sábado, 15 de diciembre de 2018

Lyon se ha incendiado.

Luz. Luz por aquí, por allá. En esta esquina y en aquella otra. Luz arriba y abajo. 


Luz y sonido. Música acompañando al movimiento de la luz. Luz bajo color, luz en color, color sobre la luz. 


Luz en un constante movimiento, acompañándole el ritmo a lo que está pasando, a lo que de hecho ya lleva 3 meses pasando. Punto de reflexión. Miro a derecha, después a la izquierda, y veo los edificios iluminándose sobre unos ojos sin los cuales ya no me imagino este andar. 


Lyon se ha incendiado los últimos 4 días. Ha prendido en luces, ha ardido en colores, ha tocado el cielo y nos ha hecho perdernos bajo él a nosotros. 


Lyon nos ha hecho mirar al suelo y a las estrellas. Nos ha hecho mirar, simplemente. Pararnos a mirar. Pararnos a perdernos en sus calles, a hacer danzar nuestros ojos en sus muros, a sentirnos pequeños en un sitio grande. También grandes en un sitio pequeño. 




Lyon ha brillado sobre nuestros ojos y ha hecho nuestros ojos brillar, nuestros sentidos levitar. 





Lyon se ha disfrazado de mago, de ilusionista, de pintor, de músico.También de poeta. Nos ha recitado en cada una de estas baldosas el poema de nuestra vida. La que pisamos sobre ellas. La que andamos al correr de sus luces. 


Y así, Lyon ha acogido otro año más su Fête de Lumières, iluminándonos a todos con ella, ilusionándonos el camino.


Pequeña pausa para Navidades en este Erasmus para volar la vista atrás. Volvemos pronto para bailar al ritmo de su  canción y seguir dándole a este año mucho pero que mucho color.


📸: Anne Schwarzer (@_pxlmix)




lunes, 3 de diciembre de 2018

Siempre otro clic.

Nunca hay dos viajes iguales. Siempre hay algo que cambia. Otro clic.

E incluso aunque se trate del mismo destino, siempre hay otra forma de mirar cada rincón, otro punto de vista del que disfrutar de cada esquina. Siempre hay otro enfoque, otra visión, otro color distinto para cada calle. 

Este finde nos ha tocado el gris en el cielo, así que hemos decidido pintarlo nosotras mismas de los colores que se nos ha ido ocurriendo. Hemos reído todas las calles de Turín, hemos doblado todas sus esquinas, hemos pisado cada punto clave en el mapa. Y hemos seguido andando y bailando el recorrido, encontrando en cada lugar un tesoro que nosotras mismas estábamos construyendo: la propia alegría de estar juntas, de hacer juntas el camino, de pintar juntas el destino. Sea cual sea. Hemos descubierto Turín mientras seguíamos descubriéndonos las unas a las otras. Disfrutar a cada paso viendo cómo tantas formas tan distintas de ser se complementaban perfectamente en un mismo escenario. Conocer los pequeños detalles de cada una y alegrarme al ver cómo formamos parte de un engranaje que ya no va a parar.

Nunca hay dos viajes iguales. Siempre hay otro destino. Y si el destino es el mismo, siempre es con otra compañía. E incluso aunque la compañía sea distinta, siempre hay otro planteamiento. E incluso si en algún remoto caso todo se hubiera hecho girar de la misma forma, siempre hay, al menos, otro contratiempo. Siempre algo pasa. No existen los viajes perfectos, nunca todo sale a la primera y no existen las decisiones absolutas. Siempre queda la duda y la variación y, por supuesto, siempre queda algo por ver. Siempre hay que dejarse algo para tener una pequeña excusa para volver. Y volver a hacerlo todo distinto. 

Volver a recorrer las mismas calles.
Volver a pisar la misma baldosa.
Volverle a sacarle foto al mismo lugar. 

Y darte cuenta de que aquella señora de la primera foto no está allí, que aquel músico ya no toca y que esta vez las nubes tienen una forma distinta. 

Un destino. 
Una forma de ir.
Y la gente que te acompaña.

Son tres piezas clave en cualquiera nueva aventura. Una combinación de todas ellas que siempre se antojará distinta. Mismos ingredientes para un resultado que nunca será igual. 

Y para terminar, incluso después del postre, un punto final que no dejará indiferente a nadie. Porque de cada lugar nos llevamos una sensación. Y es con ella con la que seguimos viajando y seguimos viviendo. Es con ella con la que volvemos. Pero sobre todo es ella quien nos acompañará el resto de nuestros viajes, el resto de nuestra vida. 

Un viaje es una experiencia única. Así que solo nos queda aprovechar, disfrutar y, finalmente, recordar. 

Arrivederci Torino!