intenso. 

La vida está hecha de casualidades y de una constante improvisación. Volví a Francia porque así me lo pedía el cuerpo. Necesitaba sentirme de nuevo tan yo en un ambiente tan... Todos ellos. A muchos os he hablado ya de este pequeño rincón con magia en sus gentes... O mejor dicho, con personas y muchos animaled que enseguida convierten en "sus gentes" con la más cálida bienvenida a todo el que se atreve a asomarse por aquí. ¡Nosotros sí que éramos la familia Benetton! 
Para volver a estar allí tuve que rechazar varios planes que también sonaban, he de reconocerlo, demasiado tentadores, pero aquel recuerdo de Camp Pony Tales 2015 tiraba demasiado de mí... Lo que no podía saber era que el 2016 venía con muchas más ideas aún, con más ganas, más energía y ante todo... Más amistades. He pasado mucho tiempo pensando que los verdaderos amigos solo eran posibles si ambos tenían la misma lengua materna hasta que... Cambié de idea. Hablábamos de improvisar, ¿no? Y si cambié fue porque tuve motivos para ello. Esta se trata ahora de una de las amistades más distintas (¡y distantes!) que tengo, pero sobre todo, de las más especiales. Hacía solo un par de meses que no disfrutaba de su compañía, sus conversaciones y sus tonterías, pero ha sido un gusto poder volver a hacerlo. Un nuevo adiós. O mejor... Un hasta pronto. ¡Ya estoy contando los días para volver a abrazarte en marzo! See you soon!

A veces vivimos demasiado de prisa para pararnos a pensar en estos pequeños detalles de los que hablábamos hace un rato. A veces se nos olvida la sonrisa, el abrazo, el café, el poema e incluso el beso. A veces se nos olvida que no se trata de hacer el regalo más grande del mundo, sino el más sentido. Que no importa no ir a cenar al restaurante más caro de la ciudad para disfrutar de tu familia, porque con ese momento después de cenar de sofá y serie, vale. Que tampoco es necesario que te hayan salvado la vida para poder pronunciar un gracias. Y que aunque sea corta, siempre se agradecerá toda visita. 

Hoy no sabía de qué escribir y he decidido hablaros del susurro del viento
Hoy no sabía de qué escribir y os he acabado contando sobre el rugir de las olas.
Hoy no sabía de qué escribir y lo he hecho del movimiento de la tierra.
Hoy no sabía de qué escribir y finalmente... Os he empequeñecido mi vida.

"Al final te das cuenta que lo pequeño siempre es más importante. Las conversaciones a las tres de la mañana, las sonrisas espontáneas, las fotos desastrosas que te hacen reír a carcajadas, los poemas de diez palabras que te sacan una lágrima. Los libros que nadie más conoce y se vuelven tus favoritos, una flor que te pones en el cabello, un café que te tomas solo... Eso es lo que verdaderamente vale la pena; las cosas diminutas que causan emociones gigantescas."

P.D. Gracias por las pequeñas cosas... Por seguir aquí cada domingo. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Aire de reencuentro

Zaragoza. ¿Cómo? ¿Ya?
Parecía que solo habían pasado unos pocos días desde aquel último vistazo a mi tan vivida 515 en la resi. Parecía que solo habían pasado unas pocas horas desde todos aquellos abrazos, los "te voy a echar de menos", "seguimos en contacto, ¡eh!" Durante aquellos últimos días de junio, la vuelta en septiembre se veía tan lejana que, paradojas de la vida, de repente dejó de verse porque directamente... llegó.

Zaragoza. ¿Cómo? ¿De nuevo?
Pues sí, de nuevo. Hace unos días me tocó volver a pisar la capital maña. Todo seguía tan igual; Independencia, Gran Vía, la facultad... Llenos de gente, de calor, de movimiento... Zaragoza, al fin y al cabo. Y sin embargo, todo estaba tan... distinto. 

Un día como el de ayer pero de apellido 2015 cogí el primer bus destino Zaragoza. Primeros kilómetros. Primeras conversaciones en un viaje con esa persona que empezaría y terminaría marcando este año. Primeras horas perdidas en pensamientos aprendiendo a echar de menos. Un día como el de ayer llegamos a Zaragoza. Tan perdidas como un pulpo en un garaje (dice Olaia que en realidad el refrán habla de un pulpo en el mar) en la capital maña, sin tener muy claro cómo llegar hasta la resi... Os podéis imaginar cómo sigue la historia. Dos vascas perdidas por Aragón. Para qué nos vamos a engañar, Zaragoza fue toda una odisea ya desde el principio. Y después de aquello... Todo. Primeras comidas en Baltasar Gracián N.1 (¿o era Melchor, Olaia?). Primeros conocidos que acabarían convirtiéndose en imprescindibles. ¡Y primer día de Veterinaria! Tanto tiempo esperándolo, tantas horas de estudio por poder estar allí, tantos años detrás de un sueño que por fin teníamos delante. Qué bonito suena, ¿no? Pues no señores, no... No era el final del sufrimiento. Ese era en realidad el principio de una interminable cadena de peleas con uno mismo sobre abandonar o no hacerlo, de largas conversaciones para impedirle a la otra hacerlo, principio por supuesto de otro montón de horas entre apuntes, de "no voy a poder", de desesperación y frustración, y para algunos incluso de hacer maletas y decidir abandonar... Hasta encontrarse a alguien en el pasillo que se lo impidió. En eso se ha basado también este año, en un apoyo continuo por parte de unos y de otros, en dar hoy abrazos y mañana necesitar recibirlos, en ser hombro en el que llorar y lágrima en el hombro de al de al lado. Hay veces en las que no ha sido fácil. Tener el apoyo de los tuyos lejos, y necesitarlo. Precisamente por eso, acabamos convirtiendo en nuestros también a los de allá y ahora lo tengo claro... Son más míos que otra cosa, porque sin ellos este año... No habría sido posible. Y sí, lo sé, este curso nos esperan unas pilas aún mayores de apuntes, y nos van a dar por todas partes, y habrá que trabajar, y lo pasaremos mal pero... Este año los tengo a todos ellos. Desde ahora, desde ya, desde el principio. O desde mucho antes. Nos esperan horas de desesperación y frustración de nuevo, pero también nos esperan muchas otras de risas, de buenos momentos, de fiestas, de cine, de jueves, de plazoletas (evidentemente)... Y sobre todo, de buena compañía. Al final uno acaba aprendiendo que no importa tanto el dónde sino el con quién. Que de nada sirve estar en el lugar más maravilloso del mundo si te faltan aquellos que convierten hasta el sitio más cutre en la mejor de las tardes. Si tengo algo que agradecerle a Zaragoza son ellos. Todos ellos. Sé que muchos de vosotros lo estáis leyendo así que dejad de haceros los tontos y escuchad esto... GRACIAS, de todo corazón.

El año pasado ya pasó. Acabó y no volverá. 
La resi seguirá en el mismo sitio de siempre, pero la 515 no volverá a ser casa. Ahora esta tiene otra dirección, otras vistas y... en parte, otra compañía. 
Primero ya pasó. Ahora las asignaturas tienen otro nombre (que suenan aún peor, ¡socorro!) aunque los compañeros seguirán siendo caras conocidas y quizá alguna que otra nueva. 
Y es que ahora todo será diferente... de la misma forma de siempre. Nueva rutina con la misma base, porque el gran cambio... ya pasó. Para bien o para mal, ya fue. Y seguiremos cambiando, y seguiremos experimentando, y seguiremos fallando y acertando, porque básicamente, seguiremos viviendo. La vida es eso, cambio continuo, grande o pequeño sutil cambio. De repente miras hacia atrás y te das cuenta de que las cosas son distintas. Que ahora todo ha cambiado y que no volverá a ser igual, pero realmente... ¿es necesario?
Soy la nostalgia en persona. Soy una romántica de la vida, alguien que se acaba encariñando de los pequeños detalles de cada una de sus etapas, y por eso siempre me da pena poner punto y final a cada experiencia. Es la única forma, sin embargo, de que nuevas cosas vengan. De todas formas... ¿quién dijo de que tienes que despedirte definitivamente de las antiguas? Sí, claro, no puedes mantener todo pero... mantén cerca a aquellos que quieres y será más suficiente de lo que crees. 

Zaragoza. 
Cada rincón de ella me recuerda ahora a alguna anécdota, a algún paseo quizá, conversación tal vez, y persona... seguro. Esta ciudad está ya llena de recuerdos que esperan nuevos compañeros en este álbum propio que poco a poco iré construyendo durante estos 5 años. No, no se me ha ido tanto la cabeza, no estoy haciendo ningún álbum real, porque para eso ya debería comprarle horas extras a la vida y están muy caras últimamente. Hablo del pequeño álbum de imágenes, frases y sentimientos propio que supone mi vida. No hay como volver a un lugar para revivir momentos. Y no hay como volver a ese lugar también, para echar de menos a aquellos con quien los viviste.

Zaragoza. ¿Cómo? ¿Por fin?
Y es que... Hace un año jamás habría dicho esto, pero esta vez tenía ganas de la vuelta. Vuelta. Volver. ¿Cómo que volver? ¡Si vuelta era solo a casa, a Vitoria! Las cosas, que cambian. Y al final volver acaba siendo a todo lugar donde has dejado un pedacito de tu corazón. Vuelves a recogerlo, supongo, pero después de un rato disfrutándolo de nuevo, este dice que no, que él se queda de nuevo allí. Pase lo que pase ya de aquí en adelante, una parte de mí está en Zaragoza y Zaragoza está en una parte de mí. Pertenece ya allí, porque en algún momento la vida decidió unirnos, no sé por qué pero se le antojó que coincidiéramos en el tiempo.
Mañana volvemos a la rutina. A las clases, a las interminables horas de prácticas y pronto también a las plazoletas y los jueves universitarios. Mañana volvemos al día a día de una ciudad que me quise negar a pisar tantas veces y al final acabó conquistando mi corazón. Y no, no lo hicieron sus largas avenidas o sus altas torres, no fueron sus vírgenes o plazas... Fue culpa de pequeñas personitas coincidiendo también en tiempo con esta gigante de 700.000 habitantes. Cada uno, una procedencia, una familia, unos amigos, una historia detrás. Cada uno unas expectativas, un sueño y un futuro por delante. Y fueron todos y cada uno de esos "cada" los que al final hicieron que este domingo no tenga aire de despedida... sino de reencuentro.

Creo que es la primera vez que puedo decir que tengo ganas de la "vuelta al cole". Es hora de reencuentros... Por fin.

Zaragoza. ¿Cómo?

Zaragoza.

"Hay personas que podrían
ser ciudades
porque convierten en hogar
allá donde vayas. 

Son
las razones,
los motivos
y las excusas 
por las que recorrería 
cientos de kilómetros 
porque ellas serán
siempre el mejor destino.


Y el mejor destinatario."

Loreto Sesma.


                                                                               Fotografía: Eugenia Laurenzana