viernes, 10 de noviembre de 2017

Tú contigo misma.

Cuando eres pequeño, piensas que tus padres siempre te enseñarán el camino. Te dirán qué debes hacer y qué no, qué está bien y qué mal. No es que pienses, sino que asumes que siempre te solucionarán la vida. Y sí, es cierto que te sacarán de muchas situaciones, pero al final, tú serás tú y ya está. 

Tu propia sombra y tu única brújula y norte. Tú contigo misma. Solo tú andando tus propios pasos y recorriendo tu propio camino. Solo tú persiguiendo sueños y cumpliendo objetivos. Serás tú quien tome cada decisión y diga la última palabra. Quien escriba su propia historia, a fin de cuentas. Caminarás solo. Serás dueño y señor de tus pasos. Vivirás. Tú. Solo. 

Aunque para eso, te lo advierto, harás bien en buscarte buenos compañeros de viaje. Aquellos que te vayan a apoyar en cada decisión y te vayan a tender la mano tras cada caída. Búscate a quien haga que la vida parezca más fácil, más divertida, menos complicada.  Rodéate de aquellos que te den los mejores consejos pero sobre todo que, hagas lo que hagas, vayan a estar contigo. Los que siempre pondrían la mano en el fuego por ti, aún sabiendo que pueden quemarse, y nunca dejarían de apostar por ti. Porque de verdad, hacen la vida mucho más fácil y los días mucho menos grises.  Pero sé consciente de que al final, después de todos los consejos y apoyos, el último paso siempre lo darás tu. Siempre serás quien deba tirarse al abismo, saltar, o decidir quedarse en tierra. Quien diga "x" o "y", quien elija noche o día y quien decida qué sí y qué no. Serás tú tu más fiel compañero de viaje y de aventuras, estés donde estés y vayas donde vayas. Hagas lo que hagas con tu vida. Aunque a veces dé miedo, aunque a veces asuste, vivirás tú. Y si te vas, te irás tú. Disfrutarás tú. Sentirás tú. Llorarás tú. Sufrirás tú. Y reirás tú. Y serás tú.

Qué solos estamos en esta vida de compañías, y qué acompañados estamos en esta vida de soledad. Qué llenos y qué vacíos. Qué de más y de menos. Y lo bonito que es saber rodearte de buena gente. Necesario saber estar solo también. Qué complicado, a su vez. No siempre es fácil elegir un camino. No todas las situaciones son claras ni fáciles de ver, y la decisión dependerá también de la experiencia y de la forma de ser y ver que tiene cada uno. Por eso, serás tú, tras escuchar tan diversas opiniones, quien tenga que dar el paso hacia uno de los lados de la balanza. Aunque no siempre lo veas claro. Porque directamente no siempre será claro. A veces no hay una respuesta correcta. Solo respuestas. Tantas y tan diversas, tan acertadas como incorrectas.

Y al final de todas ellas, tú contigo misma, alrededor de ti, sobre ti, hacia ti y... En ti. Estás aquí para vivir esto y para comerte este mundo. De la forma que sea. De la forma que TÚ decidas. Así que... Ya estás tardando.


"De vez en cuando hay que hacer una pausa

contemplarse a sí mismo

sin la fruición cotidiana

examinar el pasado

rubro por rubro

etapa por etapa

baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras

sino cantarse las verdades"


Mario Benedetti


Fotografía: Eugenia Laurenzana

domingo, 5 de noviembre de 2017

Keep the past, live the present.

Amanecimos una mañana de julio en Praga y, tras unas cuantas vueltas por el mapa, al fin, conseguimos llegar al muro de Lennon, donde era evidente que no éramos las únicas en busca de la obligada foto en esta ciudad. Un guitarrista se dejaba la voz acompañando a las tantas y tantas frases y dibujos que adornaban y daban color al muro. Las había de todo tipo, más grandes y más pequeñas, incluso unas encima de otras, cada una de un color, de una forma y... Con su propio significado. Y me encantaron muchas de ellas pero, sin duda, hubo una en concreto que, zaaasss, me dio especialmente.

"Keep the past, live the present."

Supongo que, porque llevo mucho tiempo pensando así y es posible que incluso alguna vez lo hayáis leído por estas páginas. Sobre esa absurda manía de olvidar el pasado. ¿Por qué íbamos a querer hacerlo? Somos nuestro pasado y, como parte de nosotros que ya es, deberíamos guardarlo. Aunque... Lo que debemos vivir es el presente. El pasado como compañero de viaje de un presente en el que caminamos hacia un futuro. Un futuro que en realidad acabará siendo presente. Y pasado. Y por eso esta frase. Somos la mezcla de todo lo que vivimos, lo bueno y lo malo, de cada viaje que hacemos, de cada persona que conocemos, aún más de aquellas que nos marcan. Somos cada error que hemos cometido, y cada acierto. Cada vez que hicimos daño, y cada vez que nos lo hicieron. O ambas dos a la vez... Cada vez que nos hicimos daño a nosotros mismos.

Somos nuestras pasiones, ese brillo en los ojos al hablar sobre ellas. También nuestros miedos, las inseguridades, los días en los que perdimos la ilusión y aquellos en los que volvimos a recuperarla.

Somos un cambio de aires a veces, dejarlo todo atrás, tenerlo todo por delante. Y a los de siempre. Y a los nuevos que acabarán siendo también imprescindibles.

Somos un salto sin paracaidas, un puenting sin cuerda, una confesión a micrófono abierto. Somos una locura tras otra que nos llevaron a quién sabe qué de quién sabe dónde por quién sabe cómo. Y por eso somos pasado. Porque todo pasado nos llevó a un presente que es sobre el que caminamos. Porque todo pasado nos enseñó y nos guió, y porque sin él no seríamos. No seríamos lo que somos.

Lo bueno y lo malo, todo viene del mismo punto de partida que nos acompañará, concretamente, hasta el final de la partida. Y tendremos que aprender a jugar con ello. Y tendremos que entender cómo vivir con ello. Y a veces lo odiaremos, y hay días en los que querremos olvidarlo. Pero, de verdad, personalmente creo que no hay nada más duro que olvidar de dónde venimos. Olvidar nuestras experiencias, perder la noción de cómo nos hemos ido haciendo nosotros mismos.

Saber de dónde venimos para poder entender a dónde vamos. O entender de dónde venimos para saber a dónde vamos. Quién sabe.

En cualquier caso, llevar siempre nuestras raíces, nuestra historia y nuestras experiencias con nosotros mismos. Las buenas. Y las malas. Y, sin quedar anclados a ellas, seguir navegando en este mar. De domingo.

"Keep the past. Live the present."

Vamos a darle leña a este 2018. Por ti. Por nosotros.


Hay días en los que la vida te la juega. Juega contigo, engañándote, hasta que zas, te destroza. Terminamos 2017 y empezamos 2018 de una forma bastante más agria de la que esperábamos. Bastante más agria de la que este blog estaba esperando recibir. Y ya nada cuadraba con esta entrada la semana pasada. No tenía sentido. No había ganas.

Sin embargo, quería plasmar mi suerte aquí. Estaba ya preparado, esperando a que llegara el fin de año para publicarlo y la vida se me adelantó. Se me acabaron las ganas, pero no se me acabó la suerte. Por seguir manteniéndoos aquí a mi lado, y que me hagáis volar, desde donde sea, sea la tierra, el cielo o... Sencillamente el corazón.

Y así venía a hablaros yo la semana pasada:

"Nocheviaje. La noche más vieja del año. El viaje más largo de todo el año. Un recuento, una vuelta atrás tan suave como rápida en pocos minutos de los últimos 365. Un flash de momentos recopilados de un 2017 con, una vez más, un poco de de todo. Un reencuentro lleno de recuerdos, con las 12 de medianoche, con el racimo de cada año.

Nos vamos a los errores, nos paramos a sonreír en los buenos momentos y volvemos sobre el cariño de quiénes nos quieren, para poner de nuevo los pies en la tierra. Y acto seguido, elevarlos hasta el cielo de una noche que nos introduce en un 2018, que mucho promete y a saber qué nos traerá al final. Una lista de objetivos y promesas que jamás nadie cumplirá. Pero qué más da, mientras sea lo que hace a uno feliz. Que la única excusa sea la de la nueva oportunidad que pasa cada día por delante.

Un puñado de deseos en una mano y el corazón bajo la otra, un vistazo rápido todo lo detenidamente posible a mi gran suerte. A mis grandes suertes. Y el único deseo que yo voy a soplar este año: que pronto todo vuelva al cauce en el que empezamos 2017. Que este año no toca empezarlo igual, pero pronto volverá todo a su sitio. Que ya queda poco. Que pronto estaremos todos en casa.

Lo que quiero no es una gran pila de regalos debajo del árbol, sino una familia como esta delante de él. Empezar de nuevo la cuenta atrás de las 12 junto a vosotros y saber que, un año más, estaréis aquí para apoyarme y animarme venga lo que venga, como yo lo estaré para vosotros. No se trata de los obstáculos del camino, sino de tener quien los haga volar por los aires. O, al menos, te haga a ti volar sobre sus aires.

Estrenamos nuevo año, pero seguimos con las mismas ilusiones.

A veces la vida no nos trae lo que le pedimos, pero a mí me ha dado ya todo lo que necesito.

Feliz 2018 a todos. URTE BERRI ON!"


Y después de esto, en realidad no todo salió bien. No todos volvimos a casa. No todo fue un 31 copa en mano ni los ojos llenos de ilusión. La vida no nos tenía preparado eso para este empezar de calendario, y ya no es que no nos trajera lo que pedimos, sino que nos quitó a quien no queríamos darle. Sin embargo, ella no podrá evitar que te quedes aquí, entre nosotros. Por siempre, aquí dentro, muy dentro.

Vamos a darle leña a este 2018. Por ti. Por todos nosotros.

domingo, 15 de octubre de 2017

Sé que me repito, pero repetiría junto a vosotras una y mil veces más.

Hay personas que son hogar y lugares que son persona. Y hogar. Se trata de aquellos con los que nos sentimos arropados, aquellos que van mucho más allá de querer y llegan al apoyo incondicional; estar a nuestro lado, pase lo que pase y sea donde sea. Muchas ciudades podrían haber sido el escenario para este reencuentro y, sin embargo, le ha tocado a Oporto. Ciudad de rincones por descubrir, de callejeo, de encanto, de pasear y patear y, por supuesto, de disfrutar. Aunque, tratándose de ellas y su compañía, no había lugar para la duda.

Kilómetros para aquí y para allí, unas cuantas horas sobre ruedas y la ilusión, la emoción y el recuerdo de unos días precisamente para no olvidar. Y es que en realidad no se trata de los kilómetros, sino de los motivos para recorrerlos. De las risas y las lágrimas en ellos. De que la distancia, aunque siempre sea distancia y siempre duela, duele menos con quién convierte cualquier lugar en hogar. 

Oporto es una ciudad dividida por un río y compartida por el mar. Es una ciudad de agua, salgamos hacia donde salgamos. Agua que, como ya he contado alguna vez, es capaz de sortear todos los obstáculos en busca de su propio camino. Por eso mismo, nadie se ha atrevido a hacerle frente a ese agua. Siempre nos ganará, juguemos como juguemos, y esa es la razón por la que a Oporto la comunica un puente. Yo sé de alguien que es todo agua por dentro y es y será capaz de sortear cada obstáculo del camino. Pero quiero que sepa que, incluso si alguno de ellos la bloqueara, si alguno la sobrepasara, siempre habrá un puente hacia un nuevo camino, sea cual sea y donde sea.

Oporto es una ciudad de letras también, aunque no siempre estén abiertas, del encanto de cada casa por ser tan única y diferente a todas las demás y, sin embargo, bailar en perfecta armonía toda ella. Es baile, es luz, es música, es un puñado de sueños ante un río chispeante un atardecer de otoño. 

A fin de cuentas, Oporto es muy bonita, pero más bonito es aún la compañía con la que poder recorrer cada una de sus baldosas. Y me repite, o sea, quiero decir que me repito, pero teníamos un motivo por el que visitarla y ahora, tras conocerla, solo hemos sumado un motivo más a la lista que se resume en querer seguir descubriendo cada rincón que nos ofrezca. Con quién... No lo voy a volver a repetir, pero repetiría junto a vosotras una y mil veces más.

Porque de verdad, una vez más os digo que, a veces, no se trata de los kilómetros. 

domingo, 17 de septiembre de 2017

Vuelta y vuelta y al plato.

Alguien a quien quiero mucho me dijo hace un tiempo que me quería ver en mi faceta "enfadada". Leer sobre lo que me molesta, que sacara todo lo que me duele sobre el papel.

Y ahora se va.

Pues bien, eso me jode, me molesta, me duele, vuelta y vuelta y al plato. Y me lo como. Y me lo trago. Y las lágrimas no también. Y qué. Pues no hay más.

Y sí, se va. Aunque se quede, aquí dentro. Deja esta aventura que empezamos juntos, cuelga las botas y para casa. Pierdo a mi fiel cómplice para naufragar en ciencias. Mis letras en forma de lealtad, de amistad, de saber con quién contar. Por suerte, me quedo con un amigo, de verdad, de esos que van con  la sinceridad por bandera y la verdad por delante. De los que están, aunque ahora sea lejos.

No me acuerdo del principio y tampoco me acuerdo del final. Porque no lo va a tener. Tampoco ha habido despedida. Yo siempre las busco porque siempre le acabo permitiendo autolesionarse a mi pobre corazón, pero quizá a veces sea mejor así. Más excusas para un nuevo reencuentro, que estoy segura de que esperaré y será, si no quiere que le arranque uno a uno todos los rizos que le quedan.

Domingo triste. Mañana empieza el curso y no es eso lo que pinta este domingo de gris, sino el hecho de que precisamente mmañana vaya a haber un reencuentro menos. Aunque en algún momento tendrá lugar. Y mientras tanto, yo seguiré pintando mi vida con letras y olvidándome las letras en tinta. Él seguirá con lo suyo también, con su peculiaridad, con cada chispa que lo hace tan especial y tan a su manera. No es el típico y lo sabe, como lo sabe también todo el que lo conoce. Tampoco me hace falta; porque en él he descubierto ese tipo de amistades que ni se buscan ni se esperan, tampoco se describen fácilmente​, pero una vez se encuentran, saben, se sienten.

Total, que se ha ido. Vuelta y vuelta y me enfado. Ah no, al plato. Aunque el resultado final sea igualmente que me como el enfado. Y ya de paso le deseo, de todo corazón, que le vaya bien, le pido que se cuide mucho y le hago prometer que nos veremos.

Y vuelta a empezar, un nuevo año más. Vuelta y vuelta.

Te quiero.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Aquel lugar donde

Ayer Raúl y Adela comenzaron un nuevo viaje. O simplemente siguieron con él, sumando pasos en su camino juntos. Nosotros estuvimos allí para celebrarlo con ellos y guardar una infinidad de buenos recuerdos. Os dejo con el textillo que tenía preparado para ellos. Os queremos. ZORIONAK.

"La vida es un viaje. Un viaje de viajes. Un viaje de relaciones y de gente, en el que a veces uno tiene la suerte de encontrar a su más fiel compañero. De viaje, por supuesto. La vida es llorar y reír, disfrutar y luchar, caer y levantarse. La vida es una aventura, un reto, un juego, una oportunidad. O una serie de todas ellas. La vida es muchas cosas y, lo más bonito de ella, es ese alguien con quien compartirla, en todas sus facetas y días, en subidas y bajadas. Tener quien se quede para endulzar un poquito los días grises y esté allí para compartir también los más alegres. Alguien que te quiera a morir y a matar, a reír y a llorar, a verlas venir y hacerlas pasar. Alguien que te quiera a corazón abierto, ante cualquier situación y bajo cualquier circunstancia. Que esté dispuesto a sacarte de las arenas más movedizas y no dude en enfrentarse incluso a la jauría de lobos más hambrienta. Pero sobre todo alguien que, si no consigue sacarte, se quede contigo, a tu lado, incluso si esto le cuesta ser arrastrado hacia un agujero​ negro.

Al fin y al cabo, la vida es un rumbo. O a lo mejor una seguida de ellos. Nunca es tarde, ni pronto, para cambiar de rumbo. Seguir dándole a la vida otro camino, otra ruta, otro itinerario. Porque resulta que la vida consiste también en replanteársela y atreverse a seguirle el ritmo. Cerrar los ojos y dejarse arrastrar por el corazón, sea donde sea que este nos lleve, incluso si esto supone poner el mundo patas arriba y la vida cabeza abajo.

Al final uno aprende que hogar no es una palabra para hablar de un simple lugar. Es “aquel lugar donde”. Aquel lugar donde está el cariño. Aquel lugar donde uno no solo está sino que es. Porque a lo mejor "hogar" es menos lugar y más gente. Los nuestros y todo su amor. Para los que me conocéis un poquito más, os advierto que no volveréis a escuchar esto muchas más veces hablando de casas, pero la realidad es que “hogar” no lo convierte más que el cariño y el sentimiento. El apoyo y los cuidados. Dicen que no importa tanto el “dónde” sino el “con quién”. Y, no me hace falta más que abrir los ojos y mirarlos a los cuatro, para saber que también Zaragoza puede ser hogar.

Hemos ampliado la familia. Hemos ampliado el círculo a quien dar amor, pero sobre todo hemos ampliado el círculo de quien recibirlo. Porque que levante la mano quien pueda decir que no muere con un abrazo de estos peques, por ejemplo. Que levante la mano quien no disfrute de la compañía de todos ellos. ¿Nadie? Bueno, pues tengo que confesaros que menos mal, porque no estaba preparada para una respuesta contraria. No, para ser sinceros tampoco habría importado eh, un escritor siempre tiene recursos para todo. O a lo mejor no, y resulta que la verdad es que en realidad sabía que no necesitaría un plan B con esta pregunta.

En cualquier caso, creo que ninguno olvidaremos el día que nos lo contaron. Nos seguiremos riendo de la imagen de Zuriñe con una hija empapada en la fuente y yo temblaré cada vez que Raúl me vuelva a decir que me invita a comer. Pero sobre todo, creo que ninguno olvidaremos la sonrisa que llevan en la cara cuando se miran el uno al otro. Yo no tendré ni idea del amor, pero me basta con ver a los míos felices, sea donde sea y con quien sea que les dibuje esa sonrisa. Y por eso, por encima de las sorpresas y las circunstancias, por encima de los cambios y los kilómetros, estamos aquí hoy juntos para brindar y celebrar.

Por este día, por ellos, por esa familia tan bonita que forman y por seguir juntándonos para celebrar muchas cosas buenas más."

viernes, 8 de septiembre de 2017

Felices 20 corazón, porque el mío, es todo tuyo.

La vida es un viaje. Un viaje de viajes. Un viaje de relaciones y de gente, en el que a veces uno tiene la suerte de encontrar a su más fiel compañero. De viaje, claro. La vida es llorar y reír, disfrutar y luchar, caer y levantarse. La vida es echar de menos, llorar en kilómetros y morir en abrazos de vuelta. Qué ironía, vivir a distancia para morir en un abrazo. La vida es muchas cosas y, lo más bonito de ella, es ese alguien con quien compartirla, en todas sus facetas y días, en subidas y bajadas.

“La distancia es solo para valientes”. Y es que junto a ti encuentro esa valentía para vivir a corazón abierto. Gracias por acompañarme en cada aventura y en cada decisión. En las buenas, pero también en las malas. Por echarme la bronca cuando me lo merezco pero ante todo, nunca nunca nunca dejar de apoyarme. Por confiar incluso con los ojos vendados, porque cuando uno quiere, no le hace falta ver. Sentir es suficiente.

Te quiero a moriry a matar, a reír y a llorar, a verlas venir y hacerlas pasar. Te quiero ante cualquier situación, bajo cualquier circunstancia, con todo el corazón que tengo y el que me queda. Te quiero contra viento y marea, de verdad, desde lo más profundo de este pequeño que me acompaña desde la izquierda y me va arrastrando por la vida. Te quiero en tus días más grises y también en los más alegres, en tus carcajadas y lágrimas. No solo en las tuyas, también en las mías, porque siempre estás en ellas. Y es que te quiero aquí, a mi lado, el resto de días que me quedan. Siempre acudiría en tu rescate si lo necesitaras. Te sacaría de entre las arenas más movedizas y la jauría de lobos más hambrienta. Y si no pudiera hacerlo, me quedaría contigo en cualquier caso, incluso aunque nos dirigiéramos hacia el agujero más negro de todos, visto desde un observatorio en el cielo de Praga. Y es que contigo, me iría de nuevo hasta Praga o hasta donde hiciera falta. Porque de tu mano no me falta fuerza para enfrentarme a nada, por muy difícil que parezca. Según algunos, exageraré, supongo, pero eso solo lo dicen sin conocer sobre qué hablo. Porque solo se puede entender una amistad como esta cuando uno se encuentra tras ella, durante los días más duros y mediante todo el sentimiento y corazón que hemos puesto en ella. Yo también pondría la mano en el fuego todas las veces que hiciera falta. Y sé, a ojos cerrados y corazón abierto, que no me quemaría jamás.

Y en definitiva, espero que te hayas dado cuenta ya de que te quiero con preposiciones y sin excusas, en cada copo de una noche de diciembre y en el caer de unas hojas que pronto comenzará con la inminente llegada del próximo otoño. Sin pretextos porque no los necesito, pero con todas las razones del mundo.

Me has regalado los años más bonitos que una amistad puede conocer, y eso, de verdad, es algo que no voy a olvidar nunca. Solo te pido, por favor, que sigas cumpliendo años con la misma alegría y sonrisa, con la misma fuerza, con las mismas ganas. Con la misma sinceridad y fidelidad, con la misma vida y, sobre todo, que sigas cumpliendo años junto a mí. Porque siento presentarme con las manos vacías en la fiesta de tus 20 pero resulta que hoy el regalo, un día más, me lo haces tú siguiendo a mi lado. No me faltes nunca, por favor, aunque una vez más cierro los ojos, pongo la mano en el fuego y no me quemo, diciendo que nunca lo harás.

FELICES 20 CORAZÓN, porque el mío, es todo tuyo.