domingo, 17 de septiembre de 2017

Vuelta y vuelta y al plato.

Alguien a quien quiero mucho me dijo hace un tiempo que me quería ver en mi faceta "enfadada". Leer sobre lo que me molesta, que sacara todo lo que me duele sobre el papel.

Y ahora se va.

Pues bien, eso me jode, me molesta, me duele, vuelta y vuelta y al plato. Y me lo como. Y me lo trago. Y las lágrimas no también. Y qué. Pues no hay más.

Y sí, se va. Aunque se quede, aquí dentro. Deja esta aventura que empezamos juntos, cuelga las botas y para casa. Pierdo a mi fiel cómplice para naufragar en ciencias. Mis letras en forma de lealtad, de amistad, de saber con quién contar. Por suerte, me quedo con un amigo, de verdad, de esos que van con  la sinceridad por bandera y la verdad por delante. De los que están, aunque ahora sea lejos.

No me acuerdo del principio y tampoco me acuerdo del final. Porque no lo va a tener. Tampoco ha habido despedida. Yo siempre las busco porque siempre le acabo permitiendo autolesionarse a mi pobre corazón, pero quizá a veces sea mejor así. Más excusas para un nuevo reencuentro, que estoy segura de que esperaré y será, si no quiere que le arranque uno a uno todos los rizos que le quedan.

Domingo triste. Mañana empieza el curso y no es eso lo que pinta este domingo de gris, sino el hecho de que precisamente mmañana vaya a haber un reencuentro menos. Aunque en algún momento tendrá lugar. Y mientras tanto, yo seguiré pintando mi vida con letras y olvidándome las letras en tinta. Él seguirá con lo suyo también, con su peculiaridad, con cada chispa que lo hace tan especial y tan a su manera. No es el típico y lo sabe, como lo sabe también todo el que lo conoce. Tampoco me hace falta; porque en él he descubierto ese tipo de amistades que ni se buscan ni se esperan, tampoco se describen fácilmente​, pero una vez se encuentran, saben, se sienten.

Total, que se ha ido. Vuelta y vuelta y me enfado. Ah no, al plato. Aunque el resultado final sea igualmente que me como el enfado. Y ya de paso le deseo, de todo corazón, que le vaya bien, le pido que se cuide mucho y le hago prometer que nos veremos.

Y vuelta a empezar, un nuevo año más. Vuelta y vuelta.

Te quiero.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Aquel lugar donde

Ayer Raúl y Adela comenzaron un nuevo viaje. O simplemente siguieron con él, sumando pasos en su camino juntos. Nosotros estuvimos allí para celebrarlo con ellos y guardar una infinidad de buenos recuerdos. Os dejo con el textillo que tenía preparado para ellos. Os queremos. ZORIONAK.

"La vida es un viaje. Un viaje de viajes. Un viaje de relaciones y de gente, en el que a veces uno tiene la suerte de encontrar a su más fiel compañero. De viaje, por supuesto. La vida es llorar y reír, disfrutar y luchar, caer y levantarse. La vida es una aventura, un reto, un juego, una oportunidad. O una serie de todas ellas. La vida es muchas cosas y, lo más bonito de ella, es ese alguien con quien compartirla, en todas sus facetas y días, en subidas y bajadas. Tener quien se quede para endulzar un poquito los días grises y esté allí para compartir también los más alegres. Alguien que te quiera a morir y a matar, a reír y a llorar, a verlas venir y hacerlas pasar. Alguien que te quiera a corazón abierto, ante cualquier situación y bajo cualquier circunstancia. Que esté dispuesto a sacarte de las arenas más movedizas y no dude en enfrentarse incluso a la jauría de lobos más hambrienta. Pero sobre todo alguien que, si no consigue sacarte, se quede contigo, a tu lado, incluso si esto le cuesta ser arrastrado hacia un agujero​ negro.

Al fin y al cabo, la vida es un rumbo. O a lo mejor una seguida de ellos. Nunca es tarde, ni pronto, para cambiar de rumbo. Seguir dándole a la vida otro camino, otra ruta, otro itinerario. Porque resulta que la vida consiste también en replanteársela y atreverse a seguirle el ritmo. Cerrar los ojos y dejarse arrastrar por el corazón, sea donde sea que este nos lleve, incluso si esto supone poner el mundo patas arriba y la vida cabeza abajo.

Al final uno aprende que hogar no es una palabra para hablar de un simple lugar. Es “aquel lugar donde”. Aquel lugar donde está el cariño. Aquel lugar donde uno no solo está sino que es. Porque a lo mejor "hogar" es menos lugar y más gente. Los nuestros y todo su amor. Para los que me conocéis un poquito más, os advierto que no volveréis a escuchar esto muchas más veces hablando de casas, pero la realidad es que “hogar” no lo convierte más que el cariño y el sentimiento. El apoyo y los cuidados. Dicen que no importa tanto el “dónde” sino el “con quién”. Y, no me hace falta más que abrir los ojos y mirarlos a los cuatro, para saber que también Zaragoza puede ser hogar.

Hemos ampliado la familia. Hemos ampliado el círculo a quien dar amor, pero sobre todo hemos ampliado el círculo de quien recibirlo. Porque que levante la mano quien pueda decir que no muere con un abrazo de estos peques, por ejemplo. Que levante la mano quien no disfrute de la compañía de todos ellos. ¿Nadie? Bueno, pues tengo que confesaros que menos mal, porque no estaba preparada para una respuesta contraria. No, para ser sinceros tampoco habría importado eh, un escritor siempre tiene recursos para todo. O a lo mejor no, y resulta que la verdad es que en realidad sabía que no necesitaría un plan B con esta pregunta.

En cualquier caso, creo que ninguno olvidaremos el día que nos lo contaron. Nos seguiremos riendo de la imagen de Zuriñe con una hija empapada en la fuente y yo temblaré cada vez que Raúl me vuelva a decir que me invita a comer. Pero sobre todo, creo que ninguno olvidaremos la sonrisa que llevan en la cara cuando se miran el uno al otro. Yo no tendré ni idea del amor, pero me basta con ver a los míos felices, sea donde sea y con quien sea que les dibuje esa sonrisa. Y por eso, por encima de las sorpresas y las circunstancias, por encima de los cambios y los kilómetros, estamos aquí hoy juntos para brindar y celebrar.

Por este día, por ellos, por esa familia tan bonita que forman y por seguir juntándonos para celebrar muchas cosas buenas más."

viernes, 8 de septiembre de 2017

Felices 20 corazón, porque el mío, es todo tuyo.

La vida es un viaje. Un viaje de viajes. Un viaje de relaciones y de gente, en el que a veces uno tiene la suerte de encontrar a su más fiel compañero. De viaje, claro. La vida es llorar y reír, disfrutar y luchar, caer y levantarse. La vida es echar de menos, llorar en kilómetros y morir en abrazos de vuelta. Qué ironía, vivir a distancia para morir en un abrazo. La vida es muchas cosas y, lo más bonito de ella, es ese alguien con quien compartirla, en todas sus facetas y días, en subidas y bajadas.

“La distancia es solo para valientes”. Y es que junto a ti encuentro esa valentía para vivir a corazón abierto. Gracias por acompañarme en cada aventura y en cada decisión. En las buenas, pero también en las malas. Por echarme la bronca cuando me lo merezco pero ante todo, nunca nunca nunca dejar de apoyarme. Por confiar incluso con los ojos vendados, porque cuando uno quiere, no le hace falta ver. Sentir es suficiente.

Te quiero a moriry a matar, a reír y a llorar, a verlas venir y hacerlas pasar. Te quiero ante cualquier situación, bajo cualquier circunstancia, con todo el corazón que tengo y el que me queda. Te quiero contra viento y marea, de verdad, desde lo más profundo de este pequeño que me acompaña desde la izquierda y me va arrastrando por la vida. Te quiero en tus días más grises y también en los más alegres, en tus carcajadas y lágrimas. No solo en las tuyas, también en las mías, porque siempre estás en ellas. Y es que te quiero aquí, a mi lado, el resto de días que me quedan. Siempre acudiría en tu rescate si lo necesitaras. Te sacaría de entre las arenas más movedizas y la jauría de lobos más hambrienta. Y si no pudiera hacerlo, me quedaría contigo en cualquier caso, incluso aunque nos dirigiéramos hacia el agujero más negro de todos, visto desde un observatorio en el cielo de Praga. Y es que contigo, me iría de nuevo hasta Praga o hasta donde hiciera falta. Porque de tu mano no me falta fuerza para enfrentarme a nada, por muy difícil que parezca. Según algunos, exageraré, supongo, pero eso solo lo dicen sin conocer sobre qué hablo. Porque solo se puede entender una amistad como esta cuando uno se encuentra tras ella, durante los días más duros y mediante todo el sentimiento y corazón que hemos puesto en ella. Yo también pondría la mano en el fuego todas las veces que hiciera falta. Y sé, a ojos cerrados y corazón abierto, que no me quemaría jamás.

Y en definitiva, espero que te hayas dado cuenta ya de que te quiero con preposiciones y sin excusas, en cada copo de una noche de diciembre y en el caer de unas hojas que pronto comenzará con la inminente llegada del próximo otoño. Sin pretextos porque no los necesito, pero con todas las razones del mundo.

Me has regalado los años más bonitos que una amistad puede conocer, y eso, de verdad, es algo que no voy a olvidar nunca. Solo te pido, por favor, que sigas cumpliendo años con la misma alegría y sonrisa, con la misma fuerza, con las mismas ganas. Con la misma sinceridad y fidelidad, con la misma vida y, sobre todo, que sigas cumpliendo años junto a mí. Porque siento presentarme con las manos vacías en la fiesta de tus 20 pero resulta que hoy el regalo, un día más, me lo haces tú siguiendo a mi lado. No me faltes nunca, por favor, aunque una vez más cierro los ojos, pongo la mano en el fuego y no me quemo, diciendo que nunca lo harás.

FELICES 20 CORAZÓN, porque el mío, es todo tuyo.










jueves, 17 de agosto de 2017

Porque al final... Siempre nos atrapará septiembre.

Clic. Cierro el boli. Repaso haber contestado a todo lo que podía y entrego el examen. ¡Ya está! ¡Se acabó! ¡Por fin VERANO! Comienzo de esos tan ansiados meses. Temidos también, a su vez. Por aquello de echar de menos. Pero bueno, de alguna forma lo remediaremos.

Pistoletazo de salida de casi tres intensos meses, que estarán repletos de viajes y kilómetros, de fiestas, de  experiencias, de gente, de baños y de pozas, de cervezas en terrazas y conversaciones en cervezas, de reencuentros y nuevas despedidas. De aviones, trenes y buses, de ir y venir, de fotos, recuerdos y días que llevábamos meses esperando. Iba a decir que de calor también, pero me temo que eso es solo en caso de que no seas de Vitoria. Allí el concepto de verano es un tanto relativo, aunque en realidad apenas haya pisado a mi pequeña y querida Vitoria estos últimos meses.

Los días pasan volando entre idas y venidas y, poco a poco, se va acercando de nuevo septiembre. Porque al fin y al cabo... Septiembre siempre llega. Y a su vez, en su defensa diremos, que siempre nos quedará septiembre. Traerá con su vuelta nuevas idas y venidas en kilómetros. Más despedidas y reencuentros, porque en eso consiste la vida. En un tren que te separa y ese mismo que te vuelve a juntar. En buscar el andén a tu destino en cada estación, o a lo mejor simplemente en improvisar cada kilómetro de nuestro viaje en uno u otro tren, sin destino ni final, garabateando nuestra historia en cada estación. Mientras se trate de seguir escribiendo... Llegará pues, septiembre, y lo hará de la mano de una rutina pero cargado igualmente de ganas. Y llegará poco a poco el frío también, las bufandas desplazarán a los bikinis y yo... Seguiré bailando. Bajo la lluvia, si es necesario.

Este septiembre hará también dos años que yo cambié de tren y de rumbo. Siempre sé dónde tengo la estación de vuelta, claro está, pero hace dos años ya que, llena de miedos y ganas a partes iguales, comencé un trayecto que me sé de otra que tampoco olvidará jamás. Aquel fin de semana, cuando vi a mi familia coger el coche y marcharse, quedándome yo allá, había algo dentro de mí que se negaba a entenderlo. Ahora ya me he acostumbrado a ser la que se marcha y la que vuelve, a no parar y a veces incluso a no ser esperada, aunque la espera por nuevos reencuentros siempre merezca la pena. Sin embargo, este domingo la historia cambia; y es que esta vez, a lo que no estoy acostumbrada es a ser yo quien se suba al coche y deje a otro pequeño miembro en tierra.

Cómo pasa el tiempo y quién habría dicho que ahora es al moco de mi hermana a quien le toca marchar, que ahora es ella quien empieza la uni, supongo que con una mezcla de emociones dentro, como todos hemos tenido. Madrid parecerá muy grande al principio pero supongo que al final acabará encontrando su propio pequeño rinconcito. Te va a gustar, lo sé.

Más despedidas y más Erasmus y tras cada adiós una promesa, como siempre. Os esperaremos con los brazos abiertos. Nada va a cambiar, lo prometo.  Me acuerdo en especial de tres personitas a las que seguro echaré de menos pero que más segura aún estoy de que lo disfrutarán tanto que no querrán volver a vernos. O quizá sí. En cualquier caso tendrán que volver y... Aquí estaremos. Como siempre. Ane, Paula, Uxue, disfrutadlo.

Y al final, entre tanta reflexión y letra lo que que ha pasado ha sido, que una vez más se nos ha acabado el texto del domingo. Ah, sí, y que nos ha atrapado septiembre.

"Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias."

Eduardo Galeano

P.D. Siento el parón de este agosto por aquí pero lo llamaremos "cerrado por vacaciones". O más bien que no sé ni en qué día vivo, pero es menos romántico. En cualquier caso, estamos de vuelta para empezar un nuevo año con fuerza. Porque en dos días, además... ¡Esto cumple su primer añito! Pero eso ya, es otra historia. ¡FELIZ SEPTIEMBRE!

domingo, 30 de julio de 2017

Que no pare la fiesta, que la vida no se detenga.

No es fácil encontrar un lugar como aquel pequeño gran rincón de la Francia profunda. Atmósfera de total aislamiento del mundo exterior. Fue lo que sentí el primer año y lo que, por tercer año, vuelvo a notar. El ambiente. Siempre es el ambiente.

Ambiente que crea la gente, gente, gente... Un grupo de personas que se junta cada verano dispuestos a hacer de esa semana la mejor. Y aunque muchos ni siquiera vayan a ser capaces de entender esto, gente que ha vuelto a marcar mi verano. Lo han escrito con letras de todos los colores y con plumas de todos los tamaños y han marcado con huellas de todos los tipos estos días en medio de la nada francesa. Este pequeño rincón se trata, a fin de cuentas, de un poco de agua en medio del desierto, algo de cariño en un corazón desolado y, por supuesto, mucha vida en medio de la nada.

De nuevo tantos países unidos alrededor de una misma mesa, de nuevo tantos idiomas, tantas canciones, juegos y risas entendiéndose un poco en todos los idiomas que, al final, acaban uniéndose en una misma lengua. Un mapa lleno de chinchetas con toda una infinidad de historias detrás y un mismo desenlace: todos estamos aquí.

Unas pocas lágrimas en una emotiva despedida porque, como cada año, lo echaré de menos. Aunque supongo que no sé cuándo ni cómo pero acabaré volviendo. Siempre lo hago. Porque lo dije ya hace dos semanas, allá donde uno deja un trocito de corazón... Siempre vuelve.

Lo peor y a su vez lo mejor de irse fuera de casa es tener que volver. Siempre echamos de menos cosas de casa y, a su vez, cuando encontramos la gente, las vistas, las sensaciones o, quizá simplemente el bienestar, cuesta dejarlo atrás. Soy la nostalgia en persona. Un sentimiento me inunda cada jodida vez que tengo que dejar algo atrás y, sin embargo, me paso la vida haciendo nuevos planes, cogiendo nuevos trenes y, claro, por la misma regla de tres... Tomándolos de vuelta. Y dándole vueltas y más vueltas y aún más vueltas a la famosa nostalgia.

Se trata de ese no querer marchar. El sentimiento de saber que pronto estarás echándolo de menos. Pararse en la puerta por un segundo antes de salir. Fijar la mirada al letrerito con el nombre del lugar en la estación. Agitar la mano para ti mismo. Y esperar a que, en contra de tu voluntad, los motores comiencen a rugir, las ruedas a dar vueltas y ya... Lo que no haya sea vuelta atrás.

"Mi padre decía que hay que saber marcharse, y hoy entiendo lo que quiso explicarme; las personas se definen por su manera de quedarse, pero sobre todo por su forma de irse."
Leticia Sánchez

No se trata de no tener ganas de lo que viene, no. Se trata de no querer dejar de vivir lo que uno está sintiendo. El problema suele estar en que, por mucho que uno lo desee, por mucho que cierre los ojos y lo pida con todas sus fuerzas, no se puede estar en todos sitios. Me lo solía decir mi madre. Aún me lo dice cuando le vengo con la nostalgia de los últimos días antes de que algo acabe. Me conoce. Me quiere. Lo sé. "¡No se puede estar en misa y repicando las campanas!" A lo que yo contestaría "ya, ya lo sé, pero es que..." Pero es que a la vida, no hay peros que le valgan. Hará rugir los motores, sea cual sea el tiempo, el destino y la compañía. Lo hará sin ningún temor y... Sin vuelta atrás. Porque a fin de cuentas, lo único que no podremos recuperar es el tiempo. Siempre nos quedará volver, claro. En otro tiempo pero... Siempre nos quedará volver.

Y siempre nos permitirá colar alguna visitilla por allí. Nuevas excusas para seguir cogiendo buses, trenes y aviones, navegando en kilómetros y viviendo nuevos viajes que guardar por mucho tiempo. Nuevas aventuras y lugares, gente nueva y otros ya conocidos. En seguir avanzando y moviéndose y yendo y volviendo y fluyendo, supongo, consiste la vida. O al menos así intento yo vivirla.

Pequeña traviesa que a veces tengo la sensación de que quiere escaparse, es más, que se escapa, y yo que ando yo como loca detrás de ella. Muchas horas en el camino y otras muchas en el destino, que el ritmo no pare, que no pare la fiesta, que la vida no se detenga y que, como loca, siga entendiendo su no parar, su ritmo, su andar. Y seguir acompañándola en el camino.

martes, 18 de julio de 2017

NA ZDRAVÍ! Por Praga, por este viaje, por nosotras.

Por fin llegó el tan ansiado 11 de julio, cogimos un avión, llegamos a una ciudad cuyo idioma parece inventado por el propio demonio y después... Nos enamoramos. Encontramos la magia. Supongo que como cada vez que uno coge una maleta, porque todo viaje implica magia en una u otra forma. Nunca iguales. Tampoco tan diferentes.

El caso es que, con Praga, nos enamoramos. Y es que la capital checa no es solo de esas ciudades que te agradan la vista, sino de aquellas que te conquistan el corazón, que, siempre son  las más bonitas, al margen de monumentos y grandes atracciones turísticas.

Y a pesar de las largas caminatas, aún los 7 días que siguieron a aquel 11 se nos hicieron cortos, y a pesar de los contratiempos, nosotras nos empeñamos en llevarle la contraria al tiempo en cada dirección, y a dirigir nuestros pies en sentido opuesto. Siempre. Se nos da muy bien ir en dirección contraria, de verdad, os lo juro. Pero al fin y al cabo... ¿Qué más da? Si todos los caminos llevan a Roma...

Aparecimos en Praga. Totalmente perdidas, sin saber muy bien si el aire nos venía de norte o sur, intentando quitarnos de encima como podíamos todos los freetours que nos intentaban vender nada más llegar al reloj. El famoso mítico gran reloj, que ya había dado comienzo a la cuenta atrás de las horas que pasaríamos en esta ciudad. Aunque tras sortear unos cuantos paraguas y a veces incluso un poquito mojadas por la lluvia, he de reconocer que en alguno que otro caímos. Toni, ¡nos la liaste! Mereció la pena, en cualquier caso. Y nos hablaron de muchas cosas pero la verdad es...

La verdad es que, en realidad, nadie habló. Nadie habló de los constantes planes que jamás cumpliríamos, de las vueltas sin sentido, de los mapas con calles de nombres impronunciables ni de los más tontos entretenimientos por la calle. Nadie habló de disfrutar de los rincones más escondidos, ni de reír a carcajada limpia en los lugares más concurridos. Nadie habló de hacer 300 fotos ni de dejarnos otras tantas por hacer. De recordar las estampas. Tampoco de perder trenes y rumbos, de encontrar destinos y, a lo mejor, convertir cada rincón que encontráramos en destino.

Nadie habló de los momentos disfrutados. Del sabor de la cerveza invadiendo el paladar, del gusto de cada plato que probamos. De comer y beber sí, de eso sí que no cabe duda cuando se trata de nosotras. Nadie habló de noches improvisadas, tours organizados (o (des)organizados) ni canciones bailadas. De amaneceres apresurados. Ni de anocheceres tranquilos.

Nadie habló de puentes ni ríos, ni de torres, tampoco de paisajes y luces. De descubrir planetas en colinas y colinas llenas de torres, que pronto haríamos nuestras.

Nadie habló de vías. De sonidos. De risas. De sonrisas. De sueños. Nadie habló, de verdad que nadie habló. O quizá sí, pero en cualquier caso no escuchamos y decidimos vivirlo nosotras mismas, buscar nortes y sures, calles y bocacalles, e intentar encontrar nuestro propio conejo de la suerte aunque este, en realidad, nunca se dignara a aparecer. Difícil de explicar, supongo, aún más complicado de entender, me imagino. Y es que un viaje solo se puede conocer viviéndolo, pateándolo, bromeándolo y, al fin y al cabo, disfrutándolo.

Podría contaros uno a uno todos los sitios que visitamos y en todos los bares donde nos paramos. Podría hablaros de dónde encontramos las mejores fotos y qué rincones convertimos en los favoritos, pero al fin y al cabo no serviría de nada porque todo viaje consiste en encontrar cada uno los suyos propios.

En cualquier caso,  Praga nos ha robado un trocito de corazón y bien sabemos que aquel lugar donde dejemos algo nuestro, siempre volverá a ser en algún momento destino. O final. Volveremos. No sé cuándo, cómo ni con quién, pero volveremos y recordaremos todas las veces que recorrimos sus incómodas baldosas con una sonrisa. Y es que no sé si será cierto eso de que buen viaje nunca acaba cerca, pero que aquel viaje en buena compañía siempre será un buen viaje, eso, os lo aseguro.

"Keep the past, live the present." Y tú, Praga, manténte tan bonita como hasta ahora, para aquel día que vengamos a buscar nuestro trocito de corazón perdido.

Brindemos. Por nosotras, por este viaje y, por supuesto, por Praga. NA ZDRAVÍ!!

domingo, 2 de julio de 2017

20 veces hasta la luna.

Llego tarde, ya lo veo. Sé que se me han pasado ya las 12 y que llego tarde. Como siempre, vaya. Pero llego, que es lo importante. Como siempre también, vaya.

Y llego con el corazón lleno de cariño y la boca llena de gracias. Llego con un día más que ayer y, de rebote, también un año más. Y ya van 20. Cambiamos de década, le damos la bienvenida al primer patito. Parece increíble, ¿verdad? ¡¡Cómo vuela el tiempo!! Cuántos días caben en esos 20. Cuántas horas, cuántos momentos, cuántos buenos y malos, cuántas historias y sobre todo, cuánto cariño. Y es aquí donde entro yo a daros las gracias.

Por el día de hoy, por supuesto, pero sobre todo por cada uno de estos 20 años que me habéis aguantado. Los que habéis estado desde el día 0, las que habéis crecido conmigo y los que os habéis incorporado más recientemente pero, en cualquier caso, todos aquellos que habéis estado incondicionalmente, pase lo que pase.

Gracias, de corazón, por todos los consejos. Por todas las recomendaciones tras las que, sin embargo, siempre me habéis dejado elegir mi propio camino. Y siempre me habéis ayudado a andarlo. Gracias por la confianza, por hacerme sentir que era capaz de tomar mis propias decisiones (desde elegir los calcetines para ponerme cuando era una enana hasta hoy en día). Y sobre todo, por no haber dudado nunca de ellas, por haberme dado las herramientas y haber aplaudido siempre el resultado, fuera cual fuera. Porque no hay nada más bonito que sentirte no solo acompañada sino muy bien acompañada en este camino. Por hacerme creer en mí misma, tan difícil a veces y, sin embargo, tan necesario. Me dais la fuerza para comerme el mundo entero.

Gracias, de corazón, por haber crecido conmigo. Por haberme dejado avanzar a mi ritmo y, sin embargo, haber marcado también mi avance. Por haber dado junto a mí los primeros pasos de cada aventura. Empezamos el camino con apenas 3 añitos y 17 más tarde, aquí seguimos, con las mismas miradas cómplices, las mismas risas y la misma confianza, después de haber abierto mil nuevas etapas y haber cerrado otras tantas. También, por supuesto, gracias a los que os fuisteis cruzando en mi camino en las etapas posteriores, a todos los que habéis ido formando parte de este baile.

Gracias, de corazón, a los que no habéis podido estar hoy aquí, porque habéis sido capaces de hacerme sentir muy muy muy querida incluso a muchos kilómetros de distancia. Y es que si algo he aprendido estos dos últimos años es que, por mucho que nos pese, la distancia siempre será algo con lo que tendremos que aprender a vivir, pero no hay nada más bonito que un abrazo en una tarde de reencuentro. Nunca podremos estar con todos los que querríamos a la vez. Ni siquiera verlos todo el tiempo que gustaría. Siempre nos "faltará" alguien, pero lo bonito también lo encontramos en ese preciso punto. En que nos falte. En que notemos su falta porque eso quiere decir que aún más notamos su presencia. Y es por ello que la echamos de menos. No hay nada más bonito que querer, haya los kilómetros que haya de por medio. Solo son motivos para recorrerlos.

Así que de corazón, GRACIAS, a todos los que, presentes o ausentes físicamente, estáis siempre presentes en mí. A los que habéis formado y, ante todo, formáis parte de estos 20 años. Podría hacer una lista interminable y escribiros un libro entero a cada uno pero, como comprenderéis, no me da el tiempo. Ni la tinta tampoco. Y es que quiero seguir gastándola en escribir muchos más momentos junto a todos vosotros. GRACIAS, por el cariño, porque mueve el mundo. Y el mío, desde luego, lo movéis todos vosotros. Hoy y... los 364 restantes. SWEET 20. Y sí, lo son, son muy dulces porque habéis conseguido endulzarlos entre todos. Durante cada día que los han compuesto.

Felices 20 a todos vosotros, por haberlos vivido conmigo. Gracias. De todo, todo, corazón. Dividido. Siempre. En kilómetros, en días y... en 20. 20 razones por las que seguir disfrutándoos cada día. El de hoy, desde luego, ha sido precioso. Y más bonito aún es saber que no será necesario un año entero para seguir sintiéndome la reina de la fiesta porque, al fin y al cabo, hacéis de mi vida una completa fiesta.

Os quiero. 20 veces hasta la luna y vuelta.