sábado, 24 de septiembre de 2016

Un copo de nieve en una noche de diciembre


"No corras, no te preocupes. 
Estás aquí solo de visita.
Merece la pena que te detengas a oler las flores"

Walter C.Hagen

¿Os cuento un secreto? Hoy no sabía de qué escribir.

Una sonrisa al cruzarte con alguien conocido.
O desconocido.
Un simple "hola" al entrar a cualquier sitio.
La carcajada de una tontería que te acaba alegrando la mañana.
Un abrazo de reencuentro.
Un abrazo de apoyo.
Un abrazo.
Un comentario de ánimo.
Tu familia despidiéndote en la estación.
Tu familia.
Tus amigos dispuestos a hacerte olvidar cualquier pena en una tarde.
Tus amigos.
Un café de buena mañana.
Que te traigan un café de buena mañana.
Y un poema.
Y un beso.
El "gracias" que grita tu corazón cuando alguien hace por ti.
Tú mismo gritando ese gracias.
Y la sonrisa de quien lo recibe.

No sé, pequeñas cosas. Pequeños detalles y movimientos, pequeños esfuerzos pero... grandes sentimientos. Grandes sensaciones. Olvidarás fechas. Olvidarás palabras. Y sin embargo... Jamás olvidarás sensaciones. 

Me gusta pensar (y sé que alguno lo va a reconocer) en las pequeñas cosas. 

Un rayo de sol una tarde de verano.

Me gusta pensar (y sé que alguno está ya sonriendo) en que son esas pequeñas pero únicas cosas las que hacen el resto grande. 

Un copo de nieve una noche de diciembre. 

Porque jamás un solo copo de nieve podría hacer nevar, pero nunca veríamos la nieve si no fuera por estos pequeños copos.

El caer de las hojas cualquier día de otoño. O las pilas que hacíamos con estas para pasar la mejor de las tardes lanzándonos sobre ellas.

El piar de los pajarillos una mañana en primavera. Este que sutilmente nos recuerda que poco a poco las noches se irán haciendo cada vez más día y pronto llegará un verano con el que disfrutar de amigos en la piscina... o de amigos fuera. Francia y CPT tanto 2015 como 2016 fueron días para no olvidar y, sobre todo, gente para no olvidar. 

Visitas que dan la vida. Suiza sepultada tras una enorme maleta y una inmensa mochila. En ellas alguna cosilla que mi cabeza loca olvidó en los campamentos, espero que muchas ganas de verme y una experiencia que seguro que no pudo evitar llevarse del lugar que acababa de abandonar y que, por casualidades, le había traído hasta Vitoria aquel sábado. 

Lo siento pero... Acabáis de conocer a uno de los motivos de este retraso de unas horitas. No le guardéis rencor, por favor, que en el fondo es buena chica... 
Por lo tanto, resumiendo, Elena de visita en Vitoria (¡si tampoco era tan difícil!) ¿Plan del finde? Aprovecharlo al máximo (¡como la vida misma!): Mercado medieval, algo de turisteo (todo lo que se puede en Vitoria), algún que otro viñedo y una conversación alrededor de una mesa. 
Corto pero intenso. 

La vida está hecha de casualidades y de una constante improvisación. Volví a Francia porque así me lo pedía el cuerpo. Necesitaba sentirme de nuevo tan yo en un ambiente tan... Todos ellos. A muchos os he hablado ya de este pequeño rincón con magia en sus gentes... O mejor dicho, con personas y muchos animaled que enseguida convierten en "sus gentes" con la más cálida bienvenida a todo el que se atreve a asomarse por aquí. ¡Nosotros sí que éramos la familia Benetton! 
Para volver a estar allí tuve que rechazar varios planes que también sonaban, he de reconocerlo, demasiado tentadores, pero aquel recuerdo de Camp Pony Tales 2015 tiraba demasiado de mí... Lo que no podía saber era que el 2016 venía con muchas más ideas aún, con más ganas, más energía y ante todo... Más amistades. He pasado mucho tiempo pensando que los verdaderos amigos solo eran posibles si ambos tenían la misma lengua materna hasta que... Cambié de idea. Hablábamos de improvisar, ¿no? Y si cambié fue porque tuve motivos para ello. Esta se trata ahora de una de las amistades más distintas (¡y distantes!) que tengo, pero sobre todo, de las más especiales. Hacía solo un par de meses que no disfrutaba de su compañía, sus conversaciones y sus tonterías, pero ha sido un gusto poder volver a hacerlo. Un nuevo adiós. O mejor... Un hasta pronto. ¡Ya estoy contando los días para volver a abrazarte en marzo! See you soon!

A veces vivimos demasiado de prisa para pararnos a pensar en estos pequeños detalles de los que hablábamos hace un rato. A veces se nos olvida la sonrisa, el abrazo, el café, el poema e incluso el beso. A veces se nos olvida que no se trata de hacer el regalo más grande del mundo, sino el más sentido. Que no importa no ir a cenar al restaurante más caro de la ciudad para disfrutar de tu familia, porque con ese momento después de cenar de sofá y serie, vale. Que tampoco es necesario que te hayan salvado la vida para poder pronunciar un gracias. Y que aunque sea corta, siempre se agradecerá toda visita. 

Hoy no sabía de qué escribir y he decidido hablaros del susurro del viento
Hoy no sabía de qué escribir y os he acabado contando sobre el rugir de las olas.
Hoy no sabía de qué escribir y lo he hecho del movimiento de la tierra.
Hoy no sabía de qué escribir y finalmente... Os he empequeñecido mi vida.

"Al final te das cuenta que lo pequeño siempre es más importante. Las conversaciones a las tres de la mañana, las sonrisas espontáneas, las fotos desastrosas que te hacen reír a carcajadas, los poemas de diez palabras que te sacan una lágrima. Los libros que nadie más conoce y se vuelven tus favoritos, una flor que te pones en el cabello, un café que te tomas solo... Eso es lo que verdaderamente vale la pena; las cosas diminutas que causan emociones gigantescas."

P.D. Gracias por las pequeñas cosas... Por seguir aquí cada domingo. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Aire de reencuentro

Zaragoza. ¿Cómo? ¿Ya?
Parecía que solo habían pasado unos pocos días desde aquel último vistazo a mi tan vivida 515 en la resi. Parecía que solo habían pasado unas pocas horas desde todos aquellos abrazos, los "te voy a echar de menos", "seguimos en contacto, ¡eh!" Durante aquellos últimos días de junio, la vuelta en septiembre se veía tan lejana que, paradojas de la vida, de repente dejó de verse porque directamente... llegó.

Zaragoza. ¿Cómo? ¿De nuevo?
Pues sí, de nuevo. Hace unos días me tocó volver a pisar la capital maña. Todo seguía tan igual; Independencia, Gran Vía, la facultad... Llenos de gente, de calor, de movimiento... Zaragoza, al fin y al cabo. Y sin embargo, todo estaba tan... distinto. 

Un día como el de ayer pero de apellido 2015 cogí el primer bus destino Zaragoza. Primeros kilómetros. Primeras conversaciones en un viaje con esa persona que empezaría y terminaría marcando este año. Primeras horas perdidas en pensamientos aprendiendo a echar de menos. Un día como el de ayer llegamos a Zaragoza. Tan perdidas como un pulpo en un garaje (dice Olaia que en realidad el refrán habla de un pulpo en el mar) en la capital maña, sin tener muy claro cómo llegar hasta la resi... Os podéis imaginar cómo sigue la historia. Dos vascas perdidas por Aragón. Para qué nos vamos a engañar, Zaragoza fue toda una odisea ya desde el principio. Y después de aquello... Todo. Primeras comidas en Baltasar Gracián N.1 (¿o era Melchor, Olaia?). Primeros conocidos que acabarían convirtiéndose en imprescindibles. ¡Y primer día de Veterinaria! Tanto tiempo esperándolo, tantas horas de estudio por poder estar allí, tantos años detrás de un sueño que por fin teníamos delante. Qué bonito suena, ¿no? Pues no señores, no... No era el final del sufrimiento. Ese era en realidad el principio de una interminable cadena de peleas con uno mismo sobre abandonar o no hacerlo, de largas conversaciones para impedirle a la otra hacerlo, principio por supuesto de otro montón de horas entre apuntes, de "no voy a poder", de desesperación y frustración, y para algunos incluso de hacer maletas y decidir abandonar... Hasta encontrarse a alguien en el pasillo que se lo impidió. En eso se ha basado también este año, en un apoyo continuo por parte de unos y de otros, en dar hoy abrazos y mañana necesitar recibirlos, en ser hombro en el que llorar y lágrima en el hombro de al de al lado. Hay veces en las que no ha sido fácil. Tener el apoyo de los tuyos lejos, y necesitarlo. Precisamente por eso, acabamos convirtiendo en nuestros también a los de allá y ahora lo tengo claro... Son más míos que otra cosa, porque sin ellos este año... No habría sido posible. Y sí, lo sé, este curso nos esperan unas pilas aún mayores de apuntes, y nos van a dar por todas partes, y habrá que trabajar, y lo pasaremos mal pero... Este año los tengo a todos ellos. Desde ahora, desde ya, desde el principio. O desde mucho antes. Nos esperan horas de desesperación y frustración de nuevo, pero también nos esperan muchas otras de risas, de buenos momentos, de fiestas, de cine, de jueves, de plazoletas (evidentemente)... Y sobre todo, de buena compañía. Al final uno acaba aprendiendo que no importa tanto el dónde sino el con quién. Que de nada sirve estar en el lugar más maravilloso del mundo si te faltan aquellos que convierten hasta el sitio más cutre en la mejor de las tardes. Si tengo algo que agradecerle a Zaragoza son ellos. Todos ellos. Sé que muchos de vosotros lo estáis leyendo así que dejad de haceros los tontos y escuchad esto... GRACIAS, de todo corazón.

El año pasado ya pasó. Acabó y no volverá. 
La resi seguirá en el mismo sitio de siempre, pero la 515 no volverá a ser casa. Ahora esta tiene otra dirección, otras vistas y... en parte, otra compañía. 
Primero ya pasó. Ahora las asignaturas tienen otro nombre (que suenan aún peor, ¡socorro!) aunque los compañeros seguirán siendo caras conocidas y quizá alguna que otra nueva. 
Y es que ahora todo será diferente... de la misma forma de siempre. Nueva rutina con la misma base, porque el gran cambio... ya pasó. Para bien o para mal, ya fue. Y seguiremos cambiando, y seguiremos experimentando, y seguiremos fallando y acertando, porque básicamente, seguiremos viviendo. La vida es eso, cambio continuo, grande o pequeño sutil cambio. De repente miras hacia atrás y te das cuenta de que las cosas son distintas. Que ahora todo ha cambiado y que no volverá a ser igual, pero realmente... ¿es necesario?
Soy la nostalgia en persona. Soy una romántica de la vida, alguien que se acaba encariñando de los pequeños detalles de cada una de sus etapas, y por eso siempre me da pena poner punto y final a cada experiencia. Es la única forma, sin embargo, de que nuevas cosas vengan. De todas formas... ¿quién dijo de que tienes que despedirte definitivamente de las antiguas? Sí, claro, no puedes mantener todo pero... mantén cerca a aquellos que quieres y será más suficiente de lo que crees. 

Zaragoza. 
Cada rincón de ella me recuerda ahora a alguna anécdota, a algún paseo quizá, conversación tal vez, y persona... seguro. Esta ciudad está ya llena de recuerdos que esperan nuevos compañeros en este álbum propio que poco a poco iré construyendo durante estos 5 años. No, no se me ha ido tanto la cabeza, no estoy haciendo ningún álbum real, porque para eso ya debería comprarle horas extras a la vida y están muy caras últimamente. Hablo del pequeño álbum de imágenes, frases y sentimientos propio que supone mi vida. No hay como volver a un lugar para revivir momentos. Y no hay como volver a ese lugar también, para echar de menos a aquellos con quien los viviste.

Zaragoza. ¿Cómo? ¿Por fin?
Y es que... Hace un año jamás habría dicho esto, pero esta vez tenía ganas de la vuelta. Vuelta. Volver. ¿Cómo que volver? ¡Si vuelta era solo a casa, a Vitoria! Las cosas, que cambian. Y al final volver acaba siendo a todo lugar donde has dejado un pedacito de tu corazón. Vuelves a recogerlo, supongo, pero después de un rato disfrutándolo de nuevo, este dice que no, que él se queda de nuevo allí. Pase lo que pase ya de aquí en adelante, una parte de mí está en Zaragoza y Zaragoza está en una parte de mí. Pertenece ya allí, porque en algún momento la vida decidió unirnos, no sé por qué pero se le antojó que coincidiéramos en el tiempo.
Mañana volvemos a la rutina. A las clases, a las interminables horas de prácticas y pronto también a las plazoletas y los jueves universitarios. Mañana volvemos al día a día de una ciudad que me quise negar a pisar tantas veces y al final acabó conquistando mi corazón. Y no, no lo hicieron sus largas avenidas o sus altas torres, no fueron sus vírgenes o plazas... Fue culpa de pequeñas personitas coincidiendo también en tiempo con esta gigante de 700.000 habitantes. Cada uno, una procedencia, una familia, unos amigos, una historia detrás. Cada uno unas expectativas, un sueño y un futuro por delante. Y fueron todos y cada uno de esos "cada" los que al final hicieron que este domingo no tenga aire de despedida... sino de reencuentro.

Creo que es la primera vez que puedo decir que tengo ganas de la "vuelta al cole". Es hora de reencuentros... Por fin.

Zaragoza. ¿Cómo?

Zaragoza.

"Hay personas que podrían
ser ciudades
porque convierten en hogar
allá donde vayas. 

Son
las razones,
los motivos
y las excusas 
por las que recorrería 
cientos de kilómetros 
porque ellas serán
siempre el mejor destino.


Y el mejor destinatario."

Loreto Sesma.


                                                                               Fotografía: Eugenia Laurenzana

lunes, 5 de septiembre de 2016

7/7. 100% COMPLETED. Benditos domingos.


" Hoy es domingo. Domingo de "vuelta de casa" o de fin de la tranquilidad en los pasillos de la residencia, y domingo de reflexión en los pasillos de mi corazón, en los de mi vida, que ya no sé exactamente dónde están ubicados ni qué cuadros visten en sus paredes. Hoy es domingo de depresión prelunes o de resaca de felicidad del finde. Domingo de despedidas o de reencuentros, o quizá de ambas cosas. Domingo que acaba con una semana y empieza con otra, domingo de transición... una vez más."

Zaragoza, 4 de octubre de 2015.

                                                                                                                                                       11/09/2016

Domingos, al fin y al cabo. Seguro que a más de uno se le ha cruzado ya por la cabeza algún "ufff", seguido, sin duda, de un "qué pereza". Venga, admitidlo... ¿cuántos de vosotros habéis dicho más de una vez que odiáis los domingos?

Pues no. Yo no. A mí siempre me han gustado, y como quiero que así siga siendo, será el día en el que intente sorprenderos, enamoraros o, al menos, agradaros, con un nuevo intento de texto. Fallido o no, aún está por ver.

Así pues, os dejaré un trocito de mí aquí cada domingo. Algunos me iréis conociendo poco a poco de esta forma; otros me tenéis ya más que conocida, pero espero que todos, de una forma u otra, lo disfrutéis.

¿Que por qué este día? Y no, no es solo por llevaros la contraria...

Para empezar, siempre he visto los domingos como parte del fin de semana en vez del víspera de un nuevo día de rutina. En aquellos (seguro que más sencillos) años de ESO, las tardes de domingo eran un momento más para disfrutar de los amigos. Más tarde acabarían enterradas en apuntes, pero siempre quedaría ese ratito peliculero de manta y sofá y, por supuesto... las tardes de fútbol. El fútbol las tardes de domingo tiene otra esencia. Supongo que este es uno de los motivos, también, por los que era de las pocas locas que esperaban con ansia que llegaran esas últimas horas del fin de semana, para apurarlas vibrando al latido de esos dos colores que tan bien conocemos los alavesistas (y que a veces, como una noche cualquiera en el Camp Nou, tantas alegrías nos dan). Los domingos son, además, una especie de "día de reflexión". El momento de coger fuerzas para empezar con ganas (todas las que uno puede llevar un lunes por la mañana, claro) una nueva semana que no tiene por qué ser tan mala, y una forma de endulzar un poquito ese día que a veces nos amarga tanto me pareció publicar los domingos.
Pero al margen de todo lo que han sido los domingos de toda la vida, y tengo que confesaros que esta que viene ahora es una de las grandes razones que han decantado la balanza a favor de este día, los domingos este año han cogido un significado especial, como imagino que lo tendrán para todo aquel que, tras decir adiós y prometer que volverá pronto, deja el andén mientras arrastra esa maleta otra vez más, como después de cada fin de semana que tiene la suerte de sentir el calor de los de casa de nuevo. Las ruedas del tren rugen mientras mira una última vez a aquellos que deja en el andén, deseando con todas sus fuerzas estar entre ellos en lugar de al otro lado del cristal. No importa con cuántas ganas lo haya deseado porque el tren de pronto arranca y comienza a recorrer, una vez más, todos y cada uno de esos 262 que cada noche maldecirá. No importa, os lo prometo, no importa con cuánta fuerza hayas querido que esa hora no llegue nunca porque siempre llega. 19:21. Para algunos de vosotros, un viejo conocido ya. Para los que no, el tren de las 19:21 es el que, cada domingo, convierte Vitoria en Zaragoza; el pequeño diablillo que se empeñó tantas veces en llevarme lejos de los míos, hasta que "los míos" también empezaron a ser aquellos al otro lado de la carretera. Bueno, "hasta que" no, porque continuó haciéndolo después, como seguirá durante estos 4 años que todavía nos quedan por tierras mañas. Los domingos han sido, este último año, el día más odiado de toda la semana, el más temido, el más nostálgico desde luego, y por tanto... el más escrito. Los domingos han sido desvelo llorado en letras e inicio de una nueva cuenta atrás que, a partir de ahora, os toca a vosotros llevar pensando en un nuevo ratito por estas páginas.

Un amigo (y gran consejero) me dijo, tras leer las primeras frases de esta locura que, cuando con el tiempo volviera a leer ese primer texto, pensaría que era, literalmente, "lo más horrible del mundo", porque habría mejorado. Llevo mejorando desde el primer día en el que fui capaz de coger un boli con mi primera historieta ("La señora pies grandes", todo un bestseller, oye) o incluso desde el primer concurso que gané allá por los años de Primaria y, por supuesto, desde aquel primer relato corto que, creedme, jamás olvidaré. Cómo olvidar el día en el que con 13 añitos ves tu primer texto "publicado". Vale, sí, era la entrada para promocionar unas camisetas del Alavés en una página cualquiera de aficionados pero... para mí era más que suficiente. Podría, todavía, recitar el principio de aquel texto de la cantidad de veces que lo leí, y aunque con seguridad puedo decir que he mejorado desde entonces, sigo siendo el mismo manojo de nervios y ovillo de ilusión con y en cada texto. Vas creciendo, y tus textos crecen contigo, pero siempre serás la emoción de una niña cuando le dicen que lo que ha escrito está bien, que es bonito. Escuchar que un texto tuyo gusta, y que a veces incluso puede llegar a emocionar es, sin duda, una de las sensaciones más gratificantes. Así que por favor, si os gusta no dudéis en decírmelo, y si no os gusta, también, siempre y cuando sean críticas constructivas. De todo se aprende y en aprender consiste esto, en seguir no solo cumpliendo años sino creciendo, y sobre todo, que mis textos sigan creciendo conmigo.

Oye, pero a todo esto, tanto domingo a vueltas... ¿por qué esto del blog? Por seguir haciendo lo que siempre he hecho pero... frente a la gente. Entonces la pregunta quizá sería... ¿por qué ahora? ¿Por qué no lo has hecho antes? Exponerse. Acabo de firmar que estoy dispuesta a exponerme cada domingo, y en esta sociedad eso de abrirse no está del todo de moda... Cuesta, cuesta abrirse, cuesta desnudarse y decir "esto soy yo". Así de moñas, así de tonta, así de ingenua, así de... yo. Aquel amigo del que antes os hablaba me decía también que se alegraba de que "hubiera roto con el miedo a la hoja en blanco para con el público". Yo también me alegro Jose, de verdad que yo también me alegro. Probemos a ser valientes y, si no sale bien, ya buscaremos otra forma de seguir haciéndolo. Comencemos con la rutina de los domingos.

"Si mi vida fuera un lienzo
probablemente sería la imagen de una estación,
una manifestación de lágrimas pidiendo que vuelva por las mejillas de mi madre.
El momento exacto (siete de la tarde)
en el que rugen los motores
y a nuestros corazones
no les queda otra alternativa que callarse.
Ver mi ciudad perderse en el horizonte
y tener que tatuarme las coordenadas en la nuca para que no se me olvide nunca de dónde he venido.
Todas las veces que he pedido no tener que hacer la maleta,
mis amigos esperándome con un abrazo y un peta
para que se me olvide que tengo miedo.
Miedo a que llegue un día y no sepa responder
cuáles eran los pinceles que convertían el lienzo en arte.
Miedo a que no sepa pensarte
o acordarme de mi madre
cuando todos los domingos giraba todos los marcos torcidos para dejar ordenada la casa
antes de apagar las luces,
cerrar la puerta
y llevarme a la estación."

Loreto Sesma.

P.D. ¡¡FELIZ DOMINGO!!

domingo, 4 de septiembre de 2016

"Siempre fui caminante. Caminé por todas partes y eso me enseñó a vivir, y a escribir." ~ Eduardo Galeano

                                                                                                                                                           04/09/2016

"¡Buenas! Antes de nada, gracias por estar leyendo estas líneas." Mmm... no, demasiado típico. "¡Hola! Bienvenidos a mi blog" Uff, eso es todavía peor... "¿Encantada de conoceros?" No, desde luego que no. Pero vamos a ver, ¿cómo se empieza un blog? Pues esta vez... va a ser a mi manera, que para algo es mío, ¿no?

Me encanta escribir. Desde muy pequeñita, siempre me ha fascinado ese mundo de las letras, y he encontrado en los libros mi mejor aliado, mi más fiel compañero de desvelos. La oportunidad de vivir, en una sola noche, una nueva vida. La tinta también me atrapó pronto y guardo con infinito cariño aquellas primeras historietas que, aunque aún repletas de faltas de ortografía, dieron comienzo a una de mis mayores pasiones: escribir. ¿Que por qué? No me lo preguntéis porque no tengo ni idea, pero, ¡doy gracias por que así sea! Simplemente, hay algo dentro que me lo pide, algo que tiene que salir y no sabe cómo, así que bajo el nombre de "inspiración" se apodera de mi mano y comienza a garabatear durante horas y horas sobre un papel, juguetea entre todos los rincones de mi mente, e incluso de mi corazón, y entinta cada pizca de sentimiento que guardo dentro. Hay una frase del gran Eduardo Galeano que podrían llevar por bandera todos y cada uno de mis textos. "Para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos." Y así es, escribir es descomponerse en un intento de recomponerse, romperse para poder volver a sentir todas sus piezas unidas de nuevo. Y es que arreglar no arreglará nada pero... alivia, como si todo lo que nos duele pasara a ser parte de otro lugar y nos dejara respirar por un ratito. O quizá es una forma de aceptar las cosas, de creerse lo que no queremos asumir. Podría ser eso también... Asumir. Que escribir sea asumir. Riesgos, y verdades. Asumo yo también, de todas formas, que podríamos darle incontables definiciones pero no hemos venido aquí a definir sino a perdernos en letras... ¿o no?

Va siendo hora ya de empezar con lo que no he hecho antes... Presentarme. Me llamo Leire y llevo ya 19 primaveras viendo florecer las margaritas a las que más tarde alguien se dedicaría a deshojar con un absurdo querer y no querer. Quiso algún duendecillo del destino que naciera, creciera, y al fin y al cabo me hiciera, en mi pequeña Vitoria-Gasteiz, aunque un sueño y una vocación me llevarían a coger las maletas hace un año, y ahora la echo de menos a 262 kilómetros. Zaragoza es quien me ve amanecer en esta nueva etapa de mi vida, y aunque al principio me costó bastante marcharme, he de reconocer que lo vivido este primer año por tierras mañas no lo cambiaría por nada. Veterinaria me mantiene bastante ocupada, pero siempre queda algún momento para dejarse caer sobre un papel y supongo que es aquí donde entra este blog. Después de varios meses escuchando las insistencias de amigos, al final ha sido mi hermana quien ha conseguido que me lanzara a esta aventura que no sé en qué terminará pero al fin y al cabo... ¿quién se atrevería a saber lo que va a venir? Y aquí estamos, dando el gran paso que supone abrirse de par en par por medio de un texto frente a todo aquel que quiera entrar por esa puerta. Espero que lo disfrutéis leyendo tanto como lo hago yo esribiendo, ¡nos iremos viendo por estas páginas!

"Siempre fui caminante. Caminé por todas
partes, y eso me enseñó a vivir
y a escribir.
Todos tenemos algún vidrio roto en el
alma, que lastima y hace sangrar,
aunque sea un poquito. Entonces,
al escribir, siento que puedo sacar
un poco de esos vidrios fuera de mí.
Al ponerlos en un papel,
ya no me dañan."
Eduardo Galeano.