jueves, 27 de abril de 2017

"Gure hitzak erran berriz, erran." (B.Atxaga)

Escribir es todo un mundo. Y es todo un mundo porque se puede escribir de todo aquello que puedas imaginar. Incluso del mundo. Incluso de escribir. Se puede escribir en prosa, o se puede hacer en verso, se puede hablar de historias o se puede dejar un corazón roto en pedacitos sobre un folio. Se puede rimar o se puede remar, a contracorriente, superando el obstáculo que cada línea a veces supone. Se puede insistir, también desistir, y por supuesto, siempre existir.

“La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda es una erótica verbal.” Octavio Paz

Escribir es un abismo. Una caída libre, un salto al vacío sin paracaídas en el que puede que alguien te acabe amortiguando la caída. O quizá no.

Escribir es esa sopa de letras que comías de pequeño en la que había días que ninguna palabra te cuadraba y otros, en cambio, encontrabas palabras en cada rincón del plato. Ahora en realidad te pasa igual, solo que esta vez las palabras no brotan de la sopa sino de las yemas de tus dedos, de tu mente o quizá, quién sabe, también del corazón.

Porque escribir en realidad es eso. Un corazón abierto, de par en par, invitando a entrar a todo aquel que se atreva a pasar cerca de allí. Un cuerpo sin coraza, un sueño sin envoltorio, un sentimiento sin condiciones.

“Escribir es siempre aceptar el riesgo de decirlo todo, incluso - y sobre todo- sin saberlo”
Carol Dunlop & Julio Cortázar

Escribir es un jardín. Un bosque de ramas entrecruzadas, de pensamientos entrelazados, a veces incluso contradictorios, puros siempre. Es un jardín en el que puedes encontrar las rosas más bonitas y los rincones más oscuros.

Escribir es… una forma de vida. Una necesidad de soltar, de sacar, de levitar. Una manera de gritar a los 4 vientos aquello que llevamos dentro, o a veces simplemente una obligación de reflexionar sobre cosas que jamás nos habíamos parado a pensar. Escribir en realidad es un rapto. Un atraco a mano armada por parte de la tan traviesa inspiración, una necesidad de atarse a una pluma y un folio y la obligación, sin otra alternativa, de dejarse llevar. “Manos abajo, ¡que esto es un atraco!”

“Cuando la inspiración te hable al oído, escribe un poema que la haga callar.” Benjamín Prado

Escribir es una tarta de cumpleaños (hablando de cumpleaños... ¡Felices 20 Elena!) con sorpresa dentro. Un camino con cambio de sentido. Una película con final inesperado o… una historia sin final. Es ese billete de ida con vuelta abierta que corres el riesgo de no utilizar jamás. Y que se quede la puerta abierta. O que nunca lo vuelvas a encontrar.

Escribir es… ser cada uno. Y por eso no es que haya cientos de formas de escribir, sino cientos de miles de millones, porque la sensibilidad, las preocupaciones, las alegrías, las convicciones y las luchas internas de cada uno siempre, siempre, tendrán matices… o mundos enteros de diferencias.

“Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado toda la poesía-. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro.”
Octavio Paz

Escribir es sentir muchas cosas y no entender ninguna de ellas. Decir muchas frases y no encontrarle el sentido a ninguna. Visualizar muchas situaciones y no terminar de ver ninguna. Escribir es inspirar profundamente y espirar a continuación, sin miedo de expirar. Y a fin de cuentas, escribir es vivir sobre la punta de un boli... O bajo ella.

Escribir es la forma de no olvidar, jamás, lo que sentimos. El impedimento de ignorar nuestros latidos, la obligación de escuchar a nuestro corazón. Cerrar los ojos y dejarnos sentir, para tatuar cada palabra, para recalcar con tinta permanente cada curva de cada letra de cada hoja de cada escrito que vivimos. Escribir es un camino de migas de pan que Hansel va dejando caer. Es soltar y esperar a que alguien, al entender el mensaje silencioso que llevan, las recoja. Porque la parte más difícil de escribir es, siempre, transmitir. No importa hacia dónde, no importa hacia qué, no importa si es en sonrisa o en lágrima, siempre y cuando sea llegar. Despacito y con buena letra, que diría mi madre, por mucho que yo me empeñe en arrollar y enrollar, enrollarme, en vueltas y letras, y rimas, y yo qué sé, juegos quizá. De palabras, por supuesto.

“Gure hitzak erran berriz, erran, ez daitezela ahaztu, ez daitezela gal, elur gainean txori hanka arinek utzitako arrasto sail ederrak bezalaxe…”
Bernardo Atxaga

(Traducción aunque, lamentablemente, siempre se pierda significado... "Decir de nuevo nuestras palabras, decir, para que no se olviden, para que no se pierdan, como el precioso rastro que dejan sobre la nieve las ligeras patas de un pájaro")

jueves, 20 de abril de 2017

Pisando f... s... uerte.

¡Qué suerte volver a teneros aquí otro domingo más! Recordaréis, espero, que el último le dimos unas cuantas vueltas al amor, hasta que acabamos enamoradamente revueltos. Pues bien, hoy también nos queremos pero, queremos sobre todo, la suerte de querernos.

Maider quería suerte. Un domingo de y sobre suerte. Quizá por suerte. Y sorteando obstáculos... Somos los suertudos de estar aquí otra semana más. Porque... ¿Qué es la suerte? ¿QUÉ? Es acaso... ¿Un destino? ¿Es una casualidad? Quizá... ¿Cuatro hojas? ¿Una forma...? ¿... de vida? Una actitud, me dice Maider. Una consecuencia de lo que hacemos, un camino que nosotros mismos construimos. Me dice que no llega, que se crea. Que la creas tú. Lo lleva como lema de vida entintado en el tobillo para que cada paso que dé solo pueda ser en esa dirección. Lo lleva en los ojos y lo lleva dentro porque cree firmemente que su suerte, suya es. Un cóctel de un poquito de azar (que no debe superar la cucharadita) y sobre todo, nosotros mismos a grandes dosis.

Lo que me entra por la otra oreja es una versión bastante diferente de la suerte. Algo que necesitabas, me dicen. Esperado o inesperado, pero algo que necesitabas y, he aquí el matiz, que ocurre sin haber hecho nada para conseguirlo. Otros me dicen que es lo que utilizamos para definir las cosas a las que no les podemos dar explicación. ¿Y que me decís de la mala suerte? ¿Es mala suerte o ausencia de suerte?

¡Los hay incluso que me dan clasificaciones sobre distintos tipos de suerte! Suerte momentánea o... suerte en la vida. Que no te falte nada en ella, tener gente que te quiera... Que la buena suerte, efectivamente, se la forja uno, que el cariño se gana, que las personas solo se quedan cuando se cuidan, que toda búsqueda acaba teniendo su recompensa. Entonces... una recompensa, ¿quizá?

Eh, eh, pero esperad... Que aún queda la definición que más me ha gustado. "Haberte conocido". Aunque venga seguido de un "es broma", yo en el fondo sé que es la verdad, gracias. Nunca está de más que te lo recuerden. Yo en el fondo también os quiero.

De suerte a suerte y tiro porque me toca. Y dentro de todas estas reflexiones, ya no me atrevo a ser yo quien os diga qué demonios es la suerte, simplemente que... ¡últimamente me ponéis definiciones complicadas, eh! Pero, en cualquier caso, supongo que sea una actitud o un destino, es algo de lo que disfrutar. Es algo de lo que aprender y es algo que, queramos o no, nos acabará acompañando a cada paso que demos.

Yo no sé si tengo buena suerte o la tengo mala, si está sana o algo enferma, si es verde o quizá rosa. Que soy un poco torpe también os lo digo, y que tengo la suerte de caerme en el peor sitio pero, también por suerte, siempre unos amigos que, aunque después de un rato riéndose, me acabarán levantando. De la suerte os digo que no quiero que la mía cambie. Que quiero la suerte de teneros, para cada aventura, para cada viaje, para cada salto y para cada paso. La suerte de reír hasta llorar y de llorar hasta reír con la mejor de las compañías, siempre. Y es que sois vosotros mi verdadero amuleto y mi único trébol y es mi puño este que escribe cada palabra de la historia.

Bueno, vale, me voy a mojar. Creo que existe la suerte. Creo que es un poco de casualidad, algo quizá de destino y, por supuesto, unas cucharaditas de actitud. Creo que hay días en que se encuentra y días en que se nos cae del bolsillo, aunque solo en parte, porque hay otro trocito de ella que no tenemos sino que somos. Que somos por dentro. Y es que somos una pócima de buenos y malos, de pétalos y raíces, de hojas y de cuatros y de treses y de tréboles y de... de... De todo un poco, al fin y al cabo. De atar cabos. Y acabar construyendo la cuerda. De perder la cordura y, esperando tener buena suerte, salir a buscarla.

Suerte. ¿Azar? ¿O fortuna?

"Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama sino en sus propias alas."

Y yo no sé si la suerte la escribe cada uno, pero sigo escribiendo cada semana, por mí, eso siempre, aunque últimamente sea para vosotros. Por vosotros empecé también una historia hace unas cuantas semanas y llega el momento de sumarle un nuevo capitulillo en el que, una vez más, me gustaría contar con vuestra ayuda. Pero esta vez vamos a cambiar un poco el juego, porque hoy, aunque quiero palabras, las quiero un poco diferentes. Quiero que cada uno de vosotros me dé un máximo de 3 palabras, que tendrán que ser, un sustantivo, un adjetivo y un verbo. ¡Y pronto os tendréis aquí en estas páginas de nuevo!

Suerte a todos para esta nueva semana. Cada día tenéis el reto de seguir construyéndola.

Gracias por la inspiración de esta semana, Maider, sigue pisando con suerte.

Fotografía: Maider Colinas

sábado, 8 de abril de 2017

Sobre la cuerda floja... Del amor.

Me resulta gracioso, y a la vez me gusta, cuando me pedís que escriba sobre un tema concreto. No siempre puedo hacerlo epicentro de la próxima publicación, pero os prometo que a todos los tengo en cuenta a la hora de escribir nuevos textos. A veces son palabras muy concretas, otras quizá peticiones sobre un tipo de texto y hay días en los que me sorprendéis con temas muy amplios, aunque he de deciros que, sin duda, el rey de los reyes es... "Escribe sobre mí." Pero bueno, en fin, que hasta el día que me dé por escribir biografías... Hoy nos vamos por otro camino.

"Entonces encontramos a alguien con quien desprendemos, con quien soltamos, con quien nos hacemos pedazos y eso no nos asusta.

Y encontramos a alguien a quien queremos de mil maneras y aprendemos de sus heridas, y acariciamos su pasado como si fuese nuestro. Al fin nos perdemos en unas manos, y los pies no se cansan de echar raíces. Y vivimos el hoy, sin ese miedo al mañana. Y sabemos que vendrán tormentas, y sabemos que nos visitará la incertidumbre, pero aprendemos a que el amor es así, como la vida misma; con altos y bajos para que no se nos olvide de dónde venimos y a dónde vamos.

Entonces te das cuenta de que de eso se trata el amor, de lecciones, de libertad, de aprender y enseñar. De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves, que te enseñe a mirar con otros ojos. "

Mariani Sierra


Que de eso se trata el amor nos dicen por aquí. Sí, Marifú, sí, ¡El AMOR! Por fin escribo sobre el amor, sobre cualquier amor, de cualquier forma, en cualquier palabra, pero sobre todo, con todo el cariño... Sobre el amor... Para ti. Si le preguntáis a Marifú que por qué quería ese tema os dirá que porque es bonito.

Y es bonito, sí, la verdad es que es bonito. También puede ser doloroso. Y es que el amor es ese arma de doble filo, que corta y sana, que pierde y salva. El amor puede ser alegre y a veces también triste, ser temporal o incondicional, puede ser grande, pequeño, cálido... Seguro que frío también. A distancia, o a centímetros. El amor puede ser de todos los colores y olores, de todas las formas, tipos y sabores posibles. Y es que el amor es único. En cada uno, en cada día... Único en todo su ser.

Hacia todo tipo de personas. Hacia familia, amigos, parejas, animales, quizá incluso elementos... ¡Hay tantísimas formas de querer! Esta parte es curiosa... Porque así como no habrá dos personas a las que quieras igual, tampoco las habrá que te quieran igual. Y esto no se trata de pocos ni de muchos, sino de cómo, de la curiosa manera en la que a cada uno nos late este pequeño. Pequeño que a veces duele pero que siempre, con el tiempo, acaba por sanar. 

Al amor todos lo conocemos bien y, sin embargo, cuánto cuesta definirlo, qué difícil a veces demostrarlo y, aunque suene paradójico, qué complicado a veces reconocerlo. ¿Pero no decíamos que todos lo conocíamos tan bien? A ver si no va a ser verdad... ¿Y vosotros? ¿Os atrevéis a ponerle palabras?

A mí el amor me gusta verlo como ese encogimiento de corazón. Complicado de imaginar y, sin embargo, no tan difícil de sentir. Esa sensación que a uno le da dentro, ese pedacito que se te cae del pecho al imaginar en perder aquello que quieres. Y es que el amor está también en cada lágrima que derramamos si nos falta, o en esa que se nos salta el momento en que este travieso consigue emocionarnos. El amor está en lo bonito de las cosas y en lo triste de las despedidas, está en cada rincón, en cada suspiro, cada roce. 

Porque este gran pequeño se puede dar en la simplicidad de una mirada y la complejidad de todo lo que supone un sentimiento. En la instantaneidad de un beso y la eternidad de toda una vida.

El amor es esa madre de los sentimientos que es capaz de producir todos los demás, y al que todos los demás pueden acabar llevando. Y es que no es grande ni pequeño, según Marifú es bonito, pero a fin de cuentas con que sea sincero, será suficiente.

No hay nada más bonito que querer, que andar sobre esa cuerda floja sin saber si uno caerá pero, sin embargo, encontrar la fuerza para lanzarse a esta aventura sin arnés. Mirar al sol con los ojos abiertos y sin gafas, gritar a los cuatro vientos y procurar no perder el horizonte de este atardecer, sin saber en qué momento caerá esta noche ni cuánto nos costará encontrar hoy la estrella polar.

"Ahora ya no sé si vas a poder leer esta carta, pero igual siento como una necesidad de decirte que yo contigo he sido más feliz de lo que en los libros dice que se puede."

Eduardo Galeano