Se acabó. De nuevo punto.
Y aparte. De nuevo llegó junio con su estrés y sus exámenes y de nuevo se va, forzando despedidas y dando pie a nuevos reencuentros.
De nuevo otro 25 que viene metiendo el dedo en la yaga, besos, abrazos, cuídates y hasta prontos. A lo mejor también alguna que otra lagrimilla. Os voy a echar de menos, a todos, a todos los que poco a poco habéis ido haciendo de Zaragoza hogar también, a todos los que ya sois familia. Porque cogisteis ese papel del apoyo, el cariño y los cuidados cuando más nos hacía falta a todos. Y porque, una vez ha dejado de doler, siempre habéis estado allí igualmente.
A quienes tantas y tantas sonrisas me habéis sacado. Pero no solo en las risas de plazoleta, sino también y sobre todo en las tardes de biblioteca, donde escasean un poquito más. Que me habéis aguantado en mis días pesados y en los tontos, en mis cansancios, en mis risas escandalosas. Que me habéis alegrado y acompañado las comidas (siento que eternas por mi culpa), los cafés de después (cortado con hielo, ¡Manolo!), los agobios de estudio y los eternos días en la facultad.
A quienes habéis sido hogar, por mucho que a las 21:30 me hubierais abandonado ya todas, pero que, a fin de cuentas, habéis sido esa casa como en la que no se está en ningún otro sitio. Porque habéis llenado cada rincón de esa casa de momentos y de risas, de consuelos y consejos.
A las que, aunque hayáis dejado de ser la habitación de al lado, nunca habéis dejado de estar ahí. Son menos los ratos, pero se disfrutan el doble. Que nunca se borre el recuerdo de que la 507, 513 y 518 siempre serán esa puerta que tocar en caso de necesidad de auxilio.
A quien ha revolucionado mi día a día de arriba a abajo, mi forma de ver las cosas, mi felicidad no solo puntual sino también permanente. Por la complicidad, por las miradas, la paciencia y el cariño. Me sigues volviendo loca.
Al G7, porque hacéis todo trabajo más ameno. Y porque cuando se trabaja a gusto con la gente, siempre se trabaja mucho mejor. Nos quedan todavía unas cuantas cenas pendientes, de esas de acabar con el botón del pantalón suelto y rodando por las escaleras, y unas cuantas horas de prácticas más. Tranquilas, supongo que seguiré liándola con esa habilidad que me caracteriza, así que las risas las tenéis aseguradas.
Y a fin de cuentas a todo aquel que ha formado parte de mi vida por estas tierras mañas que, lejos de conquistarlas yo, me han acabado conquistando. Y no ha sido, desde luego, por su clima fresquito ni por sus verdes, ni por tantas otras cosas, sino sobre y ante todo, por la gente. Aquellos que Zaragoza ha cruzado en mi vida y que han acabado haciendo un hueco tan grande en ella que jamás podrán volver a salir.
Porque el curso empezó y, sin verlo, sin saberlo, sin entenderlo y a veces también sin quererlo, termina. Toca decir hasta luego, hasta pronto, porque el verano tiene muchos días, y septiembre siempre llega, septiembre siempre llega.
Seréis el motivo por el que coja con ganas de nuevo estos kilómetros en un par de meses. Porque sois mi corazoncillo en cada uno de esos kilómetros.
Se acabó. De nuevo punto.
Y hasta pronto.
"Ohana significa familia." Y eso... Eso os lo debo.