domingo, 30 de julio de 2017

Que no pare la fiesta, que la vida no se detenga.

No es fácil encontrar un lugar como aquel pequeño gran rincón de la Francia profunda. Atmósfera de total aislamiento del mundo exterior. Fue lo que sentí el primer año y lo que, por tercer año, vuelvo a notar. El ambiente. Siempre es el ambiente.

Ambiente que crea la gente, gente, gente... Un grupo de personas que se junta cada verano dispuestos a hacer de esa semana la mejor. Y aunque muchos ni siquiera vayan a ser capaces de entender esto, gente que ha vuelto a marcar mi verano. Lo han escrito con letras de todos los colores y con plumas de todos los tamaños y han marcado con huellas de todos los tipos estos días en medio de la nada francesa. Este pequeño rincón se trata, a fin de cuentas, de un poco de agua en medio del desierto, algo de cariño en un corazón desolado y, por supuesto, mucha vida en medio de la nada.

De nuevo tantos países unidos alrededor de una misma mesa, de nuevo tantos idiomas, tantas canciones, juegos y risas entendiéndose un poco en todos los idiomas que, al final, acaban uniéndose en una misma lengua. Un mapa lleno de chinchetas con toda una infinidad de historias detrás y un mismo desenlace: todos estamos aquí.

Unas pocas lágrimas en una emotiva despedida porque, como cada año, lo echaré de menos. Aunque supongo que no sé cuándo ni cómo pero acabaré volviendo. Siempre lo hago. Porque lo dije ya hace dos semanas, allá donde uno deja un trocito de corazón... Siempre vuelve.

Lo peor y a su vez lo mejor de irse fuera de casa es tener que volver. Siempre echamos de menos cosas de casa y, a su vez, cuando encontramos la gente, las vistas, las sensaciones o, quizá simplemente el bienestar, cuesta dejarlo atrás. Soy la nostalgia en persona. Un sentimiento me inunda cada jodida vez que tengo que dejar algo atrás y, sin embargo, me paso la vida haciendo nuevos planes, cogiendo nuevos trenes y, claro, por la misma regla de tres... Tomándolos de vuelta. Y dándole vueltas y más vueltas y aún más vueltas a la famosa nostalgia.

Se trata de ese no querer marchar. El sentimiento de saber que pronto estarás echándolo de menos. Pararse en la puerta por un segundo antes de salir. Fijar la mirada al letrerito con el nombre del lugar en la estación. Agitar la mano para ti mismo. Y esperar a que, en contra de tu voluntad, los motores comiencen a rugir, las ruedas a dar vueltas y ya... Lo que no haya sea vuelta atrás.

"Mi padre decía que hay que saber marcharse, y hoy entiendo lo que quiso explicarme; las personas se definen por su manera de quedarse, pero sobre todo por su forma de irse."
Leticia Sánchez

No se trata de no tener ganas de lo que viene, no. Se trata de no querer dejar de vivir lo que uno está sintiendo. El problema suele estar en que, por mucho que uno lo desee, por mucho que cierre los ojos y lo pida con todas sus fuerzas, no se puede estar en todos sitios. Me lo solía decir mi madre. Aún me lo dice cuando le vengo con la nostalgia de los últimos días antes de que algo acabe. Me conoce. Me quiere. Lo sé. "¡No se puede estar en misa y repicando las campanas!" A lo que yo contestaría "ya, ya lo sé, pero es que..." Pero es que a la vida, no hay peros que le valgan. Hará rugir los motores, sea cual sea el tiempo, el destino y la compañía. Lo hará sin ningún temor y... Sin vuelta atrás. Porque a fin de cuentas, lo único que no podremos recuperar es el tiempo. Siempre nos quedará volver, claro. En otro tiempo pero... Siempre nos quedará volver.

Y siempre nos permitirá colar alguna visitilla por allí. Nuevas excusas para seguir cogiendo buses, trenes y aviones, navegando en kilómetros y viviendo nuevos viajes que guardar por mucho tiempo. Nuevas aventuras y lugares, gente nueva y otros ya conocidos. En seguir avanzando y moviéndose y yendo y volviendo y fluyendo, supongo, consiste la vida. O al menos así intento yo vivirla.

Pequeña traviesa que a veces tengo la sensación de que quiere escaparse, es más, que se escapa, y yo que ando yo como loca detrás de ella. Muchas horas en el camino y otras muchas en el destino, que el ritmo no pare, que no pare la fiesta, que la vida no se detenga y que, como loca, siga entendiendo su no parar, su ritmo, su andar. Y seguir acompañándola en el camino.

martes, 18 de julio de 2017

NA ZDRAVÍ! Por Praga, por este viaje, por nosotras.

Por fin llegó el tan ansiado 11 de julio, cogimos un avión, llegamos a una ciudad cuyo idioma parece inventado por el propio demonio y después... Nos enamoramos. Encontramos la magia. Supongo que como cada vez que uno coge una maleta, porque todo viaje implica magia en una u otra forma. Nunca iguales. Tampoco tan diferentes.

El caso es que, con Praga, nos enamoramos. Y es que la capital checa no es solo de esas ciudades que te agradan la vista, sino de aquellas que te conquistan el corazón, que, siempre son  las más bonitas, al margen de monumentos y grandes atracciones turísticas.

Y a pesar de las largas caminatas, aún los 7 días que siguieron a aquel 11 se nos hicieron cortos, y a pesar de los contratiempos, nosotras nos empeñamos en llevarle la contraria al tiempo en cada dirección, y a dirigir nuestros pies en sentido opuesto. Siempre. Se nos da muy bien ir en dirección contraria, de verdad, os lo juro. Pero al fin y al cabo... ¿Qué más da? Si todos los caminos llevan a Roma...

Aparecimos en Praga. Totalmente perdidas, sin saber muy bien si el aire nos venía de norte o sur, intentando quitarnos de encima como podíamos todos los freetours que nos intentaban vender nada más llegar al reloj. El famoso mítico gran reloj, que ya había dado comienzo a la cuenta atrás de las horas que pasaríamos en esta ciudad. Aunque tras sortear unos cuantos paraguas y a veces incluso un poquito mojadas por la lluvia, he de reconocer que en alguno que otro caímos. Toni, ¡nos la liaste! Mereció la pena, en cualquier caso. Y nos hablaron de muchas cosas pero la verdad es...

La verdad es que, en realidad, nadie habló. Nadie habló de los constantes planes que jamás cumpliríamos, de las vueltas sin sentido, de los mapas con calles de nombres impronunciables ni de los más tontos entretenimientos por la calle. Nadie habló de disfrutar de los rincones más escondidos, ni de reír a carcajada limpia en los lugares más concurridos. Nadie habló de hacer 300 fotos ni de dejarnos otras tantas por hacer. De recordar las estampas. Tampoco de perder trenes y rumbos, de encontrar destinos y, a lo mejor, convertir cada rincón que encontráramos en destino.

Nadie habló de los momentos disfrutados. Del sabor de la cerveza invadiendo el paladar, del gusto de cada plato que probamos. De comer y beber sí, de eso sí que no cabe duda cuando se trata de nosotras. Nadie habló de noches improvisadas, tours organizados (o (des)organizados) ni canciones bailadas. De amaneceres apresurados. Ni de anocheceres tranquilos.

Nadie habló de puentes ni ríos, ni de torres, tampoco de paisajes y luces. De descubrir planetas en colinas y colinas llenas de torres, que pronto haríamos nuestras.

Nadie habló de vías. De sonidos. De risas. De sonrisas. De sueños. Nadie habló, de verdad que nadie habló. O quizá sí, pero en cualquier caso no escuchamos y decidimos vivirlo nosotras mismas, buscar nortes y sures, calles y bocacalles, e intentar encontrar nuestro propio conejo de la suerte aunque este, en realidad, nunca se dignara a aparecer. Difícil de explicar, supongo, aún más complicado de entender, me imagino. Y es que un viaje solo se puede conocer viviéndolo, pateándolo, bromeándolo y, al fin y al cabo, disfrutándolo.

Podría contaros uno a uno todos los sitios que visitamos y en todos los bares donde nos paramos. Podría hablaros de dónde encontramos las mejores fotos y qué rincones convertimos en los favoritos, pero al fin y al cabo no serviría de nada porque todo viaje consiste en encontrar cada uno los suyos propios.

En cualquier caso,  Praga nos ha robado un trocito de corazón y bien sabemos que aquel lugar donde dejemos algo nuestro, siempre volverá a ser en algún momento destino. O final. Volveremos. No sé cuándo, cómo ni con quién, pero volveremos y recordaremos todas las veces que recorrimos sus incómodas baldosas con una sonrisa. Y es que no sé si será cierto eso de que buen viaje nunca acaba cerca, pero que aquel viaje en buena compañía siempre será un buen viaje, eso, os lo aseguro.

"Keep the past, live the present." Y tú, Praga, manténte tan bonita como hasta ahora, para aquel día que vengamos a buscar nuestro trocito de corazón perdido.

Brindemos. Por nosotras, por este viaje y, por supuesto, por Praga. NA ZDRAVÍ!!

domingo, 2 de julio de 2017

20 veces hasta la luna.

Llego tarde, ya lo veo. Sé que se me han pasado ya las 12 y que llego tarde. Como siempre, vaya. Pero llego, que es lo importante. Como siempre también, vaya.

Y llego con el corazón lleno de cariño y la boca llena de gracias. Llego con un día más que ayer y, de rebote, también un año más. Y ya van 20. Cambiamos de década, le damos la bienvenida al primer patito. Parece increíble, ¿verdad? ¡¡Cómo vuela el tiempo!! Cuántos días caben en esos 20. Cuántas horas, cuántos momentos, cuántos buenos y malos, cuántas historias y sobre todo, cuánto cariño. Y es aquí donde entro yo a daros las gracias.

Por el día de hoy, por supuesto, pero sobre todo por cada uno de estos 20 años que me habéis aguantado. Los que habéis estado desde el día 0, las que habéis crecido conmigo y los que os habéis incorporado más recientemente pero, en cualquier caso, todos aquellos que habéis estado incondicionalmente, pase lo que pase.

Gracias, de corazón, por todos los consejos. Por todas las recomendaciones tras las que, sin embargo, siempre me habéis dejado elegir mi propio camino. Y siempre me habéis ayudado a andarlo. Gracias por la confianza, por hacerme sentir que era capaz de tomar mis propias decisiones (desde elegir los calcetines para ponerme cuando era una enana hasta hoy en día). Y sobre todo, por no haber dudado nunca de ellas, por haberme dado las herramientas y haber aplaudido siempre el resultado, fuera cual fuera. Porque no hay nada más bonito que sentirte no solo acompañada sino muy bien acompañada en este camino. Por hacerme creer en mí misma, tan difícil a veces y, sin embargo, tan necesario. Me dais la fuerza para comerme el mundo entero.

Gracias, de corazón, por haber crecido conmigo. Por haberme dejado avanzar a mi ritmo y, sin embargo, haber marcado también mi avance. Por haber dado junto a mí los primeros pasos de cada aventura. Empezamos el camino con apenas 3 añitos y 17 más tarde, aquí seguimos, con las mismas miradas cómplices, las mismas risas y la misma confianza, después de haber abierto mil nuevas etapas y haber cerrado otras tantas. También, por supuesto, gracias a los que os fuisteis cruzando en mi camino en las etapas posteriores, a todos los que habéis ido formando parte de este baile.

Gracias, de corazón, a los que no habéis podido estar hoy aquí, porque habéis sido capaces de hacerme sentir muy muy muy querida incluso a muchos kilómetros de distancia. Y es que si algo he aprendido estos dos últimos años es que, por mucho que nos pese, la distancia siempre será algo con lo que tendremos que aprender a vivir, pero no hay nada más bonito que un abrazo en una tarde de reencuentro. Nunca podremos estar con todos los que querríamos a la vez. Ni siquiera verlos todo el tiempo que gustaría. Siempre nos "faltará" alguien, pero lo bonito también lo encontramos en ese preciso punto. En que nos falte. En que notemos su falta porque eso quiere decir que aún más notamos su presencia. Y es por ello que la echamos de menos. No hay nada más bonito que querer, haya los kilómetros que haya de por medio. Solo son motivos para recorrerlos.

Así que de corazón, GRACIAS, a todos los que, presentes o ausentes físicamente, estáis siempre presentes en mí. A los que habéis formado y, ante todo, formáis parte de estos 20 años. Podría hacer una lista interminable y escribiros un libro entero a cada uno pero, como comprenderéis, no me da el tiempo. Ni la tinta tampoco. Y es que quiero seguir gastándola en escribir muchos más momentos junto a todos vosotros. GRACIAS, por el cariño, porque mueve el mundo. Y el mío, desde luego, lo movéis todos vosotros. Hoy y... los 364 restantes. SWEET 20. Y sí, lo son, son muy dulces porque habéis conseguido endulzarlos entre todos. Durante cada día que los han compuesto.

Felices 20 a todos vosotros, por haberlos vivido conmigo. Gracias. De todo, todo, corazón. Dividido. Siempre. En kilómetros, en días y... en 20. 20 razones por las que seguir disfrutándoos cada día. El de hoy, desde luego, ha sido precioso. Y más bonito aún es saber que no será necesario un año entero para seguir sintiéndome la reina de la fiesta porque, al fin y al cabo, hacéis de mi vida una completa fiesta.

Os quiero. 20 veces hasta la luna y vuelta.

domingo, 25 de junio de 2017

Y colorín colorado, este curso ha terminado.

Se acabó. De nuevo punto.

Y aparte. De nuevo llegó junio con su estrés y sus exámenes y de nuevo se va, forzando despedidas y dando pie a nuevos reencuentros.

De nuevo otro 25 que viene metiendo el dedo en la yaga, besos, abrazos, cuídates y hasta prontos. A lo mejor también alguna que otra lagrimilla. Os voy a echar de menos, a todos, a todos los que poco a poco habéis ido haciendo de Zaragoza hogar también, a todos los que ya sois familia. Porque cogisteis ese papel del apoyo, el cariño y los cuidados cuando más nos hacía falta a todos. Y porque, una vez ha dejado de doler, siempre habéis estado allí igualmente.

A quienes tantas y tantas sonrisas me habéis sacado. Pero no solo en las risas de plazoleta, sino también y sobre todo en las tardes de biblioteca, donde escasean un poquito más. Que me habéis aguantado en mis días pesados y en los tontos, en mis cansancios, en mis risas escandalosas. Que me habéis alegrado y acompañado las comidas (siento que eternas por mi culpa), los cafés de después (cortado con hielo, ¡Manolo!), los agobios de estudio y los eternos días en la facultad.

A quienes habéis sido hogar, por mucho que a las 21:30 me hubierais abandonado ya todas, pero que, a fin de cuentas, habéis sido esa casa como en la que no se está en ningún otro sitio. Porque habéis llenado cada rincón de esa casa de momentos y de risas, de consuelos y consejos.

A las que, aunque hayáis dejado de ser la habitación de al lado, nunca habéis  dejado de estar ahí. Son menos los ratos, pero se disfrutan el doble. Que nunca se borre el recuerdo de que la 507, 513 y 518 siempre serán esa puerta que tocar en caso de necesidad de auxilio.

A quien ha revolucionado mi día a día de arriba a abajo, mi forma de ver las cosas, mi felicidad no solo puntual sino también permanente. Por la complicidad, por las miradas, la paciencia y el cariño. Me sigues volviendo loca.

Al G7, porque hacéis todo trabajo más ameno. Y porque cuando se trabaja a gusto con la gente, siempre se trabaja mucho mejor. Nos quedan todavía unas cuantas cenas pendientes, de esas de acabar con el botón del pantalón suelto y rodando por las escaleras, y unas cuantas horas de prácticas más. Tranquilas, supongo que seguiré liándola con esa habilidad que me caracteriza, así que las risas las tenéis aseguradas.

Y a fin de cuentas a todo aquel que ha formado parte de mi vida por estas tierras mañas que, lejos de conquistarlas yo, me han acabado conquistando. Y no ha sido, desde luego, por su clima fresquito ni por sus verdes, ni por tantas otras cosas, sino sobre y ante todo, por la gente. Aquellos que Zaragoza ha cruzado en mi vida y que han acabado haciendo un hueco tan grande en ella que jamás podrán volver a salir.

Porque el curso empezó y, sin verlo, sin saberlo, sin entenderlo y a veces también sin quererlo, termina. Toca decir hasta luego, hasta pronto, porque el verano tiene muchos días, y septiembre siempre llega, septiembre siempre llega.

Seréis el motivo por el que coja con ganas de nuevo estos kilómetros en un par de meses. Porque sois mi corazoncillo en cada uno de esos kilómetros.

Se acabó. De nuevo punto.

Y hasta pronto.

"Ohana significa familia." Y eso... Eso os lo debo.

domingo, 28 de mayo de 2017

Toda historia tiene un principio. Y un(a) FINAL.

Toda historia tiene un principio. Y un(a) final. La nuestra tenía fecha propia. 27 de mayo. Aunque, en este caso, no se trata del final de la historia sino del principio de algo aún más grande. De ese empujoncito para seguir creciendo cada vez más y más, de seguir viendo al alavesismo a cada día más vivo y a Vitoria cada vez más ilusionada. El principio, esperemos, de más finales.

El día de ayer fue increíble. Un sueño hecho realidad, una realidad de ensueño. Puro alavesismo corriendo por las venas desde el punto de la mañana hasta el último parpadeo de la noche. Muchas ganas, mucha ilusión, muchísimo disfrute. Volvíamos a jugar una final. Para mí, la primera. Qué locura pero... ¡Bendita locura! Gasteiz entero en Madrid, Madrid invadido por Gasteiz... Albiazul, miraras por donde miraras. Desde la gente en el metro deseándonos suerte hasta la emoción bombeada por todo corazón alavesista. Un día para disfrutar y para soñar, porque era posible, porque nos lo creímos.

Al final no pudo ser pero nosotros jamás dudamos de nuestro equipo. De que darían todo y se dejarían el alma hasta el último segundo fuera cual fuera el resultado. Nosotros, por nuestra parte, prometimos hacer lo propio desde la grada. Y así fue. Ambas partes cumplimos el trato y tiramos el Calderón abajo (nunca mejor dicho jejeje). Y saltamos, y cantamos, y animamos, y bailamos, y celebramos, y sufrimos y ante todo... Disfrutamos. Mucho. Y acabamos rendidos a los pies de un equipo que nos ha dado absolutamente todo esta temporada, y acabaron rendidos a los pies de una afición que lo ha dado absolutamente todo esta temporada también. ¡Y lo que nos queda por dar!

Ayer salimos del Calderón como campeones porque es lo que somos. Porque somos los supervivientes de un naufragio que nos llevó a un infierno del que parecía imposible salir y al que, sin embargo, le hicimos frente. Porque somos el resultado de haber subido mucho por haber estado también muy abajo. De sufrir y jamás abandonar y acabar encontrando en la final de ayer la recompensa a tantísimo esfuerzo. Aunque en realidad, la recompensa ha estado siempre en cada jornada, en cualquier división; por haber tenido la oportunidad de dejarnos la voz una vez tras otra y demostrar que nunca nos daríamos por vencidos.

De hecho, tuve durante todo el partido de ayer una frase que Iraultza sacó en un tifo cuando, estando en 2.B, nos enfrentamos en copa también contra el Barça. "Gurekin bukatu zutela uste zuten. Ez gara inoiz hilko" que, viene a significar: "Creían que habían acabado con nosotros. No moriremos jamás." Y realmente así ha sido, gracias al convencimiento de que jamás podrían acabar con nuestra ilusión fue como, en cuatro años, pasamos de jugar una eliminatoria a jugar la final. De 2.B a Primera. Me sigue entrando vértigo solo de pensar la velocidad a la que hemos subido, como la espuma. Y seguiremos subiendo, y seguiremos creciendo, y seguiremos luchando, siempre. Porque es el único camino que conocemos.

Se acabó. Vitoria vuelve a la normalidad. Aunque en realidad nada volverá a ser como antes porque días como el de ayer siempre quedarán en la memoria de esta ciudad.

Llegó el momento de colgar camisetas, bufandas y banderas, con la vista puesta en un agosto al que esperaremos ansiosos "para disfrutar como cada domingo con el Deportivo."

Y cambiarán caras y dorsales, ley de vida en esto del fútbol. Pero, en todo caso, jamás se marcharán de Vitoria. Nunca se irán del Alavés. Porque su huella siempre permanecerá en nuestra memoria, y nuestro corazón siempre será suyo. Espero que en alguna parte del suyo guarden nuestro recuerdo también.

Eternamente agradecidos.

Morimos por ti, ¡Glorioso!

27/05/2017. Una fecha para el recuerdo.

Sigamos escribiendo juntos nuestra historia. Somos grandes. Y lo somos, porque jamás dejamos de creer que lo éramos.

ZUGATIK GU BIZI GARA GLORIOSO!!!


sábado, 27 de mayo de 2017

Por fin. Llegó el día. 27 de mayo. ¡GOAZEN GLORIOSO!

Hoy no tocaba, lo sé, es sábado y además hace solo una semana desde la última publicación. Hoy no tocaba, no. Pero va a tocar, porque yo lo digo, porque yo lo siento. Y es que, hoy es un día especial. Y es tan especial porque… el Glorioso ha vuelto a las finales.

16 años han tenido que pasar para poder presenciar una de nuevo, pero… ¡por fin ha llegado el momento! 27 de mayo, taaan esperada fecha… 27 de mayo en Madrid. Aquí estamos. Pero, para llegar aquí, evidentemente, hemos pasado por muchos días atrás. Hoy os traigo una pequeña recopilación de lo que la creciente ilusión y nervios de estos últimos días han supuesto. Os traigo unas frasecillas de cómo se cuenta hacia atrás cuando se vive entre letras y albiazul. Porque hoy es el día, señoras y señores, y vamos a disfrutarlo.

¡A POR ELLOS!

07/05

“Hace 16 años, el cielo de Dortmund lloraba. El pequeño Deportivo Alavés, tras un recorrido admirable por todo Europa y una final de infarto, se volvía a casa cabizbajo y con las manos vacías. Sin embargo, se llevaba el corazón a rebosar cariño y una promesa eterna a Vitoria: Volveríamos a jugar una final. Volveríamos a ser grandes.

Ahora Vitoria tiene la vista puesta en el Madrid de un 27 de mayo en el que seguiremos escribiendo nuestra sufrida historia. Un calendario con una cuenta atrás de exactamente 20 días. Señalada fecha en la que trasladaremos el espíritu de Mendizorroza al Calderón para enseñarles por aquellas tierras cómo se vive una final tras sobrevivir a la tormenta. Cómo se baila bajo la lluvia. Jamás bajamos los brazos y nunca abandonamos. Fuimos 8.000 (¡e incluso 4.000!) en las noches más frías de invierno. Y aún así, siempre, siempre seguimos, al pie del cañón, creyendo firmemente que nuestro momento aún estaba por llegar.

Perdimos partidos contra equipos de los pueblos más pequeños e incluso estuvimos a punto de desaparecer pero, a pesar de todo, a pesar del negro del que se pintaba el futuro, jamás bajamos los brazos. Animamos más a cada gol encajado y apretamos más los dientes a cada punto perdido. Y fue así como después de bajar subimos, y seguimos subiendo porque nuestro único techo es una copa alzada sobre nuestras cabezas.

Quién sabe lo que nos depararán los 90 minutos que tanto ansiamos, pero, sea cual sea el resultado, tras el camino que llevamos a las espaldas, será una victoria.”

20/05

“Hace unos pocos días recordábamos la más agridulce de las páginas de la historia del Glorioso. Como cada año. Como cada 16 de mayo. Sin embargo, este 16º aniversario lo hacemos con otra chispa en los ojos. La de una ciudad entera ilusionada como hacía mucho tiempo que no lo estaba, con la vista puesta en el Madrid de un 27 en el que vibraremos como nunca y… como siempre. Como llevamos haciendo cada partido, cada semana y cada punto desde la más remota 2.B. Como llevamos dejándonos la garganta cuando todo parecía perdido y, sin embargo, nosotros jamás dimos por perdido.

“No tenemos miedo al fracaso porque nos hicimos fuertes en el infierno” nos recordaba I21 al empezar la temporada, y a mí no se me ocurre mejor frase para llevar por lema hasta el Calderón.

Superamos las peores tempestades y sobrevivimos a cada naufragio. Sufrimos demasiado para preocuparnos ahora de no disfrutar.

Así que Vitoria será Madrid este 27, y Madrid será Vitoria. Y en definitiva, todos seremos un equipo al que acompañaremos en la más bonita de las batallas. Y lo haremos bailando, y lo haremos cantando, y lo haremos sacando los dientes y dejando el corazón.

Nos vamos a Madrid. Nos vamos y es a por todas.”

22/05

La cuenta atrás se ha acelerado. Ya no para, ya no respira, ya no espera. La tan señalada como ansiada fecha llega ya, nos atrapa, nos coge, nos invade por dentro porque… ¡está ya encima!

Apenas unos días para la hora en la que las ruedas del tren destino Madrid empezarán a rugir y nada ya en los dos días siguientes dejará de hacerlo. Y rugirá Madrid, y rugirá el Calderón, y rugirá el alavesismo. Aunque en realidad… ¿cuándo ha dejado de hacerlo?

Hemos seguido jugando finales después de Dortmund también. Seguimos aferrándonos a la esperanza de un minuto 93 en Jaén, al sentimiento de Natxo por este equipo, y a la garra de Bordalás. Seguimos jugándonos permanencias y ascensos, y puntos por los que sufrimos más que por cualquier final. Porque cada página de esta historia fue importante. Y porque, fuera en las circunstancias que fuera, disfrutamos de cada línea que escribimos.

“Los grandes” podrán tener muchas copas en sus interminables vitrinas y sabrán jugar muchas finales, también ganar muchas copas; pero lo que no saben es que cuando se aprende a querer a un equipo en las malas, se sabe ya jugar en las buenas. Lo que no saben es que la unión de los momentos más difíciles es la que hace más bonitos los demás. Y que cuando uno ha disfrutado bailando bajo la lluvia, el arcoíris de después se ve más bonito que nunca. Lo que “los grandes” no saben es sentir a una afición aún más volcada a cada gol encajado, ni escucharla exprimirse todavía más las gargantas a cada punto perdido. Y es que ganarlo todo puede parecer muy bonito, pero cuando los silbidos sustituyen a la fiesta, un trocito del espíritu del fútbol muere. Y nosotros no tendremos más millones que nadie, pero espíritu e ilusión los tenemos muy pero que muy vivos.

Sufrimos las mayores desilusiones y los obstáculos más duros en el camino. Estuvimos al filo del abismo y, sin embargo, nos apoyamos los unos en los otros para recuperar el equilibrio y seguir remando hacia adelante. Pero sobre todo, jamás nos dimos por vencidos.

Y cuando todo parecía perdido, nosotros nos negamos a dejarnos perder por haberlo dado todo por perdido. Lo único que quisimos y pudimos perder, fue la cordura. Y es que… ¡estamos locos por ti, Glorioso! Y cuando nos dieron por muertos, decidimos que si habríamos de morir, sería matando. Y lo único que murió al final fueron las dudas y la desconfianza en este equipo. Y es que… ¡nosotros morimos por ti, Glorioso!

Lloramos. Estuvimos desesperados. Tuvimos miedo. Pero fue entonces cuando también aprendimos a apretar aún más dientes y a rugir más fuerte que nunca. Y ahora, que es cuando más miedo “deberíamos tener”, es cuando menos tenemos, porque sufrimos demasiado ya como para preocuparnos ahora de no disfrutar.

Pase lo que pase, GRACIAS. Por devolver la ilusión a esta ciudad. Por devolver a las finales a este equipo. Por no solo hacernos vibrar, sino vibrar también con nosotros. Desde Pellegrino y Manu hasta el último peón de este club. GRACIAS.

26/05

Qué relativo es el tiempo, eh… Qué lejano parecía este fin de semana aquel 8 de febrero en el que no nos creíamos que el pase a la final no fuera sueño sino realidad. Ojalá hubiera podido estar yo también en Mendi celebrándolo y disfrutándolo y, sin embargo, estaba lejos, en un bar a 262 km a punto de cerrar y sola. Muy sola.

Recuerdo la llamada de mi padre: Estarás contenta, ¿no? Y yo llorando, claro.” Aita, que nos vamos a Madrid, ¡eh! ¡Nos tenemos que ir!” Aquella noche me dormí con la promesa de que el día 27 de mayo estaríamos en el Calderón, disfrutando de la final que no pudimos ver juntos en Dortmund. Y a pesar de que siempre me seguirá restregando que él sí que estuvo allí, supongo que también recordará aquella final que, por fin, pudimos vivir juntos.

Llega ya, llega mañana. Se acerca tantísimo que incluso se puede tocar, incluso se puede sentir, incluso se pude notar. El corazón a mil por hora sobre las vías destino Madrid. Miles de recuerdos pasando por la mente de tantos y tantos partidos vividos con el Glorioso y la ilusión brillando en los ojos por el que está aún por vivir. 90 minutos de puro alavesismo representado en 19.000 gargantas que nunca fallan y, desde luego, tampoco lo harán mañana. Convertiremos el Calderón en nuestro infierno particular para el Barça, y en fiesta para los nuestros, como cada Liga y cada jornada. Y, lo más bonito de todo es que, pase lo que pase, será un gran partido. Y bailaremos, y saltaremos, y gritaremos y nos dejaremos absolutamente todo sea cual sea el resultado.

Cuesta, la verdad que es difícil de asimilar que esté ya tan aquí, tan encima, tan presente. Y cuesta aún más pensar que, sabiendo dónde estábamos hace poco, nos podamos ver hoy aquí. Me cuentan que Vitoria está preciosa. Me llegan fotos, me aparecen tuits y realmente sí veo que Vitoria está más bonita que nunca, a muerte con su equipo y rebosando ilusión por los 4 costados.

Se ve, se siente. Tenemos una oportunidad de oro no solo para disfrutar nosotros, sino para hacer disfrutar. Y es que el jugador número 12 de este equipo siempre es el que tiene los mejores pases y los goles más bonitos. Siempre es el que más lucha cada balón y el que más celebra cada victoria. También el que más apoya en la derrota. Camisetas a la maleta, bufandas a la muñeca y las pinturas preparadas para el duelo más duro y más bonito que a este 12 le va a tocar jugar. Y es que mañana, será su partido, y lo sabe. Estará a la altura de las expectativas, lo sé. O quizá, incluso, esté por encima de ellas. Vamos a enseñarle a todo un estadio quiénes somos. Vamos a callar el Calderón demostrando que nosotros también sabemos rugir entre los grandes.

Estamos a las órdenes del míster y confiamos. Y él lo que nos dijo fue que bailáramos así que… ¡BAILEMOS! ¡Y hagamos bailar Madrid! #1día 27/05 Por fin… ¡LLEGÓ EL DÍA! Que tiemble Madrid… ¡VAMOS, VAMOS GLORIOSO!

domingo, 21 de mayo de 2017

18 noches de magia.

Hoy vengo con un texto que muchos leísteis ya el miércoles y que viene un poco con retraso en realidad, pero me apetecía dejar caer por aquí el textito con el que hace unos días le felicitaba los 18 a la brujilla de mi hermana.

"Hay noches especiales, ¿verdad? Noches con magia, noches con vida propia. Y hay vidas que llegan y rompen con todas las noches anteriores. Tú llegaste una mañana, que nada tuvo que ver con una noche excepto en la magia y rompiste con una (por aquella época cortita) vida de ni siquiera 2 añitos; porque a partir de aquel 17, nada volvería a ser igual. Y efectivamente, nada volvió a serlo. Hubo que aprender a (re)vivir de otra manera. A tener celos y a vivir con ellos, a quererme ver la única y no poder serlo. Tras 18 años, digamos que me voy acostumbrando. Mucho tiempo en el que no siempre nos aguantamos mutuamente pero... ¿qué hermanos lo hacen?

Te he querido matar cien veces, pero en mi defensa diré que mil habría matado por ti. Te he querido "morir" y al final, quererte hasta morir. Te corté mil frases y te conté dos mil historias. Y te leí tres mil poemas. E, intentando hacerte rabiar, de repente me encontré con que te quería a rabiar.

No siempre has sido bienvenida en mis juegos, no nos engañemos, pero ahora no puedo imaginarme esta partida sin ti como mi fiel pareja de juego. En esta vida, digo. Sin las risas contigo, sin las bromas, sin las confidencias, sin las confianzas. Quizá incluso sin las pequeñas discusiones. Sin los grandes momentos. Sin las mejores palabras y el apoyo sin necesidad de ellas. No podría imaginarme la vida sin la más sincera opinión y el mejor consejo. Y es que ahora, no solo es que no podría, sino que por nada del mundo querría imaginarme el mío sin ti.

Cumples tus 18 pequeña, aunque se me haga difícil de asimilar, porque el cacahuete de mi hermana ha crecido y yo no me he enterado. Hace dos días era yo quien cumplía la mayoría de edad y hoy eres tú quien me la da. 18 años como hermana mayor en los que intenté timarte unos cuantos chupa chupses, pero también intenté ser el mejor ejemplo y toda la protección que una enana + 2 podía ser. 18 años de altos y bajos en los que te has ido haciendo todo un tesoro y también toda una delincuente que ( aún sabiendo que todo el mundo te lo va a recordar) ya puede ir a la cárcel. Pero puedes estar tranquila, ya iré a sacarte yo de ella y a seguir de puente a puente y que nos lleve la corriente.

Por seguir riéndome de ti y contigo. Por seguir echándote de más y de menos. Por que sigas cumpliendo muchos años junto a mí, pero sobre todo, por seguir cumpliendo muchos días junto a ti. Lunes, viernes o domingos, eneros, mayos o agostos. Mañanas, tardes y noches. Lo que sea mientras sea juntas.

Porque la distancia es dura, pero más duro es no tener motivos para recorrerla. Y el querer a kilómetros es jodido, pero el abrazo tras el final de ellos, no tiene precio.

Y es que "igual que el mosquito más tonto de la manada, yo sigo tu luz aunque me lleve a morir."

Disfruta, mi pequeño txutxito, disfruta de este más que merecido descanso y celebra por todo lo alto este día.

Yo, por mi parte, desde los ya tan conocidos 262, solo te pido que guardes la guinda para mí. Que llego pronto y aunque sé que puede que no quede tarta, a mí me basta con que quede un brindis para mí. Por ti, por nosotras. Por tus 18.

Zorionak pitxin! Maite zaitut. 262 km eta buelta maite zaitut."

Recordaba mi madre, tras estas palabras, cómo parecía imposible que nos lleváramos bien cuando ella me destrozaba mis altísimas torres... Queda demostrado pues, la mala... Era ella.

Pero al final, lo que cuenta, es que un día decidió ayudarme a construir la torre y desde entonces seguimos sumando piezas para arriba, juntas en cada paso. Y que la quiero.

" Quédate con quien haga de tus alas,
su vuelo,
con quien esté para ti cuando el mundo esté en contra tuya.
Quédate con quien se quede contigo cuando los demás salgan huyendo."
Miguel Gane

Y yo, petarda, me quedo contigo.