Como bien sabéis ya, el fin de semana pasado recibí una visita muy especial. Uno de esos abrazos en el andén de ilusión de la de verdad. Una de esas despedidas en otra estación con otro abrazo que pide que, por favor, el tiempo hasta la próxima visita pase rápido. Me acordé, después de aquello, de un texto que tenía escrito hace tiempo ya, unos meses después de la experiencia internacional (con cosas tanto buenas como malas) que supuso mi verano de 2015 por Irlanda y más tarde por Francia. Sí, sé que muchos lo estáis pensando, la famosa historia de Irlanda que tantas veces os he dicho que os contaré algún día y al final nunca he terminado de relatar. Demasiado tiempo para reflexionar por aquellos parajes y demasiados motivos por los que escribir más tarde. Este domingo os dejo con ello, con algunas de las conclusiones a las que Workaway me acabó llevando. ¡Espero que lo disfrutéis!
"¿Cuántas
veces te has dejado llevar? ¿Cuántas veces has perdido el norte? Tirar para
adelante sin saber si aquello era este u oeste, arriba o abajo. ¿Cuántas veces
has paseado por calles cuyo nombre ni siquiera eras capaz de pronunciar? O has
andado y andado sin rumbo hasta darte cuenta de que estabas de nuevo en el mismo sitio de
hace un rato. Y entonces cambias de dirección, porque quieres rutas nuevas, porque quieres
seguir descubriendo, por ese pensamiento de “¡aquí ya he estado!”. Sin embargo… siempre haces
el mismo camino para ir a clase todos los días, y vuelves a pisar sobre los
pasos ya marcados ayer cuando vas a reencontrarte en el bar de siempre, con tus
amigos de siempre, en la ciudad de siempre. Porque es el camino más corto,
quizá, pero probablemente porque es la costumbre, ese “para qué cambiar si aquí
estoy bien.”
¿Cuántas
veces te has intentado comunicar con gente que no hablaba tu misma lengua?
“Muchas”, pensarás. Si solo necesitas mover un par de dedos, y señalar un par
de cosas en el menú de allí atrás, y cualquiera se entiende, ¿no?
O
no. No hablo de "comunicarte" para conseguir un plato “muy exótico”, “muy típico del lugar”, que en realidad es preparado para
el primer turista que pase y pague cuanto más mejor con su dinero de siempre
conseguido en su trabajo de siempre. Eso sí, tened claro que si ese puesto en
vez de estar a miles de kilómetros de su país de origen estuviera en su misma
calle de siempre… jamás se habría fijado en él.
Pero no, esta vez hablo de comunicarse de verdad, de… conectar. Me dan igual los bocadillos e incluso las palabras (que paradójicamente son siempre las que rigen mis pasos) y hablo de entenderse, de llegar a gente con la que ni siquiera eres capaz de cruzar un par de palabras en el mismo idioma… o quizá sí. Yo también creía que aquello de que te llegara gente con quien no compartías lengua materna era imposible, que no podías conocerte de verdad si no entendía tus expresiones o tu forma de hablar. Pero a mí también llegó alguien que me demostró que una vez más estaba equivocada, gente con quien reí con más ganas que con ningún otro chiste que me hubieran contado antes en esos que consideraba “mis idiomas”.
Pero no, esta vez hablo de comunicarse de verdad, de… conectar. Me dan igual los bocadillos e incluso las palabras (que paradójicamente son siempre las que rigen mis pasos) y hablo de entenderse, de llegar a gente con la que ni siquiera eres capaz de cruzar un par de palabras en el mismo idioma… o quizá sí. Yo también creía que aquello de que te llegara gente con quien no compartías lengua materna era imposible, que no podías conocerte de verdad si no entendía tus expresiones o tu forma de hablar. Pero a mí también llegó alguien que me demostró que una vez más estaba equivocada, gente con quien reí con más ganas que con ningún otro chiste que me hubieran contado antes en esos que consideraba “mis idiomas”.
Hablo
de jugar con niños que no entienden tus juegos, ni tus juguetes. Hablo de seguir sus supersticiones (jamás se me volverá a ocurrir dejar una herradura boca abajo jeje) y sus manías. Hablo de
tratar de conocer sus gentes y su cultura, pero hacerlo desde dentro, de verdad.
¿Alguna vez te has parado a escuchar a cualquier músico callejero disfrutando con lo que toca? Haciendo disfrutar a aquel que decide pararse en vez de ignorarlo por estar demasiado ocupado en buscar la mejor foto en no sé qué "imperdible" monumento de no sé qué famosísimo barrio.
¿Y
ha habido alguna vez en la que te hayas parado a contemplar lo que tienes
alrededor? Pararte de vez en cuando a perderte, disfrutando de lo que venga y dejando
marchar aquello que ya se va. Y es que todo viene, todo llega, y todo pasa. Siempre.
¿Cuántas
veces te has sentido muy exótico con tus billetes de avión para una semanita a quién sabe qué país a millones de kilómetros de distancia? Y sin embargo, te has codeado como siempre con la gente de siempre, que viste
igual que siempre. E igual que tú. Y después has seguido buscando la belleza solo de la forma
que tú conoces, porque es la única que te gusta. O quizá y mejor dicho, porque no es
que sea la única que sabes apreciar, sino incluso la única que sabes ver.
Pero
no voy a venir yo a echaros nada en cara, ni a daros ninguna lección de nada, porque
soy la primera que ha buscado corriendo todos los atractivos turísticos nada
más entrar en una nueva ciudad, y ha pasado de largo del artista tocando en la
boca del metro, o del poeta aguantando y compartiendo con todos (o quizá con nadie)
la tormenta que lleva dentro. Yo también he estado, y sigo estando tantas
veces, entre los de “mira qué raro va vestido aquel” o “no entiendo qué gracia
le ven a esto”. Yo tampoco he querido jugar a juegos que no fueran los míos y,
para qué nos vamos a engañar, yo también he hecho el camino de siempre esta
mañana.
Andar
sin seguir mapas. Seguir sin buscar nortes, ni encontrar sures. Encontrar cosas
sin buscar. Buscar en lo más desconocido. Desconocer lo conocido. Conocer que
no hay límites. No limitarnos a existir. Viajar de verdad. De eso os hablo.
¿Alguna
vez lo has probado? ¿Alguna vez has probado a vivir así? O quizá mejor dicho…
¿alguna vez has probado a vivir?"
"Become friends with people who aren't your age. Hang out with people whose first language isn't the same as yours. Get to know someone who doesn't come from your social class.
This is how you see the world.
This is how you grow."
Visto en Workaway.info
("Hazte amigo de gente que no sea de tu misma edad. Pasa tiempo con personas cuya primera lengua no sea la misma que la tuya. Conoce a alguien que no venga de tu misma clase social.
Así es cómo ves el mundo.
Así es cómo creces.")
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