"El tiempo no pasa, nos pasa."
El tiempo. Qué relativo es el tiempo. Cómo le da por correr a veces y no quiere avanzar otras. ¡Qué bipolar es! Que ahora quiere seguir y después no, que ahora te quiere aquí, con él, y enseguida te va a abandonar y va a empezar a volar y a volar, que correrá en agujas hasta que lo pierdas de vista.
No sé si es casualidad o no, pero siempre coincide que cuando uno está a gusto, es el tiempo el primero en irse, como si lo hiciera por no molestar. Y entonces sí que lo pierdes, pierdes la noción total y completa del tiempo, y a veces incluso del espacio, y te centras en el momento, en el ahora. Que en el fondo también es tiempo, pero de otra manera.
Decía mi ama siempre que "el tiempo es oro, y el que lo pierde es un bobo". El tiempo no vuelve. Tienes una única oportunidad de vivir este segundo, que jamás se repetirá. Y es que si volviera... ¡no haríamos más que vivir lo mismo una y otra vez! El tiempo se va, y se va para no volver, pero eso es lo bonito de la vida, que cada segundo tendrás una nueva oportunidad de seguir, precisamente, viviendo. De seguir cambiando, de seguir sintiendo, de seguir siendo. No podrás volver a estar en los segundos pasados, porque pasados están, así como no podrás cambiar lo ocurrido en dichos segundos porque el pasado... pasado es. Tampoco tengas prisa por vivir, no es ese el tema. No es cuestión de estar obsesionado con el tiempo que está continuamente pasando, sino de disfrutar la vida. Se trata de vivir, porque siempre habrá (tiempo) para una risa, una tontería y una lágrima por mucho que uno viva entre apuntes. Que sí, que rutina tenemos todos, pero siempre hay una forma de sonreírle a esta. Una pequeña forma. Seguro.
"Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento... en que con placer, felizmente arribes a bahías nunca vistas... Ten siempre a Ítaca en la memoria. Llegar ahí es tu meta... Mas no apresures el viaje. Mejor que se extienda largos años; y en tu vejez arribes a la isla con cuanto hayas ganado en el camino, sin esperar que Itaca te enriquezca. Itaca te regaló un hermoso viaje. Sin ella el camino no hubieras aprendido..."
La Odisea, Homero.
Entonces a ver, ¿en qué quedamos? ¿En correr con el tiempo o en mirarlo pasar? ¿En salir a perseguirlo o quedarse quieto mientras este se va? No lo sé, no soy yo quién tiene las respuestas a la vida. En vivirlo, supongo. En fluir con él, en seguir caminando mientras él va a su ritmo, porque ese sí que va a contracorriente de todo el mundo, y jamás conseguirás andar a su lado. Supongo que consiste en aprovechar la vida. En que esta no se te escape, pero es que quizá la forma de que no lo haga es, simplemente, disfrutar de ese camino del que se nos hablaba. Ser un Ulises embarcado en esta odisea que supone la vida. Llevar al tiempo en este barco, e irnos con él.
¿Sabéis qué es lo peor? Que os he metido todo este rollo sobre el tiempo que va, y vuelve, y en realidad no vuelve, sino que se vuelve a ir. Pero eso también es una forma de volver, ¿no? Y el tema es que os he escrito todo esta parrafada para contaros, en definitiva, que yo no tengo tiempo. Que la vida no me da, que yo sí que voy o vuelvo, o las dos a la vez y el día solo tiene 24 horas y la semana 7 días. Es difícil encontrar el tiempo, por mucho que siempre esté aquí, para estar con vosotros aquí todos los domingos. Pero, ¡tranquilos! ¡¡Que no cunda el pánico!! Que seguirá, seguirá habiendo domingos. Solo que me temo, que un domingo cada dos tendréis que echarme un poquito de menos, ¡pero a cambio de poder leerme otro! Seguiremos perdiéndonos en letras y en reflexiones, lo prometo, pero de una nueva forma. ¿Y es que no he dicho nunca que vivir es reinventarse? Improvisar, seguir devolverle el mordisco a la vida según esta te lo da. Y yo, os lo prometo, la muerdo todo lo fuerte que puedo... Cada segundo. Cada día. Cada tiempo.
Seguimos, seguimos naufragando en letras y salvándonos en ellas. (Casi) cada domingo.
¡Nos vemos en dos semanitas!
"No intentes explicar esto que sucede
ahora, solo déjate llevar por cada
palpitar, permite que la piel vibre como
debe, que el alma vuele, no pretendas
controlar tu respirar, deja que fluya
y comienza a levitar"
Nadia Baños.
Fotografía: María Ángeles Osés Bazterra
Me encantan siempre tus entradas
ResponderEliminar¡Muuuuchas gracias! 😘
EliminarHola! Es un placer leer tus entradas. Me enganche con :Aire de reencuentro, una lectura que me emociono muchisimo y me dio una serenidad dificil de explicar, un suspiro a una intranquilidad vivida de tener a mi hija, Sara, lejos, por esa ciudad del reencuentro ... Una satisfaccion que ella pueda compartir sus momentos con una persona como tu y otros muchos.
ResponderEliminar¡Muchas gracias! ¡El placer es mío de que te gusten y las disfrutes! Qué bonito es escuchar lo que a cada uno le produce leer algo que has escrito y más cuando se trata de algo que tanto costó como fue la distancia. Por suerte hay personitas que hacen las vueltas mucho más amenas y será difícil olvidar (¡ni que quisiera!) este tiempo en Zaragoza. Seguiremos reencontrándonos en esta ciudad cada semana, y sobre todo... disfrutándola.
Eliminar¡Espero que te siga gustando lo que vaya escribiendo!