jueves, 17 de mayo de 2018

Dos versiones de una misma historia.

En la vida harás muchas relaciones. Buenas, malas, bonitas, dolorosas, reales, intensas, aburridas, todo. Conocerás gente increíble, crearás lazos tremendamente fuertes, y harás de ellas tu propia vida, eligiendo cuáles serán las compañías que entren y salgan en ella.
Yo haré lo propio con la mía.

Sin embargo, hay un espacio que nadie podrá ocupar. Hay un lugar especial que nadie podría reemplazar. Es tuyo. Solo tuyo. Solo podría ser así.

Hablo de esa complicidad diferente. Hablo de haber sido la persona que más he odiado y más he querido en un mismo segundo. Hablo de tu tú tan tú y mi  yo tan yo. Y de tu yo tan yo y mi yo tan tú. Hablo de que tú seas todo mi yo.

Somos como dos pequeñas gotas. Dos gotas corriendo caminos paralelos al mismo ritmo, sin perderse de vista. Dos gotas que comienzan siendo una y después divergen. Dos gotas que acaban uniéndose en una misma. Y es que somos la esencia que cada gota tiene, lo único de cada una de ellas. Somos un mismo punto de partida y, sin embargo, dos versiones tan distintas de la misma historia. También dos pasos de baile que, al juntarse, crean la magia.

Las dos caras de una misma moneda. A veces tú tan cara y yo tan cruz. Otras al revés. Pero al final siempre la una para la otra. Y es que sé que por mucho que me pierda, siempre vas a ser miguitas en el camino para hacerme encontrar la salida. Y que por mucho que la líe, siempre vas a quedarte allí para ver cómo me desenredo, y como caigo y después levanto. Siempre serás la llamada de emergencia, el comodín del consejo y el chivatazo de la respuesta definitiva.

No sé decirte cuál fue el día que cambiaron las tornas. Cuál fue el momento en el que dejé de verte mi enemiga, mi competencia, y comencé a sentirte como mi más preciado tesoro. Cuándo llegó ese punto en el que en lugar de tirar mis torres, empezaste a subirlas junto a mí. De haber podido, el día que naciste habría empujado con todas mis fuerzas para que te metieras de nuevo para dentro y no volvieras a salir jamás. Y ahora si se atreven a separarte de mí rodarán cabezas. Qué ganas de matarte tantas y tantas veces y, sin embargo, nunca habría dudado en enfrentarme a una jauría de lobos hambrientos por ti.

Recuerdo perfectamente el día que viniste a mi cuarto con un: “Leire… es que… ¿Tú por qué siempre me dices que me vaya a estudiar a Madrid? ¿Tan bueno es vivir fuera?” Pequeño txutxitillo lleno de dudas hace apenas un año. Ahora no podría convencerte de lo contrario aunque quisiera. Has abierto las alas y jamás volverán a estar cerradas.

Sabía que el día que conocieras el mundo te lo ibas a comer. Y yo aquí me quedo a contemplar tu baile, a admirar tu vuelo, con los dos brazos abiertos por si un día la vida te muerde y vienes a perderte en ellos.

Felices 19 años de gritos, peleas y broncas. No podría haber encontrado una mejor rival.
Felices 19 años de cariño, consejos, apoyo y buenos momentos. No podría haber encontrado mejor pareja de baile. Y que comience el juego, que soy yo quien lleva el as en la manga para esta partida de vida.

Disfruta todo lo que puedas de este
cumpleaños de estudio, que llego pronto en tu auxilio pintando los kilómetros de colores para juntar las copas y que, un año más, podamos soplar las velas juntas.

ZORIONAK nire bizitza erdiari, nire bizipozari, bizi gogoei, bizi ametsari. Nire bizitza 19 kolorez margotu ta gero, 20. batera hastera goaz, berriz ere.

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