sábado, 19 de mayo de 2018

La plastilina nunca dejará de ser plastilina.

Por qué sí. Y por qué no. Es más: por qué ahora sí y después no. Ahora no y después sí. ¿Por qué cambiamos? Porque... Verdaderamente, ¿cambiamos? Eterno debate: ¿La gente cambia?

Sí pero no. Pues vaya respuesta. Mójate un poco, ¿no?

La gente cambia, sí. La gente aprende, la gente madura. La vida nos cambia. Cada experiencia nos da nuevas herramientas y cada situación nos pone nuevos obstáculos. No podemos ser estáticos en un mundo constantemente cambiante. No podemos quedarnos quietos en un sitio cuando los pies nos piden que avancemos. Aprendemos a pintar con nuevos colores. Aprendemos a navegar mares desconocidos. Aprendemos cada día a interpretar la visión que el mundo nos ofrece.

Evidentemente, esa interpretación cambia con el tiempo. Pero es que si no es la misma visión... ¿Sería normal que no lo hiciera?

Somos plastilina moldeable y, como ella, somos capaces de cambiar de forma para adaptarnos. A lo que la vida nos pide, a lo que el corazón nos dicta, a lo que el dolor nos obliga. A lo que toque.

Se trata de cambiar. De entendernos cada vez un poco más. De aprendernos cada vez un paso más. De querernos cada día algo más. De escuchar a los demás, de redebatirnos día a día, de replantearnos todo una y otra vez.

Así que la gente cambia, sí. Sin embargo, no se reinventa del todo. Y a lo mejor es ahí donde está la clave de la pregunta. La plastilina nunca dejará de ser plastilina. Si un corazón no es puro, no lo será nunca y si las intenciones no son buenas, no lo serán nunca.

Lo que uno lleva dentro, lo llevará siempre. Lo bueno y lo malo. Las manzanas tienen dentro su corazón, la semilla de la vida. Pero hay manzanas podridas.

Se puede reeducar lo aprendido, pero no podrás cambiar el ser, el interior, el verdadero "yo" de cada uno.


"Y, francamente, hay corazones que no me atraen."
Mario Benedetti

Enséñame a moverme en tinta

Tú, que invades mi mente.
Tú, que te escurres entre mis dedos.
Tú, que me obligas a moverme, que me obligas a decir, que conviertes en rima todo lo que tocas.

Tú que me enseñas, que me haces reflexionar, que me haces pensar en voz alta. Tú que dices sin entender, que entiendes y dices, que sales sin pensar, que solo sales. Que solo eres.

Tú que tanto me quitas y sobre todo que tanto me das. Que me ayudas a escucharme a mí misma. A escucharme en voz baja, en voz alta. Sube, sigue subiendo. Después baja. Sé. Cae. Vuelve. Vete. Déjame. No me faltes. Búscame. Piérdete.

Enséñame ese movimiento, así, ese paso de baile lleno de poesía. Enséñame a moverme en tinta, a perderme en letras, a encontrarme en frases. No me tientes. No me tientes que sabes que te retaré, que me uniré a tu vaivén, que no podré parar hasta ponerte el punto final. No me busques las cosquillas, las encontrarás. No me busques las verdades, te las daré. No me busques los latidos, latirán.

Llorarás. Sonreirás. Pararás. Volverás. Soñarás. Me pondrás una mano en el pecho y verás como eso de dentro, ya no para.

La vida ya no para. No va a parar. Y tú me seguirás atrapando en cada esquina, en cada minuto, en cada viaje y cada lágrima. Tú me encontrarás en pantallas y en folios en blanco. Y dejarán de ser en blanco, pequeña traviesa, por tu culpa.

Inspiración.

Qué bonito nombre tienes. Como una bocanada de aire necesaria para poder espirar todo lo que llevo dentro. Que no expirar.

Sigue encontrándome, por favor. Y tú, vida, sigue inspirándome momentos con los que manchar folios y perderme, seguir perdiéndome mientras me encuentro.

jueves, 17 de mayo de 2018

Dos versiones de una misma historia.

En la vida harás muchas relaciones. Buenas, malas, bonitas, dolorosas, reales, intensas, aburridas, todo. Conocerás gente increíble, crearás lazos tremendamente fuertes, y harás de ellas tu propia vida, eligiendo cuáles serán las compañías que entren y salgan en ella.
Yo haré lo propio con la mía.

Sin embargo, hay un espacio que nadie podrá ocupar. Hay un lugar especial que nadie podría reemplazar. Es tuyo. Solo tuyo. Solo podría ser así.

Hablo de esa complicidad diferente. Hablo de haber sido la persona que más he odiado y más he querido en un mismo segundo. Hablo de tu tú tan tú y mi  yo tan yo. Y de tu yo tan yo y mi yo tan tú. Hablo de que tú seas todo mi yo.

Somos como dos pequeñas gotas. Dos gotas corriendo caminos paralelos al mismo ritmo, sin perderse de vista. Dos gotas que comienzan siendo una y después divergen. Dos gotas que acaban uniéndose en una misma. Y es que somos la esencia que cada gota tiene, lo único de cada una de ellas. Somos un mismo punto de partida y, sin embargo, dos versiones tan distintas de la misma historia. También dos pasos de baile que, al juntarse, crean la magia.

Las dos caras de una misma moneda. A veces tú tan cara y yo tan cruz. Otras al revés. Pero al final siempre la una para la otra. Y es que sé que por mucho que me pierda, siempre vas a ser miguitas en el camino para hacerme encontrar la salida. Y que por mucho que la líe, siempre vas a quedarte allí para ver cómo me desenredo, y como caigo y después levanto. Siempre serás la llamada de emergencia, el comodín del consejo y el chivatazo de la respuesta definitiva.

No sé decirte cuál fue el día que cambiaron las tornas. Cuál fue el momento en el que dejé de verte mi enemiga, mi competencia, y comencé a sentirte como mi más preciado tesoro. Cuándo llegó ese punto en el que en lugar de tirar mis torres, empezaste a subirlas junto a mí. De haber podido, el día que naciste habría empujado con todas mis fuerzas para que te metieras de nuevo para dentro y no volvieras a salir jamás. Y ahora si se atreven a separarte de mí rodarán cabezas. Qué ganas de matarte tantas y tantas veces y, sin embargo, nunca habría dudado en enfrentarme a una jauría de lobos hambrientos por ti.

Recuerdo perfectamente el día que viniste a mi cuarto con un: “Leire… es que… ¿Tú por qué siempre me dices que me vaya a estudiar a Madrid? ¿Tan bueno es vivir fuera?” Pequeño txutxitillo lleno de dudas hace apenas un año. Ahora no podría convencerte de lo contrario aunque quisiera. Has abierto las alas y jamás volverán a estar cerradas.

Sabía que el día que conocieras el mundo te lo ibas a comer. Y yo aquí me quedo a contemplar tu baile, a admirar tu vuelo, con los dos brazos abiertos por si un día la vida te muerde y vienes a perderte en ellos.

Felices 19 años de gritos, peleas y broncas. No podría haber encontrado una mejor rival.
Felices 19 años de cariño, consejos, apoyo y buenos momentos. No podría haber encontrado mejor pareja de baile. Y que comience el juego, que soy yo quien lleva el as en la manga para esta partida de vida.

Disfruta todo lo que puedas de este
cumpleaños de estudio, que llego pronto en tu auxilio pintando los kilómetros de colores para juntar las copas y que, un año más, podamos soplar las velas juntas.

ZORIONAK nire bizitza erdiari, nire bizipozari, bizi gogoei, bizi ametsari. Nire bizitza 19 kolorez margotu ta gero, 20. batera hastera goaz, berriz ere.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Y sobre su cielo vosotras.

Es tiempo de viajar. Es edad de descubrir. De andar mundo. De conocer nuevos rincones, países, ciudades.

Es tiempo de soñar. De imaginar todo a lo grande. De no conocer fronteras. Buscar a quien no te ponga límites, sino quien te ayude a crecer. Yo sigo creciendo con vosotras desde un septiembre de 2015 en el que todas llegamos perdidas a la capital maña. Poco a poco fuimos aprendiendo a bailar sobre los kilómetros y a valernos por nosotras mismas. Revolviendo nuestras vidas llegamos a esta nueva etapa. Sin quererlo, sin pedirlo. Una etapa difícil a veces, pero con una gran recompensa detrás, una nueva vida, un nuevo latir que me acompaña siempre ahora. Me salvasteis cuando estuve perdida, y en esta ocasión también estaba dispuesta a perderme. Pero junto a vosotras.

Bailar al son de vuestras carcajadas, llenar las fotos de tonterías y al final admitir que mientras os tenga cerca, sé que no importa dónde esté. Respirar la confianza que me transmitís a cada paso, aprender que hay idiomas que no entienden de palabras y al final, sentir lo grande que me hacéis a cada paso que hay. Os quiero. Solo eso y tanto como eso.

Bruselas. Brujas. Gante. Apenas tres días. Empieza el juego. Orquestas en los viajes nocturnos, amaneceres sobre el cielo, zapatillas desgastadas y muchas ganas. Chocolate sobre gofres y muñecos de chocolate. Cervezas en la mesa y zapatillas en el techo. Un hechizo. Un embrujo. Muchas fotos, bonitas y tontas. ¿Y qué es lo que separa a las unas de las otras?

"Bueno chicas, tenemos tres días, vámonos de puente. ¿A dónde? ¿Algo cerquita? Para tres días... Ah, pues no. Bruselas. Pues venga, tira, ¿Bruselas?" Y para allí que nos fuimos. Llegamos al destino. Sobrevivimos en un idioma extranjero y conseguimos volver. No perdimos ningún avión. Ya está, todo un logro.

Al final, quedará lo más tonto de todo en el recuerdo. ¿Será el tomate cortado? ¿El pepino? ¿O acaso aquel fantasma en las cartas del Dobble? El recuerdo de tres días organizados con mucho cariño y vividos con más aún.

Y a partir de ahora, este será nuestro puente. De puente a puente y que me lleve la corriente. Y dejarme arrastrar por ella. Saltar en los charcos. Surfear las olas. Disfrutar del viaje. Y al final... BRUSELAS. Y sobre su cielo vosotras.

Gracias una vez más. Seguiremos andando el camino. Seguiremos encontrando la salida. Y disfrutaremos de la vida mientras tanto.