" Hoy es domingo. Domingo de "vuelta de casa" o de fin de la tranquilidad en los pasillos de la residencia, y domingo de reflexión en los pasillos de mi corazón, en los de mi vida, que ya no sé exactamente dónde están ubicados ni qué cuadros visten en sus paredes. Hoy es domingo de depresión prelunes o de resaca de felicidad del finde. Domingo de despedidas o de reencuentros, o quizá de ambas cosas. Domingo que acaba con una semana y empieza con otra, domingo de transición... una vez más."
Zaragoza, 4 de octubre de 2015.
11/09/2016
Domingos, al fin y al cabo. Seguro que a más de uno se le ha cruzado ya por la cabeza algún "ufff", seguido, sin duda, de un "qué pereza". Venga, admitidlo... ¿cuántos de vosotros habéis dicho más de una vez que odiáis los domingos?
Pues no. Yo no. A mí siempre me han gustado, y como quiero que así siga siendo, será el día en el que intente sorprenderos, enamoraros o, al menos, agradaros, con un nuevo intento de texto. Fallido o no, aún está por ver.
Así pues, os dejaré un trocito de mí aquí cada domingo. Algunos me iréis conociendo poco a poco de esta forma; otros me tenéis ya más que conocida, pero espero que todos, de una forma u otra, lo disfrutéis.
¿Que por qué este día? Y no, no es solo por llevaros la contraria...
Para empezar, siempre he visto los domingos como parte del fin de semana en vez del víspera de un nuevo día de rutina. En aquellos (seguro que más sencillos) años de ESO, las tardes de domingo eran un momento más para disfrutar de los amigos. Más tarde acabarían enterradas en apuntes, pero siempre quedaría ese ratito peliculero de manta y sofá y, por supuesto... las tardes de fútbol. El fútbol las tardes de domingo tiene otra esencia. Supongo que este es uno de los motivos, también, por los que era de las pocas locas que esperaban con ansia que llegaran esas últimas horas del fin de semana, para apurarlas vibrando al latido de esos dos colores que tan bien conocemos los alavesistas (y que a veces, como una noche cualquiera en el Camp Nou, tantas alegrías nos dan). Los domingos son, además, una especie de "día de reflexión". El momento de coger fuerzas para empezar con ganas (todas las que uno puede llevar un lunes por la mañana, claro) una nueva semana que no tiene por qué ser tan mala, y una forma de endulzar un poquito ese día que a veces nos amarga tanto me pareció publicar los domingos.
Pero al margen de todo lo que han sido los domingos de toda la vida, y tengo que confesaros que esta que viene ahora es una de las grandes razones que han decantado la balanza a favor de este día, los domingos este año han cogido un significado especial, como imagino que lo tendrán para todo aquel que, tras decir adiós y prometer que volverá pronto, deja el andén mientras arrastra esa maleta otra vez más, como después de cada fin de semana que tiene la suerte de sentir el calor de los de casa de nuevo. Las ruedas del tren rugen mientras mira una última vez a aquellos que deja en el andén, deseando con todas sus fuerzas estar entre ellos en lugar de al otro lado del cristal. No importa con cuántas ganas lo haya deseado porque el tren de pronto arranca y comienza a recorrer, una vez más, todos y cada uno de esos 262 que cada noche maldecirá. No importa, os lo prometo, no importa con cuánta fuerza hayas querido que esa hora no llegue nunca porque siempre llega. 19:21. Para algunos de vosotros, un viejo conocido ya. Para los que no, el tren de las 19:21 es el que, cada domingo, convierte Vitoria en Zaragoza; el pequeño diablillo que se empeñó tantas veces en llevarme lejos de los míos, hasta que "los míos" también empezaron a ser aquellos al otro lado de la carretera. Bueno, "hasta que" no, porque continuó haciéndolo después, como seguirá durante estos 4 años que todavía nos quedan por tierras mañas. Los domingos han sido, este último año, el día más odiado de toda la semana, el más temido, el más nostálgico desde luego, y por tanto... el más escrito. Los domingos han sido desvelo llorado en letras e inicio de una nueva cuenta atrás que, a partir de ahora, os toca a vosotros llevar pensando en un nuevo ratito por estas páginas.
Un amigo (y gran consejero) me dijo, tras leer las primeras frases de esta locura que, cuando con el tiempo volviera a leer ese primer texto, pensaría que era, literalmente, "lo más horrible del mundo", porque habría mejorado. Llevo mejorando desde el primer día en el que fui capaz de coger un boli con mi primera historieta ("La señora pies grandes", todo un bestseller, oye) o incluso desde el primer concurso que gané allá por los años de Primaria y, por supuesto, desde aquel primer relato corto que, creedme, jamás olvidaré. Cómo olvidar el día en el que con 13 añitos ves tu primer texto "publicado". Vale, sí, era la entrada para promocionar unas camisetas del Alavés en una página cualquiera de aficionados pero... para mí era más que suficiente. Podría, todavía, recitar el principio de aquel texto de la cantidad de veces que lo leí, y aunque con seguridad puedo decir que he mejorado desde entonces, sigo siendo el mismo manojo de nervios y ovillo de ilusión con y en cada texto. Vas creciendo, y tus textos crecen contigo, pero siempre serás la emoción de una niña cuando le dicen que lo que ha escrito está bien, que es bonito. Escuchar que un texto tuyo gusta, y que a veces incluso puede llegar a emocionar es, sin duda, una de las sensaciones más gratificantes. Así que por favor, si os gusta no dudéis en decírmelo, y si no os gusta, también, siempre y cuando sean críticas constructivas. De todo se aprende y en aprender consiste esto, en seguir no solo cumpliendo años sino creciendo, y sobre todo, que mis textos sigan creciendo conmigo.
Oye, pero a todo esto, tanto domingo a vueltas... ¿por qué esto del blog? Por seguir haciendo lo que siempre he hecho pero... frente a la gente. Entonces la pregunta quizá sería... ¿por qué ahora? ¿Por qué no lo has hecho antes? Exponerse. Acabo de firmar que estoy dispuesta a exponerme cada domingo, y en esta sociedad eso de abrirse no está del todo de moda... Cuesta, cuesta abrirse, cuesta desnudarse y decir "esto soy yo". Así de moñas, así de tonta, así de ingenua, así de... yo. Aquel amigo del que antes os hablaba me decía también que se alegraba de que "hubiera roto con el miedo a la hoja en blanco para con el público". Yo también me alegro Jose, de verdad que yo también me alegro. Probemos a ser valientes y, si no sale bien, ya buscaremos otra forma de seguir haciéndolo. Comencemos con la rutina de los domingos.
"Si mi vida fuera un lienzo
probablemente sería la imagen de una estación,
una manifestación de lágrimas pidiendo que vuelva por las mejillas de mi madre.
El momento exacto (siete de la tarde)
en el que rugen los motores
y a nuestros corazones
no les queda otra alternativa que callarse.
Ver mi ciudad perderse en el horizonte
y tener que tatuarme las coordenadas en la nuca para que no se me olvide nunca de dónde he venido.
Todas las veces que he pedido no tener que hacer la maleta,
mis amigos esperándome con un abrazo y un peta
para que se me olvide que tengo miedo.
Miedo a que llegue un día y no sepa responder
cuáles eran los pinceles que convertían el lienzo en arte.
Miedo a que no sepa pensarte
o acordarme de mi madre
cuando todos los domingos giraba todos los marcos torcidos para dejar ordenada la casa
antes de apagar las luces,
cerrar la puerta
y llevarme a la estación."
Loreto Sesma.
P.D. ¡¡FELIZ DOMINGO!!
Eso es tener palabra! Tú sigues... y nosotros también! Buena semana!
ResponderEliminarAsí es, sí... ¡Hasta el domingo que viene!
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar💯👌
ResponderEliminar¡¡Muchas gracias!!
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