Supongo que todos tenemos, entre todos los escritos que llevamos a la espalda, algunos a los que les tenemos especial cariño. De esos textos que quizá por las circunstancias o quien sabe exactamente por qué, nos inspiran una ternura especial.
Hoy también tiro un poquito de hemeroteca, pero lo hago con más cariño que nunca. Espero que entendáis el sentido que en su día le quise dar, pero sobre todo, lo interpretéis como lo interpretéis, espero que lo disfrutéis.
Gracias por cada domingo. Por llevaros mis palabras, y traerme las vuestras. Y un domingo más... Os dejo entre palabras.
"PALABRAS
AL VIENTO
Nunca te lo dije. Nunca te confesé que me encantaba que me
rozaras la cara, sentirte en mis mejillas, tan frío y tan suave a la vez.
Nunca te lo dije. Nunca te confesé que me enamoraba que me
revolvieras el pelo, como si eso pudiera hacer que todas mis dudas se asustaran
y escaparan.
Nunca me atreví a susurrarte que no había momento más dulce
para mis oídos, ni para mi corazón, que cuando me traías las palabras, las
sensaciones y la poesía, junto con un café de buena mañana. Nunca supiste la
gracia que me hacía la extraña manía que les tenías a los paraguas, y aún me
entra la risa al darme cuenta de que jamás me dejaste abrir uno a tu lado. Llamabas
hipócritas a todos, porque consideraban dañina la lluvia en vez de los
verdaderos venenos de esta vida. Se protegían de bailar bajo la lluvia, de reír
haciéndolo, y en cambio buscaban la boca de cualquiera con ganas de pelea, o de
dejar corazones hechos añicos, y prestaban los suyos.
Nunca fui capaz de confesarte todos los sueños que tuve, enredada
en tus labios, como se enredaban las palabras en los míos, y tú venías a
hacerles cosquillas hasta que, al no aguantar más estallaran y salieran por
fin. Siempre fuiste mi inspiración y mi tinta. Siempre.
Desearía.
Desearía con todas mis fuerzas tener la valentía de abrir
de nuevo el baúl donde guardé todas las palabras que trajiste y moriría por
volver a escuchar todas las que te llevaste con tu marcha. Y, estoy segura, se
volverían a colar todas las lágrimas por los resquicios de entre mis párpados
como cada vez que me leías uno de tus textos. Volabas, y volaba, y en
definitiva volábamos juntos. Eso era lo más bonito de todo. Juntos. Tú eras el
que me daba alas.
Pero también eras tú quien me las cortaba. Me entraban las
dudas, aunque esto tampoco te lo dejé caer nunca, y al final fui yo la que caí,
desde el precipicio que había entre la ceja que levantabas cada vez que no
entendías algo hasta esos garabatos que hacías.
También me pintabas. Aunque no sé si cuadros o en cuadros.
Me pintabas los lugares más bonitos que podría imaginar y me prometías que
algún día me llevarías allí, que pronto podrías dibujar mi silueta también
sobre aquellos lugares. Ingenua de mí, que te creí.
Como te creí en cada poema que me susurraste. No había nada
que me gustara más de ti. Tu vocación de enamorarme con la forma tan especial
en que sentías, percibías y transmitías todo. La forma en que jugabas con las
palabras, o con mi falda.
Hasta las flores te seguían con la mirada cada vez que
pasabas por delante, y a veces incluso eras tú quien se las llevaba,
precisamente, por delante.
Había días en los que arrasabas con todo, y con todos. Eras
pura vitalidad. Tanto… que hasta hacías incendio de la chispa que saltaba por
el cortocircuito que se producía entre cabeza y corazón.
Nunca te lo dije. Nunca te lo confesé. Nunca me atreví a
susurrarte todo esto para que supieras lo que te disfruté y lo que te echo de
menos. Tampoco seré capaz de confesarle a nadie que a veces le escribo cartas.
Que le escribo cartas...
al viento."
"Estos poemas
Estos poemas los desencadenaste tú,
como se desencadena el viento
sin saber hacia dónde ni por qué.
Son dones del azar o del destino,
que a veces
la soledad arremolina o barre;
nada más que palabras que se encuentran,
que se atraen y se juntan
Irremediablemente,
y hacen un ruido melodioso y triste,
lo mismo que dos cuerpos que se aman. "
(Pedro Guerra)
Fotografía: María Ángeles Osés
P.D. El viento, por cierto... Que crea tantos destrozos como arreglos, tantos perfectos como imperfectos. El viento con ese ímpetu que todo lo lleva por delante. Y una casa antigua que... Será otra historia. Mil añicos de un cristal y seguro que de algún corazón, cada trozo con su esencia y su presencia y su diferencia y... Quizá algún día su ausencia.
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