Empezaré justificándome diciendo que sé que diga lo que diga me quedaré corta. Cómo no quedarse corta cuando alguien ha sido TODO en tu vida. Cómo explicar lo que es todo. Desde cada mañana de crêpes hasta cada noche de cervezas. Y todo lo que hay en medio, entre tanto, antes y después.
Recuerdo aquel primer fin de semana juntas. Aquella primera escapada. La primera cena. Hablar, hablar, hablar y pensar: cómo coño alguien que viene del otro lado del charco puede pensar tan parecido a mí. Cómo coño es posible que nos entendamos tan bien sin ni siquiera conocernos.
Pasaron los días, las semanas, los findes, los viajes, y esa primera idea solo pudo verse cada vez más reforzada. Empezamos a conocernos de verdad, a saber cómo éramos la una y la otra. Y en mi cabeza no podía dejar de preguntarme cómo coño podíamos girar sobre el mismo eje de forma distinta y, sin embargo, al mismo compás.
Fui dándome cuenta de todos tus hábitos, de tu forma de hacer las cosas, tus fases, tus pensamientos. Hasta el punto de mirarte y poder saber qué era lo que se te pasaba por la cabeza. Hasta el punto de anticipar muchas de las cosas que estabas a punto de hacer.
“Pero yo cuando me como los restos del pimiento es porque quiero eh”. Mirarla. Mirarte. Hace tiempo que eso lo sé.
Fuiste conociéndome tú también, viendo mi forma de hacer las cosas, de sentirlas. Horas y horas hablándote sobre todo, dándote explicaciones más que innecesarias porque sabías de sobra todo lo que te iba contando. Pero yo necesitaba decirlo. Y tú, eso también lo sabías, así que me dejabas hacerlo.
Un año después de que todo empezara, eres una parte de mí. Eres mi pierna derecha cuando me falla la izquierda, y viceversa. Eres parte de mi cabeza, parte de mi mirada y, sobre todo, parte de mi corazón. Eres ya parte de mi familia y sabes que aquí, en Vitoria, tienes una que siempre te recibirá con los brazos abiertos.
Un año más tarde eres parte de mi huracán. Soy difícil de cambiar y bastante terca cuando quiero, pero tú sabes hacerme parar y pasar, pensar y destensar. Seguiré siendo un torbellino de palabras, pero sé que siempre estarás al final de estas con los brazos abiertos. Y fundirnos en un abrazo.
Y, tras un año entero siendo uña y carne, siendo bailes, siendo risas, enfados, disgustos, lágrimas, comidas (sobre todo esto), kilómetros, viajes y cafés, tras un año entero siéndolo todo en mi vida, es momento de que cada una tome un camino distinto.
Te diría que espero que todo te vaya bien, pero sé de primera mano que así será. He conocido todas las armas que guardas ahí dentro y sé que siempre, ante cualquier cosa, sabrás salir adelante. Que no habrá nada capaz de pararte, nadie que pueda impedirte alcanzar todas y cada una de las cimas con las que sueñas.
Eres familia.
Eres hogar.
Eres lágrima y sonrisa.
Eres todo lo « tú » que yo puedo ser y todo lo « yo » que tú puedes ser.
Y después de todo, solo puedo decirte GRACIAS. Por acompañarme en este camino y no soltarme nunca la mano.
Por primera vez en muchos meses, nos separan un océano y miles de kilómetros. Habrá que aprender a vivir con agua de por medio. Pero el agua es vida y tú, ya eres parte de la mía. Y, por favor, prométeme que volveremos a fundirnos en un abrazo pronto.
Je t’aime de ouf et tu sais... jpp avec toi. Tu vas finalment dormir tranquille la nuit. 💘
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