domingo, 17 de septiembre de 2017

Vuelta y vuelta y al plato.

Alguien a quien quiero mucho me dijo hace un tiempo que me quería ver en mi faceta "enfadada". Leer sobre lo que me molesta, que sacara todo lo que me duele sobre el papel.

Y ahora se va.

Pues bien, eso me jode, me molesta, me duele, vuelta y vuelta y al plato. Y me lo como. Y me lo trago. Y las lágrimas no también. Y qué. Pues no hay más.

Y sí, se va. Aunque se quede, aquí dentro. Deja esta aventura que empezamos juntos, cuelga las botas y para casa. Pierdo a mi fiel cómplice para naufragar en ciencias. Mis letras en forma de lealtad, de amistad, de saber con quién contar. Por suerte, me quedo con un amigo, de verdad, de esos que van con  la sinceridad por bandera y la verdad por delante. De los que están, aunque ahora sea lejos.

No me acuerdo del principio y tampoco me acuerdo del final. Porque no lo va a tener. Tampoco ha habido despedida. Yo siempre las busco porque siempre le acabo permitiendo autolesionarse a mi pobre corazón, pero quizá a veces sea mejor así. Más excusas para un nuevo reencuentro, que estoy segura de que esperaré y será, si no quiere que le arranque uno a uno todos los rizos que le quedan.

Domingo triste. Mañana empieza el curso y no es eso lo que pinta este domingo de gris, sino el hecho de que precisamente mmañana vaya a haber un reencuentro menos. Aunque en algún momento tendrá lugar. Y mientras tanto, yo seguiré pintando mi vida con letras y olvidándome las letras en tinta. Él seguirá con lo suyo también, con su peculiaridad, con cada chispa que lo hace tan especial y tan a su manera. No es el típico y lo sabe, como lo sabe también todo el que lo conoce. Tampoco me hace falta; porque en él he descubierto ese tipo de amistades que ni se buscan ni se esperan, tampoco se describen fácilmente​, pero una vez se encuentran, saben, se sienten.

Total, que se ha ido. Vuelta y vuelta y me enfado. Ah no, al plato. Aunque el resultado final sea igualmente que me como el enfado. Y ya de paso le deseo, de todo corazón, que le vaya bien, le pido que se cuide mucho y le hago prometer que nos veremos.

Y vuelta a empezar, un nuevo año más. Vuelta y vuelta.

Te quiero.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Aquel lugar donde

Ayer Raúl y Adela comenzaron un nuevo viaje. O simplemente siguieron con él, sumando pasos en su camino juntos. Nosotros estuvimos allí para celebrarlo con ellos y guardar una infinidad de buenos recuerdos. Os dejo con el textillo que tenía preparado para ellos. Os queremos. ZORIONAK.

"La vida es un viaje. Un viaje de viajes. Un viaje de relaciones y de gente, en el que a veces uno tiene la suerte de encontrar a su más fiel compañero. De viaje, por supuesto. La vida es llorar y reír, disfrutar y luchar, caer y levantarse. La vida es una aventura, un reto, un juego, una oportunidad. O una serie de todas ellas. La vida es muchas cosas y, lo más bonito de ella, es ese alguien con quien compartirla, en todas sus facetas y días, en subidas y bajadas. Tener quien se quede para endulzar un poquito los días grises y esté allí para compartir también los más alegres. Alguien que te quiera a morir y a matar, a reír y a llorar, a verlas venir y hacerlas pasar. Alguien que te quiera a corazón abierto, ante cualquier situación y bajo cualquier circunstancia. Que esté dispuesto a sacarte de las arenas más movedizas y no dude en enfrentarse incluso a la jauría de lobos más hambrienta. Pero sobre todo alguien que, si no consigue sacarte, se quede contigo, a tu lado, incluso si esto le cuesta ser arrastrado hacia un agujero​ negro.

Al fin y al cabo, la vida es un rumbo. O a lo mejor una seguida de ellos. Nunca es tarde, ni pronto, para cambiar de rumbo. Seguir dándole a la vida otro camino, otra ruta, otro itinerario. Porque resulta que la vida consiste también en replanteársela y atreverse a seguirle el ritmo. Cerrar los ojos y dejarse arrastrar por el corazón, sea donde sea que este nos lleve, incluso si esto supone poner el mundo patas arriba y la vida cabeza abajo.

Al final uno aprende que hogar no es una palabra para hablar de un simple lugar. Es “aquel lugar donde”. Aquel lugar donde está el cariño. Aquel lugar donde uno no solo está sino que es. Porque a lo mejor "hogar" es menos lugar y más gente. Los nuestros y todo su amor. Para los que me conocéis un poquito más, os advierto que no volveréis a escuchar esto muchas más veces hablando de casas, pero la realidad es que “hogar” no lo convierte más que el cariño y el sentimiento. El apoyo y los cuidados. Dicen que no importa tanto el “dónde” sino el “con quién”. Y, no me hace falta más que abrir los ojos y mirarlos a los cuatro, para saber que también Zaragoza puede ser hogar.

Hemos ampliado la familia. Hemos ampliado el círculo a quien dar amor, pero sobre todo hemos ampliado el círculo de quien recibirlo. Porque que levante la mano quien pueda decir que no muere con un abrazo de estos peques, por ejemplo. Que levante la mano quien no disfrute de la compañía de todos ellos. ¿Nadie? Bueno, pues tengo que confesaros que menos mal, porque no estaba preparada para una respuesta contraria. No, para ser sinceros tampoco habría importado eh, un escritor siempre tiene recursos para todo. O a lo mejor no, y resulta que la verdad es que en realidad sabía que no necesitaría un plan B con esta pregunta.

En cualquier caso, creo que ninguno olvidaremos el día que nos lo contaron. Nos seguiremos riendo de la imagen de Zuriñe con una hija empapada en la fuente y yo temblaré cada vez que Raúl me vuelva a decir que me invita a comer. Pero sobre todo, creo que ninguno olvidaremos la sonrisa que llevan en la cara cuando se miran el uno al otro. Yo no tendré ni idea del amor, pero me basta con ver a los míos felices, sea donde sea y con quien sea que les dibuje esa sonrisa. Y por eso, por encima de las sorpresas y las circunstancias, por encima de los cambios y los kilómetros, estamos aquí hoy juntos para brindar y celebrar.

Por este día, por ellos, por esa familia tan bonita que forman y por seguir juntándonos para celebrar muchas cosas buenas más."

viernes, 8 de septiembre de 2017

Felices 20 corazón, porque el mío, es todo tuyo.

La vida es un viaje. Un viaje de viajes. Un viaje de relaciones y de gente, en el que a veces uno tiene la suerte de encontrar a su más fiel compañero. De viaje, claro. La vida es llorar y reír, disfrutar y luchar, caer y levantarse. La vida es echar de menos, llorar en kilómetros y morir en abrazos de vuelta. Qué ironía, vivir a distancia para morir en un abrazo. La vida es muchas cosas y, lo más bonito de ella, es ese alguien con quien compartirla, en todas sus facetas y días, en subidas y bajadas.

“La distancia es solo para valientes”. Y es que junto a ti encuentro esa valentía para vivir a corazón abierto. Gracias por acompañarme en cada aventura y en cada decisión. En las buenas, pero también en las malas. Por echarme la bronca cuando me lo merezco pero ante todo, nunca nunca nunca dejar de apoyarme. Por confiar incluso con los ojos vendados, porque cuando uno quiere, no le hace falta ver. Sentir es suficiente.

Te quiero a moriry a matar, a reír y a llorar, a verlas venir y hacerlas pasar. Te quiero ante cualquier situación, bajo cualquier circunstancia, con todo el corazón que tengo y el que me queda. Te quiero contra viento y marea, de verdad, desde lo más profundo de este pequeño que me acompaña desde la izquierda y me va arrastrando por la vida. Te quiero en tus días más grises y también en los más alegres, en tus carcajadas y lágrimas. No solo en las tuyas, también en las mías, porque siempre estás en ellas. Y es que te quiero aquí, a mi lado, el resto de días que me quedan. Siempre acudiría en tu rescate si lo necesitaras. Te sacaría de entre las arenas más movedizas y la jauría de lobos más hambrienta. Y si no pudiera hacerlo, me quedaría contigo en cualquier caso, incluso aunque nos dirigiéramos hacia el agujero más negro de todos, visto desde un observatorio en el cielo de Praga. Y es que contigo, me iría de nuevo hasta Praga o hasta donde hiciera falta. Porque de tu mano no me falta fuerza para enfrentarme a nada, por muy difícil que parezca. Según algunos, exageraré, supongo, pero eso solo lo dicen sin conocer sobre qué hablo. Porque solo se puede entender una amistad como esta cuando uno se encuentra tras ella, durante los días más duros y mediante todo el sentimiento y corazón que hemos puesto en ella. Yo también pondría la mano en el fuego todas las veces que hiciera falta. Y sé, a ojos cerrados y corazón abierto, que no me quemaría jamás.

Y en definitiva, espero que te hayas dado cuenta ya de que te quiero con preposiciones y sin excusas, en cada copo de una noche de diciembre y en el caer de unas hojas que pronto comenzará con la inminente llegada del próximo otoño. Sin pretextos porque no los necesito, pero con todas las razones del mundo.

Me has regalado los años más bonitos que una amistad puede conocer, y eso, de verdad, es algo que no voy a olvidar nunca. Solo te pido, por favor, que sigas cumpliendo años con la misma alegría y sonrisa, con la misma fuerza, con las mismas ganas. Con la misma sinceridad y fidelidad, con la misma vida y, sobre todo, que sigas cumpliendo años junto a mí. Porque siento presentarme con las manos vacías en la fiesta de tus 20 pero resulta que hoy el regalo, un día más, me lo haces tú siguiendo a mi lado. No me faltes nunca, por favor, aunque una vez más cierro los ojos, pongo la mano en el fuego y no me quemo, diciendo que nunca lo harás.

FELICES 20 CORAZÓN, porque el mío, es todo tuyo.