Zaragoza. ¿Cómo? ¿Ya?
Parecía que solo habían pasado unos pocos días desde aquel último vistazo a mi tan vivida 515 en la resi. Parecía que solo habían pasado unas pocas horas desde todos aquellos abrazos, los "te voy a echar de menos", "seguimos en contacto, ¡eh!" Durante aquellos últimos días de junio, la vuelta en septiembre se veía tan lejana que, paradojas de la vida, de repente dejó de verse porque directamente... llegó.
Parecía que solo habían pasado unos pocos días desde aquel último vistazo a mi tan vivida 515 en la resi. Parecía que solo habían pasado unas pocas horas desde todos aquellos abrazos, los "te voy a echar de menos", "seguimos en contacto, ¡eh!" Durante aquellos últimos días de junio, la vuelta en septiembre se veía tan lejana que, paradojas de la vida, de repente dejó de verse porque directamente... llegó.
Zaragoza. ¿Cómo? ¿De nuevo?
Pues sí, de nuevo. Hace unos días me tocó volver a pisar la capital maña. Todo seguía tan igual; Independencia, Gran Vía, la facultad... Llenos de gente, de calor, de movimiento... Zaragoza, al fin y al cabo. Y sin embargo, todo estaba tan... distinto.
Un día como el de ayer pero de apellido 2015 cogí el primer bus destino Zaragoza. Primeros kilómetros. Primeras conversaciones en un viaje con esa persona que empezaría y terminaría marcando este año. Primeras horas perdidas en pensamientos aprendiendo a echar de menos. Un día como el de ayer llegamos a Zaragoza. Tan perdidas como un pulpo en un garaje (dice Olaia que en realidad el refrán habla de un pulpo en el mar) en la capital maña, sin tener muy claro cómo llegar hasta la resi... Os podéis imaginar cómo sigue la historia. Dos vascas perdidas por Aragón. Para qué nos vamos a engañar, Zaragoza fue toda una odisea ya desde el principio. Y después de aquello... Todo. Primeras comidas en Baltasar Gracián N.1 (¿o era Melchor, Olaia?). Primeros conocidos que acabarían convirtiéndose en imprescindibles. ¡Y primer día de Veterinaria! Tanto tiempo esperándolo, tantas horas de estudio por poder estar allí, tantos años detrás de un sueño que por fin teníamos delante. Qué bonito suena, ¿no? Pues no señores, no... No era el final del sufrimiento. Ese era en realidad el principio de una interminable cadena de peleas con uno mismo sobre abandonar o no hacerlo, de largas conversaciones para impedirle a la otra hacerlo, principio por supuesto de otro montón de horas entre apuntes, de "no voy a poder", de desesperación y frustración, y para algunos incluso de hacer maletas y decidir abandonar... Hasta encontrarse a alguien en el pasillo que se lo impidió. En eso se ha basado también este año, en un apoyo continuo por parte de unos y de otros, en dar hoy abrazos y mañana necesitar recibirlos, en ser hombro en el que llorar y lágrima en el hombro de al de al lado. Hay veces en las que no ha sido fácil. Tener el apoyo de los tuyos lejos, y necesitarlo. Precisamente por eso, acabamos convirtiendo en nuestros también a los de allá y ahora lo tengo claro... Son más míos que otra cosa, porque sin ellos este año... No habría sido posible. Y sí, lo sé, este curso nos esperan unas pilas aún mayores de apuntes, y nos van a dar por todas partes, y habrá que trabajar, y lo pasaremos mal pero... Este año los tengo a todos ellos. Desde ahora, desde ya, desde el principio. O desde mucho antes. Nos esperan horas de desesperación y frustración de nuevo, pero también nos esperan muchas otras de risas, de buenos momentos, de fiestas, de cine, de jueves, de plazoletas (evidentemente)... Y sobre todo, de buena compañía. Al final uno acaba aprendiendo que no importa tanto el dónde sino el con quién. Que de nada sirve estar en el lugar más maravilloso del mundo si te faltan aquellos que convierten hasta el sitio más cutre en la mejor de las tardes. Si tengo algo que agradecerle a Zaragoza son ellos. Todos ellos. Sé que muchos de vosotros lo estáis leyendo así que dejad de haceros los tontos y escuchad esto... GRACIAS, de todo corazón.
El año pasado ya pasó. Acabó y no volverá.
La resi seguirá en el mismo sitio de siempre, pero la 515 no volverá a ser casa. Ahora esta tiene otra dirección, otras vistas y... en parte, otra compañía.
Primero ya pasó. Ahora las asignaturas tienen otro nombre (que suenan aún peor, ¡socorro!) aunque los compañeros seguirán siendo caras conocidas y quizá alguna que otra nueva.
Y es que ahora todo será diferente... de la misma forma de siempre. Nueva rutina con la misma base, porque el gran cambio... ya pasó. Para bien o para mal, ya fue. Y seguiremos cambiando, y seguiremos experimentando, y seguiremos fallando y acertando, porque básicamente, seguiremos viviendo. La vida es eso, cambio continuo, grande o pequeño sutil cambio. De repente miras hacia atrás y te das cuenta de que las cosas son distintas. Que ahora todo ha cambiado y que no volverá a ser igual, pero realmente... ¿es necesario?
Soy la nostalgia en persona. Soy una romántica de la vida, alguien que se acaba encariñando de los pequeños detalles de cada una de sus etapas, y por eso siempre me da pena poner punto y final a cada experiencia. Es la única forma, sin embargo, de que nuevas cosas vengan. De todas formas... ¿quién dijo de que tienes que despedirte definitivamente de las antiguas? Sí, claro, no puedes mantener todo pero... mantén cerca a aquellos que quieres y será más suficiente de lo que crees.
Soy la nostalgia en persona. Soy una romántica de la vida, alguien que se acaba encariñando de los pequeños detalles de cada una de sus etapas, y por eso siempre me da pena poner punto y final a cada experiencia. Es la única forma, sin embargo, de que nuevas cosas vengan. De todas formas... ¿quién dijo de que tienes que despedirte definitivamente de las antiguas? Sí, claro, no puedes mantener todo pero... mantén cerca a aquellos que quieres y será más suficiente de lo que crees.
Zaragoza.
Cada rincón de ella me recuerda ahora a alguna anécdota, a algún paseo quizá, conversación tal vez, y persona... seguro. Esta ciudad está ya llena de recuerdos que esperan nuevos compañeros en este álbum propio que poco a poco iré construyendo durante estos 5 años. No, no se me ha ido tanto la cabeza, no estoy haciendo ningún álbum real, porque para eso ya debería comprarle horas extras a la vida y están muy caras últimamente. Hablo del pequeño álbum de imágenes, frases y sentimientos propio que supone mi vida. No hay como volver a un lugar para revivir momentos. Y no hay como volver a ese lugar también, para echar de menos a aquellos con quien los viviste.
Zaragoza. ¿Cómo? ¿Por fin?
Y es que... Hace un año jamás habría dicho esto, pero esta vez tenía ganas de la vuelta. Vuelta. Volver. ¿Cómo que volver? ¡Si vuelta era solo a casa, a Vitoria! Las cosas, que cambian. Y al final volver acaba siendo a todo lugar donde has dejado un pedacito de tu corazón. Vuelves a recogerlo, supongo, pero después de un rato disfrutándolo de nuevo, este dice que no, que él se queda de nuevo allí. Pase lo que pase ya de aquí en adelante, una parte de mí está en Zaragoza y Zaragoza está en una parte de mí. Pertenece ya allí, porque en algún momento la vida decidió unirnos, no sé por qué pero se le antojó que coincidiéramos en el tiempo.
Y es que... Hace un año jamás habría dicho esto, pero esta vez tenía ganas de la vuelta. Vuelta. Volver. ¿Cómo que volver? ¡Si vuelta era solo a casa, a Vitoria! Las cosas, que cambian. Y al final volver acaba siendo a todo lugar donde has dejado un pedacito de tu corazón. Vuelves a recogerlo, supongo, pero después de un rato disfrutándolo de nuevo, este dice que no, que él se queda de nuevo allí. Pase lo que pase ya de aquí en adelante, una parte de mí está en Zaragoza y Zaragoza está en una parte de mí. Pertenece ya allí, porque en algún momento la vida decidió unirnos, no sé por qué pero se le antojó que coincidiéramos en el tiempo.
Mañana volvemos a la rutina. A las clases, a las interminables horas de prácticas y pronto también a las plazoletas y los jueves universitarios. Mañana volvemos al día a día de una ciudad que me quise negar a pisar tantas veces y al final acabó conquistando mi corazón. Y no, no lo hicieron sus largas avenidas o sus altas torres, no fueron sus vírgenes o plazas... Fue culpa de pequeñas personitas coincidiendo también en tiempo con esta gigante de 700.000 habitantes. Cada uno, una procedencia, una familia, unos amigos, una historia detrás. Cada uno unas expectativas, un sueño y un futuro por delante. Y fueron todos y cada uno de esos "cada" los que al final hicieron que este domingo no tenga aire de despedida... sino de reencuentro.
Creo que es la primera vez que puedo decir que tengo ganas de la "vuelta al cole". Es hora de reencuentros... Por fin.
Zaragoza. ¿Cómo?
Zaragoza.
"Hay personas que podrían
ser ciudades
porque convierten en hogar
allá donde vayas.
Son
las razones,
los motivos
y las excusas
por las que recorrería
cientos de kilómetros
porque ellas serán
siempre el mejor destino.
Y el mejor destinatario."
Loreto Sesma.
Fotografía: Eugenia Laurenzana

Precioso titi! Ir leyendo e ir a la vez recordando esos momentos que describes en los que las dos formamos parte... increibles las ganaS de verte!
ResponderEliminarPues sí... Anda que no hemos pasado momentos ni nada en esos pasillos... ¡Muchas ganitas de ese reencuentro!
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminarMuy boooonito leeei ❤❤
ResponderEliminarCada día lo haces mejor!
Mileeeeskeeer Cari!! 💙💙
EliminarZe polite Laztan:)
ResponderEliminarEskerrik askooo :)
Eliminar