Un 1 de enero solo se puede decir una cosa. Y hay cosas que solo se pueden decir un 1 de enero aunque, para qué nos vamos a engañar, todos lo acabaremos alargando unos días adelante, así como llevamos unos días haciéndolo ya. A lo que iba: FELIZ AÑO.
Qué poco original, pensaréis. Y sí, no os voy a quitar la razón, un texto como este un día como el de hoy es poco original pero... en el fondo es necesario. Hoy vengo a sonreíros este empezar de calendario.
"Bah, total, para qué, si va a ser el mismo año de mierda que todos los demás", pensarán los más cenizos. No seré yo quien os diga que el mundo no está en la mierda. Tampoco quien os lleve la contraria diciéndoos que seguro que es un año maravilloso y desde luego no seré yo quien intente convenceros de que todo lo que ocurra este año será bueno, porque sé de primera mano que no es así. Que todo buen momento vendrá acompañado antes o después de alguno malo, y que 2017 tampoco será del color de rosas. Nadie nos prometió que lo fuera a ser.
Pero sí que me permitiré venir a contaros hoy que el gris, cuanto más blanco lleve, menos gris es. Y que así como los buenos momentos se verán empañados también por malos, no habrá mal eterno. Que lo bueno también acaba llegando siempre.
Empieza un nuevo año. Nuevo calendario en la pared, y a empezar a contar de nuevo.
¿Contamos hacia adelante? ¿O preferís una cuenta atrás? Bueno, cada uno que cuente como quiera, porque una vez más, no seré yo quien os diga cómo hacerlo. De lo que sí que os hablaré es de qué es lo que cuenta. Cuenta tu gente. Los amigos, la familia. Una (sobre)mesa en la que compartir esos momentos que, a decir verdad, no siempre pueden ser todo lo frecuentes como nos gustaría, pero que desde luego cuando son, se agradecen. Momentos junto a aquellos que siempre, siempre, SIEMPRE serán tu paracaídas más seguro o, en su defecto, tirita. Aquellos que siempre serán la mano tendida que necesitas. Los que recorrerán los kilómetros que sean necesarios cuando lo pidas y, para qué nos vamos a engañar, también cuando no lo pidas. Porque tú por ellos darías la vuelta entera al mundo. De su mano, por favor. Cuenta la gente, que siempre es el paisaje más importante, el plato más sabroso y el motivo más grande. Y el trocito más especial de mi corazón, por supuesto.
Cuentan las risas. Las bromas, las tonterías, las anécdotas, las ocurrencias. Cuenta romperse en cada carcajada, quedarse sin aire, echarlo todo fuera y que se lleve con él todos los disgustos. Así, de golpe. Como cuenta también cada golpe sobre la mesa. Cada vez que demostramos que fuimos capaces, tal y como dijimos el día que nadie nos creyó. Pero tranquilos, porque también cuenta cada vez que no lo conseguimos. Cada fracaso. Cada día de frustración. Las veces que apretamos los dientes con fuerza y rabia porque las cosas no eran como nosotros las queríamos. Y que esa misma fuerza sea la que nos sirva para dar el próximo paso. Cuenta cada paso, de hecho. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" decía Machado. Todo tiene que empezar por algún punto. Y ese punto... puede que acabe resultando ser este. Cuenta cada punto también, da igual de qué tipo. Punto y aparte, punto y seguido, puntos suspensivos, punto de inflexión, punto sobre la i. Punto final, quizás. A vuestro gusto. Cuenta también el gusto. Degustar cada momento, cada día, cada uno de esos sabores de los que está llena esta vida.
Cuentan las lágrimas. Cuenta ser humano. Llegar a nuestro límite, sobrepasarnos, colmar el vaso. Cuenta frustrarse, desmotivarse, llorar. Cuenta tener malos momentos, cuenta llorar esos malos momentos. Cuenta que duelan, ¡CLARO QUE CUENTA! Pero después, cada cosa a su debido tiempo, no solo es que cuente sino que toca levantarse. Siempre.
Cuenta sacarle la lengua a la vida, eso siempre cuenta. Buscarle las cosquillas, encontrar cada día una nueva manera de hacerlo un poquito diferente. Cuenta ser una variante distinta del mismo de siempre, reinventarse al fin y al cabo. Cuentan las bromas. Cuentan las sonrisas, los buenos días, las buenas noches, los besos y los abrazos. El cariño, cuenta el cariño. Y siempre se agradece recibirlo.
Cuenta emocionarse. Con lo que sea. Con un libro, con una película, con un momento, con un gesto, con unas palabras. Eh, bueno, así como paréntesis, si alguien quiere emocionarse con estos textos también le dejo, vale, graciaaaas. Y no, esto no era para justificarme cuando lloro por todo. Que lo hago, desde luego, pero no necesito justificarlo. Porque eso también cuenta, ¿o no?
Cuenta ilusionarse. Con lo que sea. De verdad. Y no solo es que cuente, sino que os lo pido. Ilusionaros. Con lo que queráis, con una persona, con un nuevo proyecto en vuestras vidas, con un nuevo destino, con un nuevo trabajo, con decorar una nueva casa quizá, por mucho que vuestra hija reniege al principio. Pero oye, ¡es que también cuenta renegar! No conformarse, protestar por lo que no nos gusta.
Y para terminar, como no podía ser de otra manera, cuentan los reencuentros. Cualquier viernes de vuelta a casa, o una comida especial. Que el tiempo se congele y la mesa se llene de anécdotas de momentos pasados juntas. Cuenta recordar todas esas etapas que vivimos a la par, cuánto aprendimos juntas, cuánto crecimos de la mano. Cuenta saber que marcasteis una época que no se olvida, y por supuesto, cuenta ese reencuentro del que hablábamos alrededor de una mesa, unos cuantos vasos rotos, alguna copa y esa nostalgia revivida. Aquellos años tampoco serían perfectos, pero fueron nuestros. Como todos los que están por venir. El otro día hablábamos de morder y, joder, hacedme el favor de morder todos estos años. Pero de morderlos bien. Fuerte. Cada puto día. No os lamentéis un 31 de diciembre de todo lo que no habéis vivido y no os hagáis falsas promesas un 1 de enero. Centraros en morder la vida, pero centraros cada día. Cada lunes. Y cada domingo. Cada 1 y cada 13.
"Ojalá los propósitos que hacéis entre copa y copa con bragas rojas y el pie izquierdo levantado, los hicieseis todos los días cuando vuestro despertador suena. Me gustaría que todas las ilusiones que nos empeñamos en hacer realidad en Navidad, luchásemos por conseguirlas un miércoles cualquiera."
Loreto Sesma.
Y qué razón tiene. Llega un nuevo año. Un nuevo calendario, un nuevo uno. Llega el momento de corregir ese 2016 que pondremos automáticamente en la fecha durante (incluso) meses y, aunque lo que hayamos hecho hasta ahora ya no podemos corregirlo, llega una nueva página en blanco sobre la que escribir. Algunos lo haremos al pie de la letra (y nunca mejor dicho jeje) y en alguna línea de esta página os equivocaréis seguro, os lo digo desde ya. No os molestéis en buscar typex; garabato y para adelante. Que queden plasmados los errores, sinónimo de que nunca fuimos ni seremos perfectos, pero resulta que tampoco buscamos nunca serlo. Llega la misma oportunidad que tenemos todos los días para reinventarnos, para guiñarle un ojo a la vida y desafiarle con el otro, sacarle la lengua, abrirle los brazos, ponerle el pie encima y pisarla con fuerza. 365 días por delante antes de acabar de nuevo en esta misma reflexión. 365 mañanas por delante hasta que volvamos a echar la vista atrás a nuestro ahora nuevo y pronto viejo año, 365 noches para inspirarnos y papel y boli, sigamos escribiendo esta historia. 365 nuevas oportunidades.
Aprovechadlas y... sed felices.
Nos despedimos del 2016 con bragas rojas, champán en mano y contando. Y, además de eso, yo quiero pedir un deseo. Hoy solo le pido al 2017 terminarlo con la misma compañía con la que lo empecé. Pido esta mesa, y este brindis por y para nosotros. Seguir haciendo el tonto con esta familia cada 31, seguir disfrutando de esta noche con las mismas de siempre y dar el pistoletazo de salida con la otra parte de la familia. Reunirme con todos en menos de 24 horas, al fin y al cabo. Y es que sois vosotros la mayor de mis suertes y el más sincero de mis deseos. Os quiero.
"Creo que una de las mejores sensaciones del mundo es reírse con otro y, a mitad de risa, darte cuenta de cuánto disfrutas con esa persona y de su existencia." Anónimo
Nos despedimos del 2016 con bragas rojas, champán en mano y contando. Y este año, este 31, este 2016 vengo a contaros que cada día tengo el corazón más dividido porque hay una parte del él que ya habita a 262 km. Bueno, 262 al lugar que me dio la oportunidad de coincidir con ellos, pero en realidad, se han dedicado a repartir mis trocitos por todo el mapa. No estáis aquí presentes pero en este empezar de calendario os tengo muy presentes. 2017 nos seguirá regalando muchos momentos, y muero por vivirlos a vuestro lado.
Básicamente, FELIZ AÑO NUEVO A TODOS y... que tengáis un bonito 2017.
"Cuando suceden las cosas solo puedes vivirlas; si son alegres procurando abrir los poros para que entren lo más posible; las tristes, sacando la cabeza para que ese trocito de ahí arriba no se te ahogue." Carmen Martín Gaite.
Fotografía: Sara Tomillo