domingo, 25 de febrero de 2018

Esa será otra historia.

Zaragoza, 17 de septiembre de 2015. Todo era nuevo. Todo extraño. Todo estaba tan lleno de gente como tan vacío de vida para nosotras. 2 tontas muy tontas recorriendo Independencia para arriba y después para abajo, sin las ideas muy claras. Sin grandes planes. Viendo la tarde pasar. Mirar alrededor. 5 años. Teníamos aún 5 laaargos años por delante en aquella ciudad. Dios, 5 jodidos años todavía.

Cerré los ojos aquella noche del 17 y, para cuando he querido abrirlos de nuevo, ya han pasado dos años y medio. Nos hemos puesto, sin enterarnos, en el Ecuador de esta aventura. Y nunca mejor dicho porque, el pasado viernes precisamente, pasamos el Ecuador. Gran noche junto a las mejores pero... Me quedo, sobre todo, con estos dos años y medio que tanto me han dado, tanto me han hecho crecer y tanto me han hecho querer.

Tantas y tantas horas detrás. Tantas juergas y plazoletas, tantas risas, tantas horas de estudio también. Grandes dosis de alegría cuando se ha podido y lágrimas cuando se ha necesitado. Una infinidad de momentos. Una infinidad de recuerdos. Planes, viajes, bromas, vaciles, confesiones, cotilleos... Vida, al fin y al cabo. La que vosotras le dais a todo esto.  Zaragoza sigue siendo la misma que aquel septiembre de 2015 pero yo ya no la veo igual. No puedo hacerlo. Ha sido escenario de tantos momentos, y además momentos tan importantes para mí que ya no podría ignorar su nombre. Sus calles siguen llenas de gente pero ya no lucen vacías. Jamás volverán a hacerlo.

A la espalda, un largo pero a su vez breve camino recorrido, enseñanzas, cambio interior. Y hacia arriba, siempre. Creciendo día tras día, año tras año. No somos las que entramos ni somos aún las que dejaremos esto, pero es día de reflexión para pensar lo rápido que ha pasado todo lo vivido y lo corto que se antoja ahora lo que queda. Ya no quiero que termine. No quiero que estos 5 años lleguen a su fin porque sois para mí la más bonita coincidencia. Y que dure lo que dure esto... Solo espero que me acompañéis hasta el final del camino.

Llegará el día. Y por ello, es más momento que nunca de seguir disfrutando cada momento y sacándole el mayor provecho a cada día. Porque algún día esto también lo echaremos de menos. Pero esa será otra historia. Otro capítulo de la aventura de nuestras vidas.

Gracias por tanto. De verdad, de corazón. 


domingo, 11 de febrero de 2018

"What's the world's greatest lie?"

Recuerdo cuando hace años mi ama me decía que el destino no existía. Que no había nada escrito, que éramos nosotros mismos quienes marcábamos nuestro propio destino. Me decía que le gustaba pensar que no éramos simples marionetas manejadas por algún tipo de mano sino que nuestras acciones, nuestras decisiones, no estaban escritas con anterioridad. Marcarían nuestro único y propio destino.

He crecido creyendo en esa filosofía de vida. Y a veces me lo planteo, si no somos fichas sobre un tablero de juego en la partida de alquien. Y hay días que lo pienso, si solo estamos andando un camino ya marcado y si, en realidad, todas las decisiones que nosotros creemos espontáneas, son más invariables que un dicho. Aunque tengo que admitir que esto último es más bien relativo, al menos según para quién sea este (desde luego Olaia hace oídos "gordos" y, sin dejar que "funda" el pánico, tiene su propio refranero.) Quizá también escribe su propio destino. Quizá lo hacemos todos. O quizá no, pero por si acaso, viviré pretendiéndolo.

Y vivir cada semana intensamente. Y pintar cada día de colores, y reírle al sol, y hablarle a la luna. Darle mil y una vueltas a la cabeza y una y mil a cada decisión. Y no saber nunca a dónde nos llevará cada camino. Porque esto solo dependerá de la dirección de cada paso que nosotros mismos demos. Y no saber jamás cuál será el destino detrás de cada dirección. Y disfrutar de esa incertidumbre también.

Sin embargo, Oihana, que fue quien me pidió que escribiera sobre el destino, piensa exactamente lo contrario. Dice que  el destino es un plan ya establecido. Que no tenemos ni voz ni voto. Una especie de forma de evitar el caos de la vida. Y yo pregunto... ¿Acaso te parece poco todo este caos? Este ir y volver, este no saber. El por qué nosotros, sin tener alas, somos capaces de cruzar todos los óceanos del mundo desde el aire. El por qué dos días nunca se apagan igual, el por qué cada día nos levantamos de la cama con un pie distinto. Después me confiesa que a veces incluso duda de si no es una forma de quitarnos preocupaciones y culpas de encima.

Luego me habla de las casualidades, otro gran debate en el que cada uno tiene su propia teoría. ¿Las casualidades existen?
Recurrimos mucho a ellas. Supongo que no todo es azar, pero el azar también existe. A veces nos coincide la vida. De vez en cuando nos encontramos solapados con circunstancias que ni buscábamos ni esperábamos, sino en las que simplemente nos vimos envueltos. Pero... Podríamos no habernos visto, ¿verdad?

Yo hablo mucho de las casualidades, pero... las casualidades no hablan de mí.

La vida se teje en momentos. Momentos que buscamos y momentos que encontramos pero, en cualquier caso, momentos que vinieron y que vendrán. Estamos en continuo movimiento, siempre, en un fluir constante hacia un destino. Lo que no sabemos, ni sabremos nunca, es si somos las aguas que siguen el caudal ya marcado o aquellas que se van abriendo paso, marcando su propio camino. Pero, por si acaso, centrémonos en vivir, en vivirlo todo, con todo lo que tenemos dentro. Y que sea eso quien nos marque el camino.

"What's the world's greatest lie? That, at a certain point in our lives, we lose control of what's happening to us, and our lives become controlled by fate. That's the world's greatest lie"

Paulo Coelho