Tenemos el tiempo.
Una compañía inmejorable.
Y como destino... Paris.
Visita breve, escapada fugaz, lo suficiente para hacer un punto y seguido en la historia.
Perderse en sus calles, perderla en palabras. Disfrutar de unos claros en el cielo tras la lluvia. Calma después de la tormenta. Recorrer todos los kilómetros que nuestras piernas eran capaces de aguantar en las pocas horas que teníamos. Aprovechar al máximo, como siempre. Pasear al lado del Sena, disfrutar de las alturas desde la Torre Eiffel, saborear los grandes manjares de la cocina francesa, admirar Notre Dame y callejear los barrios más emblemáticos. Y por supuesto... hacerlo todo entre tonterías, música interior y alegria exterior. Acompañar cada paso con una risa, en eso consistía el día.
Fin de semana para conocer gente nueva e increíble, para demostrar que la confianza no siempre es cuestión de tiempo. Nuevas experiencias que Couchsurfing nos ofrece.
Y sobre todo fin de semana para seguir disfrutando de una persona que no ha dejado de marcar mi vida desde que llegó a ella. Que ha estado en cada segundo, que ha sido mi mejor cómplice en cada tontería y mi mayor apoyo en cada momento difícil. Alguien con quien no solo comparto piso sino vida, y la alegría de vivirla. Ojalá pueda seguir recorriendo el mundo al ritmo de tus pasos. Y seguir comiendo, cada viaje. Comiéndonos cada viaje, de hecho. Comiéndonos el mundo.
Y para todo ello...
Siempre nos quedará Paris.